martes, 09 de febrero de 2010
Vals de los copos de nieve



Vals de las flores


Representación en 1994 del ballet de Chaikovski 'El Cascanueces' en el Teatro Mariinskij de San Petersburgo, para el que fue creado y donde se estrenó este ballet en 1892 ante el zar de Rusia. La coreografía es de Vassily Vainonen, basada en la original del estreno, debida a Lev Ivanov. Los personajes principales son Clara, Drosselmeyer (padrino de Clara) y El Cascanueces. Chaikovsky compuso posteriormente una Suite orquestal inspirada en su propio ballet, tomando sobre todo fragmentos del Segundo Acto.

Argumento
Primer acto: La historia comienza con una fiesta, en la víspera de Navidad, en casa de los padres de Clara. Drosselmeyer es uno de los invitados a la fiesta y le trae varios regalos a su sobrina, entre ellos un cascanueces con forma de soldado. El hermano de Clara, Fritz, trata de apoderarse del nuevo juguete de su hermana y lo rompe. Drosselmeyer lo arregla y la fiesta continúa. Después se retiran los invitados y todos van a dormir. Clara duerme con su cascanueces y sueña que toda la casa se hace muy grande y los juguetes del árbol de Navidad crecen y toman vida. Aparecen entonces los ratones con su rey que pelean contra los soldados-juguetes y el Cascanueces, quien también ha crecido. En la batalla, que está casi perdida por los soldados y el Cascanueces, Drosselmeyer interviene y Clara golpea al rey ratón con una de sus zapatillas (otras versiones dicen que Drosselmeyer da a Clara algo con fuego) y en la distracción el Cascanueces aprovecha y mata al rey ratón (en otra versión los ratones huyen). El Cascanueces cae después de la batalla, agotado, y luego se convierte en un hermoso príncipe. Clara y el Cascanueces comienzan su viaje por el Reino de las Nieves en donde suben en un hermoso trineo que los lleva hacia el Reino de los Dulces.

Segundo acto: Clara, el Cascanueces y Drosselmeyer llegan al Reino de los Dulces donde los recibe el Hada de Azúcar, su Caballero y el resto de los dulces. El Cascanueces cuenta a todos la lucha contra el rey ratón y cómo Clara salió en su ayuda. El Hada de Azúcar organiza una fiesta para ellos. Se suceden una serie de danzas en honor a los invitados. Luego todo se va esfumando, Clara despierta con su Cascanueces, alegre por su maravillosa aventura.

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sábado, 06 de febrero de 2010
Friedrich Gulda, piano y dirección
Orquesta Filarmónica de Múnich









En febrero de 1788 Mozart compuso el Concierto para piano y orquesta nº 26, en re mayor, K. 537, conocido como Concierto "de la Coronación". Esta denominación se debe a que Mozart lo tocó en ocasión de la coronación del emperador Leopoldo II en Frankfurt.

Sus tres movimientos recuperan el estilo galante de obras primerizas, aunque lo distinguen la incomparable luminosidad de sus pentagramas y el encanto inconfundible de los hábiles diseños melódicos, que se convierten en protagonistas durante el desnudo Larghetto central.

Consideraciones generales sobre los conciertos para piano de Mozart:

Sus influencias más importantes fueron los hijos de Bach, especialmente Johann Christian y su estilo galante. No empleaba el modo menor y su música se considera más frívola que la de su hermano Carl Phillip Emannuel, representante del Empfindsamer Still (estilo sensitivo).

Todos tienen tres movimientos: El primero es en forma sonata sin excepción. Con larga introducción y doble exposición, la primera a cargo de la orquesta y la segunda, del solista. Sólo en un concierto entra el piano al comienzo, el nº 9 en mi b mayor, K.271 “Jeunehomme”.

El segundo movimiento suele ser Andante o Andantino, aunque hay otras posibilidades, como el K.459, Allegretto o bien forma sonata ternaria o binaria, variaciones o rondó.

El tercer movimiento, Finale, es casi siempre un rondó con dos o tres episodios. Excepto el primer concierto en el que tiene forma sonata, el K.491 en do menor y el K. 453 en sol mayor, que son temas con variaciones.

Los segundos movimientos en modo menor son característicos y se pueden separar del resto. Se pueden considerar como trágicos o dramáticos. En sus conciertos Mozart emplea la tonalidad menor con poca frecuencia, al igual que sus contemporáneos, pero cuando la usa es generalmente una obra maestra. Ejemplo: K.488 (nº23).


