En febrero de 1788 Mozart compuso el Concierto para piano y orquesta nº 26, en re mayor, K. 537, conocido como Concierto "de la Coronación". Esta denominación se debe a que Mozart lo tocó en ocasión de la coronación del emperador Leopoldo II en Frankfurt.
Sus tres movimientos recuperan el estilo galante de obras primerizas, aunque lo distinguen la incomparable luminosidad de sus pentagramas y el encanto inconfundible de los hábiles diseños melódicos, que se convierten en protagonistas durante el desnudo Larghetto central.
Consideraciones generales sobre los conciertos para piano de Mozart:
Sus influencias más importantes fueron los hijos de Bach, especialmente Johann Christian y su estilo galante. No empleaba el modo menor y su música se considera más frívola que la de su hermano Carl Phillip Emannuel, representante del Empfindsamer Still (estilo sensitivo).
Todos tienen tres movimientos: El primero es en forma sonata sin excepción. Con larga introducción y doble exposición, la primera a cargo de la orquesta y la segunda, del solista. Sólo en un concierto entra el piano al comienzo, el nº 9 en mi b mayor, K.271 “Jeunehomme”.
El segundo movimiento suele ser Andante o Andantino, aunque hay otras posibilidades, como el K.459, Allegretto o bien forma sonata ternaria o binaria, variaciones o rondó.
El tercer movimiento, Finale, es casi siempre un rondó con dos o tres episodios. Excepto el primer concierto en el que tiene forma sonata, el K.491 en do menor y el K. 453 en sol mayor, que son temas con variaciones.
Los segundos movimientos en modo menor son característicos y se pueden separar del resto. Se pueden considerar como trágicos o dramáticos. En sus conciertos Mozart emplea la tonalidad menor con poca frecuencia, al igual que sus contemporáneos, pero cuando la usa es generalmente una obra maestra. Ejemplo: K.488 (nº23).
1. Allegro maestoso
2. Andante
3. Allegretto
Este concierto suele ser comparado con la Sinfonía Júpiter, aunque Girdlestone opina que su espíritu está más próximo al Quinteto de cuerda en do mayor, K515. Beethoven tomó modelo de esta obra en relación con su Cuarto concierto para piano y orquesta.
El primer movimiento del K. 503 es una de las piezas de concierto más sinfónicas de Mozart. En él la música se desliza sutilmente hacia el modo menor en varias ocasiones. El segundo movimiento es de carácter apacible, tranquilo. Está en forma de sonata, pero carece de la sección de desarrollo. El tercer movimiento es una sonata-rondó que abre con un tema de gavota procedente de la ópera de Mozart Idomeneo, re di Creta. Como ya sucedía en el primer movimiento, hay cierto discurrir hacia el modo menor; sin embargo, la obra termina triunfalmente.
Un Estudio es una composición musical corta, destinada a practicar la habilidad y la técnica en un instrumento solista. Los Estudios fueron una de las formas más frecuentadas por el compositor romántico Frédéric Chopin, cuyas obras se han convertido en piezas clave del repertorio de piano. A lo largo de su corta vida, el maestro polaco escribió veintisiete Estudios, repartidos de la siguiente manera: doce en el opus 10, otros doce en el 25 y tres sin numerar para un libro de método.
Los Estudios op. 10 comenzaron a gestarse en Varsovia, a finales de 1829. Chopin escribió entonces a un amigo que había compuesto unos pocos ejercicios para piano que quería mostrarle. Cuando se publicaron, Chopin tenía 23 años y ya era famoso como compositor y pianista en los salones de París, donde conoció a Franz Liszt. Posteriormente le dedicaría todo el op. 10: "à son ami Franz Liszt". Esas primeras versiones son contemporáneas de sus primeros Nocturnos y de las Canciones op. 74, y fueron maduradas y perfeccionadas al mismo tiempo que los Nocturnos op. 9, el op. 15, el Scherzo en si menor y la Balada nº 1 durante un viaje a Viena.
Los Estudios de Chopin suponen la creación de una nueva técnica de tocar el piano, algo sumamente innovador y revolucionario cuando se produjo. Los Estudios son unas de las piezas más desafiantes y complicadas, y al mismo tiempo evocadoras y emocionantes, de todas las obras del repertorio para piano. Su música continúa siendo muy conocida y es tocada con frecuencia en conciertos y recitales. Su gran popularidad ha provocado que a muchos de ellos se les hayan asignado subtítulos, siendo uno de los más conocidos el del Estudio op. 10 nº 3, "Tristesse" (del francés, tristeza).
El Estudio op. 10 nº 3 es un lento cantabile en el que la mano derecha debe mantener su tono melódico al mismo tiempo que ayuda con el acompañamiento. Interpretar la voz principal y parte del acompañamiento con una sola mano es de gran dificultad. Este estudio se aleja del resto de sus hermanos en su tempo. Supone una salida del virtuosismo técnico que exigían los estudios para piano antes de Chopin, pues se centra más en el fraseo melódico y en el aire legato de la interpretación antes que en la habilidad técnica. Ha sido clasificado por algunos estudiosos como Poema sinfónico para piano y está considerado como una muestra del amor de Chopin hacia la ópera romántica y hacia Polonia, su patria. Durante una clase con uno de sus alumnos, Adolf Gutmann, Chopin rompió a llorar, gritando: "¡Oh, mi tierra!". Se dice que Chopin hizo de esta pieza la más íntima que jamás había compuesto, afirmando que "Nunca más en toda mi vida he logrado encontrar una melodía tan bella."
La trompa pertenece a la familia de instrumentos de viento-metal de la orquesta y se construye normalmente en latón u otras aleaciones de cobre. Es un instrumento que produce un sonido dulce a pesar de su tamaño, lo que se debe a la disposición hacia atrás de su campana, de manera que el sonido no llega directamente a la audiencia.
En francés, la trompa se conoce como cor en francés, corno en italiano, ambas palabras designan un cuerno, pues el origen primitivo del instrumento fueron los tubos hechos con cuernos de animales. El corno de caza servía para indicar que la presa estaba cerca y el corno postal, para notificar que había llegado el correo. Después, la trompa pasó a construirse de metal con su tubo enrollado Pero al contrario de las trompas actuales, éstas no tenían un dispositivo que permitiese ajustar la longitud del tubo, de manera que con ellas se podía tocar sólo un número limitado de notas. Para superar esta limitación, se concibió un método para modificar la longitud del instrumento insertando tubos de diferente longitud. Se llamó estos tubos "curvas". Su uso permitió a la trompa tocar cualquier tesitura. Sin embargo, como los trompistas debían llevar consigo hasta trece curvas, en el siglo XIX se introdujo el sistema de válvulas, una invención que marcó verdaderamente una época.
Una característica importante de la trompa es la técnica con la que debe tocarse, colocando el trompista la mano derecha en el interior de la campana. Las llaves se accionan con la mano izquierda y el cambio la posición de la mano derecha en la campana sirve para controlar el volumen y la tesitura, así como para amortiguar el sonido del instrumento. Esta técnica de la mano derecha se conoce con el nombre de 'hand-stopping'.
En función del número de registros, existen distintos tipos de trompa: simples, dobles y triples. La trompa doble se transforma en simple al accionar una palanca. Así, una trompa en Fa (una trompa afinada en Fa) pasa a estar afinada en Si bemol.
“Hail, bright Cecilia” es el título de la Oda a Santa Cecilia de Henry Purcell, que fue encargada en 1692 por dos entidades, “Los caballeros amantes de la música” y la “Sociedad musical”. El texto lo escribió Nicholas Brady y mantuvo algunos elementos del poema de Dryden que Purcell había utilizado en su primera oda a Santa Cecilia, incluyendo las alusiones a los instrumentos musicales. La partitura, además de aprovechar de manera ingeniosa tales alusiones, excedió todo lo compuesto con anterioridad en el género en términos de amplitud, extensión y recursos, con una escritura que marcó el comienzo de la tradición coral secular en Inglaterra.
La "Oda para el Día de Santa Cecilia" ("Ode for St. Cecilia's Day") y "El festín de Alejandro" de Händel son poemas musicalizados que escribió el poeta John Dryden (para el Día de Santa Cecilia de 1687 y 1697, respectivamente) por encargo de la Sociedad Musical de Londres. En 1889 el compositor Sir Hubert Parry las volvería a musicalizar.
Ambos poemas reflejan el ideal clásico de que el orden del ser humano y de la sociedad reflejan el orden universal, y que el arte (en este caso, la música) impone el orden sobre el caos. La canción de Dryden se transformó en la "Oda para el Día de Santa Cecilia de Handel.
Nota bene: Handel compuso esta oda en 1736, cuatro años antes de componer el Mesías. En esta melodía se detecta un fuerte parecido con el estribillo del «Aleluya».
Es bien sabido que, junto al enorme testamento musical religioso de las seis últimas misas (1796 a 1802), Haydn escribió anteriormente páginas sagradas de la importancia de la "Misa de Santa Cecilia" (hacia 1773) y el "Stabat Mater" (1767). La Misa está concebida desde un pensamiento grandioso y pertenece al género de las denominadas misas-cantatas, por el tratamiento del texto a través de arias y piezas corales y, si se quiere, por la intencionalidad más espectacular que íntima del conjunto.