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viernes, 05 de febrero de 2010
Mitsuko Uchida, piano
Orquesta Filarmónica de Viena
Riccardo Muti, director









El Concierto para piano nº 25 en do mayor, K. 503 fue terminado en diciembre de 1786, casi al mismo tiempo que la Sinfonía Praga, K. 504. Se trata del último de la serie de doce conciertos que Mozart escribiera en Viena en el período 1784-86. Aunque en su orquestación no participan los clarinetes, incorpora sin embargo trompetas y timbales. Consta de tres movimientos, a saber:

1. Allegro maestoso
2. Andante
3. Allegretto 

Este concierto suele ser comparado con la Sinfonía Júpiter, aunque Girdlestone opina que su espíritu está más próximo al Quinteto de cuerda en do mayor, K515. Beethoven tomó modelo de esta obra en relación con su Cuarto concierto para piano y orquesta.

El primer movimiento del K. 503 es una de las piezas de concierto más sinfónicas de Mozart. En él la música se desliza sutilmente hacia el modo menor en varias ocasiones.  El segundo movimiento es de carácter apacible, tranquilo. Está en forma de sonata, pero carece de la sección de desarrollo. El tercer movimiento es una sonata-rondó que abre con un tema de gavota procedente de la ópera de Mozart Idomeneo, re di Creta. Como ya sucedía en el primer movimiento, hay cierto discurrir hacia el modo menor; sin embargo, la obra termina triunfalmente.


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Lang Lang, piano
Orquesta Filarmónica de hina
Long Yu, director







Sus tres tiempos son:
1. Allegro
2. Larghetto
3. Allegretto

El Concierto K. 491 fue escrito en el año 1786 y se estrenó ese mismo año en el Burgtheater de Viena. Es uno de los más admirados y para él escribirían cadencias Beethoven y Richard Strauss, entre otros compositores. Su orquestación es bastante completa, pues precisa flauta, dos oboes, dos fagotes, dos clarinetes, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerdas. Es el segundo y último concierto de Mozart escrito en modo menor (do menor, el otro es el nº 20, en re menor). Además, su tercer movimiento no es como habitualmente sucede en Mozart un rondó, sino que su forma es de tema y variaciones.

Publicado por jrtapia @ 17:04  | El Concierto
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jueves, 04 de febrero de 2010
Lang Lang, piano



Un Estudio es una composición musical corta, destinada a practicar la habilidad y la técnica en un instrumento solista. Los Estudios fueron una de las formas más frecuentadas por el compositor romántico Frédéric Chopin, cuyas obras se han convertido en piezas clave del repertorio de piano. A lo largo de su corta vida, el maestro polaco escribió veintisiete Estudios, repartidos de la siguiente manera: doce en el opus 10, otros doce en el 25 y tres sin numerar para un libro de método. 

Los Estudios op. 10 comenzaron a gestarse en Varsovia, a finales de 1829. Chopin escribió entonces a un amigo que había compuesto unos pocos ejercicios para piano que quería mostrarle. Cuando se publicaron, Chopin tenía 23 años y ya era famoso como compositor y pianista en los salones de París, donde conoció a Franz Liszt. Posteriormente le dedicaría todo el op. 10: "à son ami Franz Liszt". Esas primeras versiones son contemporáneas de sus primeros Nocturnos y de las Canciones op. 74, y fueron maduradas y perfeccionadas al mismo tiempo que los Nocturnos op. 9, el op. 15, el Scherzo en si menor y la Balada nº 1 durante un viaje a Viena. 

Los Estudios de Chopin suponen la creación de una nueva técnica de tocar el piano, algo sumamente innovador y revolucionario cuando se produjo. Los Estudios son unas de las piezas más desafiantes y complicadas, y al mismo tiempo evocadoras y emocionantes, de todas las obras del repertorio para piano. Su música continúa siendo muy conocida y es tocada con frecuencia en conciertos y recitales. Su gran popularidad ha provocado que a muchos de ellos se les hayan asignado subtítulos, siendo uno de los más conocidos el del Estudio op. 10 nº 3, "Tristesse" (del francés, tristeza).

El Estudio op. 10 nº 3  es un lento cantabile en el que la mano derecha debe mantener su tono melódico al mismo tiempo que ayuda con el acompañamiento. Interpretar la voz principal y parte del acompañamiento con una sola mano es de gran dificultad. Este estudio se aleja del resto de sus hermanos en su tempo. Supone una salida del virtuosismo técnico que exigían los estudios para piano antes de Chopin, pues se centra más en el fraseo melódico y en el aire legato de la interpretación antes que en la habilidad técnica. Ha sido clasificado por algunos estudiosos como Poema sinfónico para piano y está considerado como una muestra del amor de Chopin hacia la ópera romántica y hacia Polonia, su patria. Durante una clase con uno de sus alumnos, Adolf Gutmann, Chopin rompió a llorar, gritando: "¡Oh, mi tierra!". Se dice que Chopin hizo de esta pieza la más íntima que jamás había compuesto, afirmando que "Nunca más en toda mi vida he logrado encontrar una melodía tan bella."


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miércoles, 03 de febrero de 2010
III. Scherzo. Kraftig, Nicht zu schnell

Stefan Dohr, trompa
Orquesta Filarmónica de Berlín
Simon Rattle, director



La trompa pertenece a la familia de instrumentos de viento-metal de la orquesta y se construye normalmente en latón u otras aleaciones de cobre. Es un instrumento que produce un sonido dulce a pesar de su tamaño, lo que se debe a la disposición hacia atrás de su campana, de manera que el sonido no llega directamente a la audiencia. 

En francés, la trompa se conoce como cor en francés, corno en italiano, ambas palabras designan un cuerno, pues el origen primitivo del  instrumento fueron los tubos hechos con cuernos de animales. El corno de caza servía para indicar que la presa estaba cerca y el corno postal, para notificar que había llegado el correo. Después, la trompa pasó a construirse de metal con su tubo enrollado  Pero al contrario de las trompas actuales, éstas no tenían un dispositivo que permitiese ajustar la longitud del tubo, de manera que con ellas se podía tocar sólo un número limitado de notas. Para superar esta limitación, se concibió un método para modificar la longitud del instrumento insertando tubos de diferente longitud. Se llamó estos tubos "curvas". Su uso permitió a la trompa tocar cualquier tesitura. Sin embargo, como los trompistas debían llevar consigo hasta trece curvas, en el siglo XIX se introdujo el sistema de válvulas, una invención que marcó verdaderamente una época.

Una característica importante de la trompa es la técnica con la que debe tocarse, colocando el trompista la mano derecha en el interior de la campana. Las llaves se accionan con la mano izquierda y el cambio la posición de la mano derecha en la campana sirve para controlar el volumen y la tesitura, así como para amortiguar el sonido del instrumento. Esta técnica de la mano derecha se conoce con el nombre de 'hand-stopping'.

En función del número de registros, existen distintos tipos de trompa: simples, dobles y triples. La trompa doble se transforma en simple al accionar una palanca. Así, una trompa en Fa (una trompa afinada en Fa) pasa a estar afinada en Si bemol.


Publicado por jrtapia @ 14:23  | Inst. de viento metal
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martes, 02 de febrero de 2010
Les Musiciens du Louvre-Grenoble
Marc Minkowski, director



PURCELL: "Hail, Bright Cecilia", HAENDEL: "A Song for Saint Cecilia's Day" y HAYDN: "Cäcilienmesse", tres obras dedicadas a Santa Cecilia, la patrona de la música, interpretadas de forma consecutiva por Lucy CROWE (soprano), Nathalie STUTZMANN (contralto), Anders J. DAHLIN (tenor), Richard CROFT (tenor) y Luca TITTOTO (bajo).

“Hail, bright Cecilia” es el título de la Oda a Santa Cecilia de Henry Purcell, que fue encargada en 1692 por dos entidades, “Los caballeros amantes de la música” y la “Sociedad musical”. El texto lo escribió Nicholas Brady y mantuvo algunos elementos del poema de Dryden que Purcell había utilizado en su primera oda a Santa Cecilia, incluyendo las alusiones a los instrumentos musicales. La partitura, además de aprovechar de manera ingeniosa tales alusiones, excedió todo lo compuesto con anterioridad en el género en términos de amplitud, extensión y recursos, con una escritura que marcó el comienzo de la tradición coral secular en Inglaterra.

La "Oda para el Día de Santa Cecilia" ("Ode for St. Cecilia's Day") y "El festín de Alejandro" de Händel son poemas musicalizados que escribió el poeta John Dryden (para el Día de Santa Cecilia de 1687 y 1697, respectivamente) por encargo de la Sociedad Musical de Londres. En 1889 el compositor Sir Hubert Parry las volvería a musicalizar.

Ambos poemas reflejan el ideal clásico de que el orden del ser humano y de la sociedad reflejan el orden universal, y que el arte (en este caso, la música) impone el orden sobre el caos. La canción de Dryden se transformó en la "Oda para el Día de Santa Cecilia de Handel.