Con todo, la "Misa de Santa Cecilia" no está habitada por el espíritu dramático de las misas finales, ni en sus pentagramas juega de igual manera el claroscuro sonoro, a veces incluso violento. Tras escuchar la formidable misa, centrada y culminada por un extenso Gloria, parecen imponerse las tan citadas palabras de Haydn: "Ya que Dios me ha dado un corazón alegre, Él sabrá perdonarme que le haya servido con alegría". Concepto, de todos modos, que no conviene exagerar, pues ha podido conducir a extender la idea de un Haydn feliz y sonriente, un papá Haydn bondadoso e ingenuo, cuando la verdad de su obra supone un peso específico y trascendental para la evolución de la música.
Cada concierto de Beethoven es distinto, y en ello radica gran parte de su encanto y atractivo para intérpretes y público. Beethoven desarrolla una escritura pianística de gran virtuosismo (recordemos que él mismo fue un gran virtuoso en su juventud). Quizá el más famoso de sus conciertos para piano sea el nº 5, compuesto en 1809, en el que el virtuosismo y el sinfonismo se combinan a la perfección. Se trata de una obra de carácter épico (una sinfonía con piano, como ha llegado a denominarse) que tiene un originalísimo arranque y cuenta con cadencias imponentes. El origen del sobrenombre Emperador, con que se conoce a este concierto, se debe a que durante una de sus primeras interpretaciones vienesas, un oficial francés que se encontraba entre el público, maravillado por el virtuosismo del concierto, se levantó exclamando "es el Emperador", en alusión a Napoleón.
El Primer y Segundo Conciertos para piano de Beethoven destacan por su concepción alegre, mientras que el nº 3, de 1801, de tono serio y grave, es de una amplitud y calidad incomparables. Por su parte, el Concierto para piano nº 4, Op. 58, de 1808, apuesta por la profundidad lírica y ha sido considerado por Emil Ludwig como el "mejor concierto para instrumento y orquesta jamás compuesto".Los conciertos para piano y orquesta son la estampa de la vida de Mozart. En ellos se aprecia muy claramente el desarrollo del genio, del músico, del artista, del hombre. Desde la brillantez deslumbrante del niño prodigio y maravilloso, se va forjando la madurez de la energía y la pasión.
Guión y Dirección: Bo Wideberg
Director de Fotografía: Jörgen Persson
Intérpretes: Pia Degermark (Elvira Madigan), Thommy Berggren (Sixten Sparre) y Lennart Malmert (Kristoffer, el amigo de Sixten)
Banda sonora: Hace uso del Andante del Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 de Mozart. Este fragmento se hizo muy conocido popularmente como "Tema de Elvira Madigan".
Mozart escribió una enorme cantidad de música en su corta vida. De hecho, escribió más que muchos compositores que vivieron el doble que él. Compuso más de seiscientas obras, equivalentes a unas doscientas horas de música. Algunas de estas obras duran menos de un minuto, mientras que otras superan las tres horas.
Mozart compuso todos los tipos de música que había en su época: sinfonías, óperas, conciertos, sonatas, serenatas, divertimentos, misas...
Se suele hablar de Mozart como del compositor más universal. Esto significa que gente de todas las edades, en todas partes, puede gozar su música. Aunque uno no sepa nada de música, es posible disfrutarla al escucharla por primera vez. Tiene esa combinación mágica de ligereza, alegría, elegancia y movimiento rítmico. Mozart llega a todos nosotros, haciendo que nuestros corazones y mentes sientan cosas de una manera que no es posible con palabras o imágenes.
El efecto mágico que tiene la música de Mozart sobre nosotros no ha disminuido dos siglos después de su muerte. Para poder disfrutar y entender mejor la música de Mozart se recomienda escuchar su obra para piano, en especial sus conciertos para este instrumento que son 27. El primero lo escribió a edad de once años, el último fue compuesto algo menos de un año antes de su muerte.
Los conciertos para piano y orquesta son la estampa de su vida. En ellos se aprecia muy claramente el desarrollo del genio, del músico, del artista, del hombre. Desde la brillantez deslumbrante del niño prodigio y maravilloso, se va forjando la madurez de la energía y la pasión.
El 2 de marzo de 1786 Mozart estrenó su Concierto nº 23 en La mayor, K 488. Mozart lo reservó para él y para un privilegiado círculo de conocedores y amantes de la música. Fue un trabajo dedicado a su alma, como tantos otros, pero restringido a la intimidad. Sin ánimo de lucro, aunque sus finanzas lo requirieran.
Los tres tiempos de este concierto son:
I. Allegro
II. Adagio
III. Allegro assai
En el Adagio se puede admirar la esencia de la música mozartiana, de una grandeza que conmueve y que no tiene parangón.