Nota bene: Handel compuso esta oda en 1736, cuatro años antes de componer el Mesías. En esta melodía se detecta un fuerte parecido con el estribillo del «Aleluya».

Es bien sabido que, junto al enorme testamento musical religioso de las seis últimas misas (1796 a 1802), Haydn escribió anteriormente páginas sagradas de la importancia de la "Misa de Santa Cecilia" (hacia 1773) y el "Stabat Mater" (1767). La Misa está concebida desde un pensamiento grandioso y pertenece al género de las denominadas misas-cantatas, por el tratamiento del texto a través de arias y piezas corales y, si se quiere, por la intencionalidad más espectacular que íntima del conjunto.

Con todo, la "Misa de Santa Cecilia" no está habitada por el espíritu dramático de las misas finales, ni en sus pentagramas juega de igual manera el claroscuro sonoro, a veces incluso violento. Tras escuchar la formidable misa, centrada y culminada por un extenso Gloria, parecen imponerse las tan citadas palabras de Haydn: "Ya que Dios me ha dado un corazón alegre, Él sabrá perdonarme que le haya servido con alegría". Concepto, de todos modos, que no conviene exagerar, pues ha podido conducir a extender la idea de un Haydn feliz y sonriente, un papá Haydn bondadoso e ingenuo, cuando la verdad de su obra supone un peso específico y trascendental para la evolución de la música.


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domingo, 31 de enero de 2010
Maurizio Pollini, piano
Orquesta Filarmónica de Viena
Karl Böhm, director






Los conciertos para piano y orquesta de Mozart son la estampa de su vida. En ellos se aprecia muy claramente el desarrollo del genio, del músico, del artista, del hombre. Desde la brillantez deslumbrante del niño prodigio y maravilloso, se va forjando la madurez de la energía y la pasión.

El 2 de marzo de 1786 Mozart finalizaba, según su catálogo, el Concierto para piano y orquesta nº 23 en la mayor, K. 488, en la época del estreno de "Las bodas de Fígaro". Mozart lo guardó para él y para un privilegiado círculo de conocedores y amantes de la música que formaban parte de sus conciertos de abono vieneses.

La orquestación de este concierto emplea una flauta, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas y cuerdas. Sus tres tiempos son:
I. Allegro
II. Adagio
III. Allegro assai

El primer tiempo es de carácter muy alegre y positivo, sin que aparezcan en él los tradicionales toques de melancolía típicos de otros  movimientos mozartianos en la mayor. En el adagio se puede admirar la esencia de la música mozartiana, de una grandeza que conmueve y que no tiene parangón. Su estructura es tripartita ABA y presenta un cierto carácter operístico. Su sección central, en la mayor,  es luminosa y anuncia la genialidad que se desplegará en el Concierto en la mayor para clarinete y orquesta. El tercer movimiento es un Rondó que presenta muchas aracterísticas y elementos provenientes de la ópera bufa.

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viernes, 29 de enero de 2010
Kiri Te Kanawa, soprano
Plácido Domingo, tenor
Orquesta del Covent Garden de Londres
Georg Solti, director



"Otello" es una ópera en cuatro actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Arrigo Boito, basado en la obra homónima de Shakespeare. Fue estrenada en el Teatro de La Scala de Milán, el 5 de febrero de 1887.

"Otello" es la penúltima ópera de Verdi, donde demuestra su madurez como artista. Junto a "Don Carlos", estrenado en 1867, "Aida" (1871), y "Falstaff" (1893), está considerada como una de las obras maestras del compositor en su última etapa. En "Otello" Verdi abandona la estructura operística de números, basada en la alternacia de arias, dúos, coros y recitativos, logrando un sentido de unidad y continuidad en toda la obra sin interrumpir jamás la acción dramática por el devenir de la música.

Uno de los personajes más importantes de la obra, además de Otello y Desdémona, es Iago, interpretado por un barítono, que tiene a su cargo partes muy conocidas de la obra, como el Credo del Acto II. Otras momentos destacables son el dueto de amor del Acto I de Otelo y Desdémona (en el vídeo), así como la Canción del sauce y el Ave Maria, interpretadas por la soprano en el Acto IV, y toda la escena final, con el asesinato de Desdémona y el suicidio de Otelo.

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jueves, 28 de enero de 2010
Murray Perahia, piano



Cada concierto de Beethoven es distinto, y en ello radica gran parte de su encanto y atractivo para intérpretes y público. Beethoven desarrolla una escritura pianística de gran virtuosismo (recordemos que él mismo fue un gran virtuoso en su juventud). Quizá el más famoso de sus conciertos para piano sea el nº 5, compuesto en 1809, en el que el virtuosismo y el sinfonismo se combinan a la perfección. Se trata de una obra de carácter épico  (una sinfonía con piano, como ha llegado a denominarse) que tiene un originalísimo arranque y cuenta con cadencias imponentes. El origen del sobrenombre Emperador, con que se conoce a este concierto, se debe a que durante una de sus primeras  interpretaciones vienesas, un oficial francés que se encontraba entre el público, maravillado por el virtuosismo del concierto, se levantó exclamando "es el Emperador", en alusión a Napoleón.

El Primer y Segundo Conciertos para piano  de Beethoven destacan por su concepción alegre, mientras que el nº 3, de 1801, de tono serio y grave, es de una amplitud y calidad incomparables. Por su parte, el Concierto para piano nº 4, Op. 58, de 1808, apuesta por la profundidad lírica y ha sido considerado por Emil Ludwig como el "mejor concierto para instrumento y orquesta jamás compuesto".

El Concierto opus 19 está catalogado como nº 2 aunque en realidad es anterior al nº 1, ya que fue completado entre 1787 y 1789. Sin embargo no fue publicado hasta 1795, año en el que sería estrenado en el Burgtheater de Viena (29 de marzo) con Beethoven como solista. A pesar de que esta obra obedece estilísticamente a una concepción de la forma concierto próxima a Mozart, en ella aparece un sentido dramático, característico de las obras futuras de Beethoven.

El primer movimiento (Allegro con brio) tiene forma de sonata. En la Exposición I la orquesta presenta tanto el tema principal como el secundario en la tonalida de referencia, si bemol mayor.  A continuación el piano se hace cargo de la Exposición II, ahora en la dominante, fa mayor. En el desarrollo, el material temático es transportado a través de varias tonalidades hasta llegar a la principal, tras lo que se pasa a la Reexposición, finalizando así el movimiento en si bemol mayor.

 El movimiento central (Adagio) está escrito en la tonalidad de la subdominante, mi bemol mayor. Como muchos tiempos lentos tiene forma ternaria ABA en la que los temas son presentados en la sección inicial para ser desarrollados a continuación.

El tercer movimiento (Rondó - Molto Allegro, en compás de 6/8) consta de siete secciones y responde al esquema ABACABA, con evidente influencia de Haydn.

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martes, 26 de enero de 2010
Elena Bashkirova, piano
Joven Orquesta Gustav Mahler
James Judd, director
Adrian Marthaler, director cinematográfico












Los conciertos para piano y orquesta son la estampa de la vida de Mozart. En ellos se aprecia muy claramente el desarrollo del genio, del músico, del artista, del hombre. Desde la brillantez deslumbrante del niño prodigio y maravilloso, se va forjando la madurez de la energía y la pasión.


En la forma en la que el género del concierto para piano fue desarrollado por Mozart se encuentra una síntesis de los elementos creadores del período clásico: el sinfónico, el concertante, el operístico y el de música de cámara. Fue Mozart quien llevó el concierto para piano al más alto rango de expresión sinfónica, resultando imposible no tomar en consideración la mayoría de sus partituras pertenecientes a este género.

Respecto a la obra que nos ocupa, cabe señalar que, como caso poco frecuente dentro de su producción pianística, Mozart no fue su primer intérprete. Este concierto, que había sido terminado el 12 de abril de 1784, fue dedicado a Barbara Ployer, consagrada alumna de Mozart, quien lo estrenó en Döbling, el 10 de junio del mismo año.


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lunes, 25 de enero de 2010
Maurizio Pollini, solista
Orquesta Filarmónica de la Scala
Riccardo Muti, director




A comienzos del año 1784, Mozart está dispuesto a comprobar si Viena es la ciudad del piano tal y como había afirmado cuando decidió acabar con la situación de servidumbre que sufría en Salzburgo. Los primeros resultados le dan inmediatamente la razón; entre los últimos días de febrero y los primeros de abril toca veintidós veces en público y consigue, para los conciertos que organiza él mismo, 174 abonados. Se inaugura así uno de los períodos más brillantes en su obra de creación y también en su carrera de virtuoso, y para su bienestar económico.

Hasta después del estreno de "Las bodas de Fígaro" compone, además de catorce conciertos para piano y orquesta, un gran número de obras de importancia. Nunca, por otra parte, ha tenido tantos alumnos y nunca después volverá a tenerlos.

Los tres primeros conciertos para piano y orquesta de la época vienesa, los números 11, 12 y 13, fueron ya escritos dos años antes, y de ellos dice su autor que pueden tocarse tanto con una gran orquesta con instrumentos de viento, como reduciendo la cuerda a dos violines, viola y violonchelo. En cuanto a su carácter, los define como intermedios entre “lo demasiado difícil y lo demasiado fácil”, entre lo íntimo y lo brillante, podríamos decir.

El que viene a continuación (K 449), está dedicado a su alumna Babette Ployer, de una familia salzburguesa residente en Viena, aunque lo tocara él para sus abonados. De los conciertos 15 y 16 dice Mozart: “No soy capaz de elegir entre ellos; los dos son de los que hacen sudar”, y acaba pidiendo a su padre y a su hermana que le den su parecer.

Precisamente de Salzburgo llegan ahora buenas noticias; Nannerl se casará en el mes de agosto, y unos días antes escribe Mozart: “¡Por todos los diablos!, ya va siendo hora de que te escriba si quiero que leas esta carta siendo aún una vestal. Unos días más... y se acabó.”

Esto le hace pensar en la situación familiar, y ruega a la hermana que convenza a su padre para que pida la jubilación, “como hombre que ha servido ya largo tiempo” y, con la pensión, se vaya a vivir con ella, o venga a Viena, para no tener que vivir solo. Leopoldo prefiere la soledad a la jubilación y únicamente aceptará al año siguiente hacer una visita a su hijo.

Resulta curioso que, así como no supo elegir entre los dos conciertos anteriores, precisamente de la obra que viene a continuación, el Quinteto para piano e instrumentos de viento (K 452), formulara el juicio más rotundo y más desacostumbrado: “Yo mismo considero que es la mejor obra que he compuesto en mi vida... ¡Cómo me hubiese gustado que la hubiese oído; y qué bien la tocamos! Bueno, si tengo que decirle la verdad, quedé deshecho después de tocar tanto, aunque, dígase en mi favor, mis oyentes no se cansaban nunca.”

Dedicado también a la señorita Ployer como el nº 14, el concierto en Sol mayor nº 17 sobresale entre todos los que ha escrito en Viena hasta la fecha; es más rico, más intenso en sus dos primeros tiempos, y el allegretto final," un tema con cinco variaciones, tiene una larga coda en la que aparece el espíritu de la ópera cómica. También en el concierto siguiente el andante es una melodía que anuncia el aria de Barbarina en Bodas, por lo que se le atribuye un carácter más femenino y sensual.

En el mes de julio Mozart comunica a su hermana un nuevo embarazo de Constanza, muy contento de que el futuro heredero, dando ya señales de vida, “nunca deje en paz a su madre”. El niño nace el 21 de septiembre, y su abuelo pudo conocer, en su visita a Viena, a una criatura de cinco meses, cariñosa como pocas y de gran parecido con su padre. Carl Thomas Mozart murió en Milán a la edad de setenta y cuatro años.

El último de los conciertos para piano compuesto en 1784 está igualmente cercano a la ópera bufa, tanto en la melancolía de su tiempo lento, especie de aria sin palabras, como en el juego rítmico del tercer movimiento. Se estrenó el 11 de diciembre en los conciertos de abono y sabemos que Mozart volvió a tocar este concierto nº 19 en Frankfurt, en la coronación de Leopoldo II, junto con el nº 26 que recibe el sobrenombre de Concierto "de la Coronación".

Tres días después de ese estreno, el 14 de diciembre, Mozart ingresa en una logia masónica, la misma que acogerá a su padre en su visita a Viena. Aunque fueron publicadas al año siguiente, la fantasía K 475 y la sonata K 457, ambas para piano, ambas en la tonalidad de Do menor, fueron escritas en el otoño de 1784. Compuestas para interpretarse juntas, están dedicadas a Teresa von Trattner, alumna de Mozart, por supuesto aventajada a la vista de lo que estas dos obras exigen del intérprete. También debió tocarlas el propio autor, improvisando, según se supone, la fantasía que precede a la sonata. Son, sin embargo, un mundo aparte; dentro de la música para piano solo, podríamos acercarlas a la sonata en La menor (K 310) escrita en París, aunque estas últimas obras, en lugar de la patética efusividad de aquélla, son de una gran contención y densidad dramáticas.

En todo este tiempo, mientras compone su mejor música de cámara, mientras crea «la cima de su obra instrumental», como califica el biógrafo Alfred Einstein a los conciertos de piano, no deja de pensar en el teatro y busca un libreto para una nueva ópera. Aún se representa el Rapto, cuando el intendente del Teatro Real e Imperial le recomienda que escriba una ópera italiana y él pide que le manden los últimos libretos que se han escrito en Italia. Sin embargo, no abandona la ópera alemana y hace que le traduzcan una comedia de Goldoni, Arlequín, servidor de dos amos, cuando el emperador, asesorado por Salieri, disuelve la compañía encargada de representar la ópera alemana; así pues, tenía razón el intendente del Teatro Real e Imperial por más que Mozart después de leer casi un centenar de libretos, no haya encontrado nada. Mientras tanto seguiría trabajando para sus conciertos de abono.

El 11 de febrero de 1785, llega Leopoldo Mozart a Viena y tiene ocasión de ver cómo vive un músico, su hijo, que, al contrario del Arlequín de Goldoni, no está al servicio de ningún amo. Precisamente en los meses de febrero y marzo estrenará Mozart dos conciertos de piano; los números 20 y 21 (K 466 y 467).

En el primero de ellos percibimos una agitación interior desconocida hasta entonces en sus conciertos, la que encontramos en las últimas sinfonías y en los momentos más dramáticos de Don Giovanni, esa inquietud espiritual que hizo, como ha subrayado la crítica, que los románticos, incapaces de comprender el humor sublime del concierto en Fa mayor, escogieran éste escrito en Re menor, como modelo de lo que ellos sabían muy bien apreciar,

El siguiente es conocido sobre todo por su movimiento lento, éxtasis que se prolonga en una larga melodía con la cuerda en sordina, enmarcado por una brillante marcha y por un final de carácter jocoso. El optimista Concierto para piano y orquesta número 21, en Do mayor, K 467, es uno de los conciertos más felices y positivos de cuantos compuso Mozart, aunque en su elegíaco y famosísimo andante central, utilizado frecuentemente en el cine y que Messiaen consideraba como uno «de los más hermosos fragmentos de la historia de la música», la obra cobra aires más dramáticos, que desaparecen en el animado y risueño allegro vivace assai que tan brillantemente cierra este concierto.

A Leopoldo le sorprende todo; el rondó del primero de los conciertos no se pudo ensayar porque no estaban copiadas las partes, pero está claro que los músicos no son los de Salzburgo. ¡Qué asombro para el criado del arzobispo! “Tu hermano -escribe a Nannerl- ha ganado 559 florines con sus sesiones académicas, más de lo que esperábamos, porque, al mismo tiempo, ha organizado seis conciertos de abono en los que hay inscritas más des 150 personas. Cada una paga un soberano por los seis conciertos, además también toca por cortesía en los conciertos organizados por otros. ¡Ojalá acabara todo esto! Es imposible enumerar las molestias e inquietudes que ocasiona. Desde que estoy aquí han sacado por lo menos doce veces de casa el piano de tu hermano para llevarlo al teatro o a otra casa.”

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domingo, 24 de enero de 2010



Guión y Dirección: Bo Wideberg
Director de Fotografía: Jörgen Persson
Intérpretes: Pia Degermark (Elvira Madigan), Thommy Berggren (Sixten Sparre) y Lennart Malmert (Kristoffer, el amigo de Sixten)
Banda sonora: Hace uso del Andante del Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 de Mozart. Este fragmento se hizo muy conocido popularmente como "Tema de Elvira Madigan".

Elvira Madigan, es la historia de una joven acróbata de circo y de un conde que deserta del ejército sueco para huir con ella. Los dos se aman profundamente, pero pronto comienzan las dificultades económicas que hacen contrapunto a sus primeros desacuerdos. El hombre no puede trabajar porque corre el riesgo de ser arrestado como desertor, pero no quiere que Elvira se gane la vida cantando, pues es terriblemente celoso. Los dos se ven obligados a buscar bayas en el bosque para alimentarse. Después se produce el fin inevitable: el protagonista mata a Elvira y se suicida. Este no es un filme sobre el amor, sino sobre la imposibilidad del amor. Quien ama verdaderamente, no puede vivir en el mundo, porque se convierte en un testigo incómodo de éste, su presencia es un reproche viviente para quienes viven en la gris monotonía. Elvira y su compañero deben morir porque es el único modo de ser cogruentes con sus sentimientos.

Bo Wideberg (1930-1997) nació en Malmö (Suecia) en el seno de una familia humilde. Desde muy pronto tuvo que dejar la escuela para ponerse a trabajar. Ejerció diferentes oficios, dedicándose finalmente al periodismo. Es autor del libro La visión de cine sueco que pretende romper con el tópico de asociar cine sueco únicamente con el nombre de Ingmar Bergman. Después de escribir diversas novelas, cuentos y un radiodrama, pasará a trabajar en la televisión y dirigirá un corto. En 1962 dirige su primer largometraje e inicia una prestigiosa carrera que le reportará diversos premios, como los recibidos en el festival de Cannes por Elvira Madigan (1967) y Joe Hill o las tres nominaciones al oscar por Barrio del cuervo (1963). Sus últimos trabajos para el cine o la televisión carecieron de la frescura de sus inicios. Su último largometraje, La belleza de las cosas (1995), premiada en Berlín y candidata al Oscar, se estrenó mundialmente al mismo tiempo que su director y guionista, el propio Bo Widerberg, fallecía de cáncer.

Publicado por jrtapia @ 10:00  | Música de cine
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viernes, 22 de enero de 2010
Zoltán Kocsis, piano
Virtuosi di Praga
Jirí Behlohlávek, director



Mozart escribió una enorme cantidad de música en su corta vida. De hecho, escribió más que muchos compositores que vivieron el doble que él. Compuso más de seiscientas obras, equivalentes a unas doscientas horas de música. Algunas de estas obras duran menos de un minuto, mientras que otras superan las tres horas.

Mozart compuso todos los tipos de música que había en su época: sinfonías, óperas, conciertos, sonatas, serenatas, divertimentos, misas...

Se suele hablar de Mozart como del compositor más universal. Esto significa que gente de todas las edades, en todas partes, puede gozar su música. Aunque uno no sepa nada de música, es posible disfrutarla al escucharla por primera vez. Tiene esa combinación mágica de ligereza, alegría, elegancia y movimiento rítmico. Mozart llega a todos nosotros, haciendo que nuestros corazones y mentes sientan cosas de una manera que no es posible con palabras o imágenes.

El efecto mágico que tiene la música de Mozart sobre nosotros no ha disminuido dos siglos después de su muerte. Para poder disfrutar y entender mejor la música de Mozart se recomienda escuchar su obra para piano, en especial sus conciertos para este instrumento que son 27. El primero lo escribió a edad de once años, el último fue compuesto algo menos de un año antes de su muerte.

Los conciertos para piano y orquesta son la estampa de su vida. En ellos se aprecia muy claramente el desarrollo del genio, del músico, del artista, del hombre. Desde la brillantez deslumbrante del niño prodigio y maravilloso, se va forjando la madurez de la energía y la pasión.

El 2 de marzo de 1786 Mozart estrenó su Concierto nº 23 en La mayor, K 488. Mozart lo reservó para él y para un privilegiado círculo de conocedores y amantes de la música. Fue un trabajo dedicado a su alma, como tantos otros, pero restringido a la intimidad. Sin ánimo de lucro, aunque sus finanzas lo requirieran.

Los tres tiempos de este concierto son:

I. Allegro

II. Adagio

III. Allegro assai

En el Adagio se puede admirar la esencia de la música mozartiana, de una grandeza que conmueve y que no tiene parangón.


Publicado por jrtapia @ 8:37  | El Concierto
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jueves, 21 de enero de 2010
Alfredo Kraus, tenor
Edelmiro Arnaltes, piano



El más internacional de los compositores españoles es el inolvidable Manuel de Falla y Matheu, nacido en Cádiz, el 23 de noviembre de 1876 y fallecido en Alta Gracia (Argentina), el 14 de noviembre de 1946. El propio Falla observó que su vida estaba marcada por períodos de siete años distribuidos así: los dos primeros los pasó en Cádiz, el tercero en Cádiz y en Madrid, el cuarto ya instalado en Madrid, el quinto en París, el sexto de nuevo en Madrid, los tres siguientes y el décimo septenario transcurrieron en América, faltándole sólo nueve días para que se cumpliese el ciclo y haber cumplido los setenta años.

De su etapa gaditana queda la primera formación, su andalucismo universal, sus primeros tanteos en la composición musical. En Madrid estudia piano con Tragó y en dos cursos hizo la carrera. Puso música a las zarzuelas "La casa de Tócame Roque", "Limosna de amor" y "Los amores de la Inés". De esta época es también su famosa canción "Tus ojillos negros".

Publicado por jrtapia @ 13:12  | Música vocal
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