jueves, 07 de diciembre de 2006
ALMUDENA GONZÁLEZ (EFE)

MADRID.- 'Los cuentos de Hoffmann', la obra póstuma y también maestra del compositor Jacques Offenbach, se subió, por primera vez y vestida con el sello del escenógrafo Ezio Frigerio, al escenario del Teatro Real, en una noche de aplausos generales, pero sin gran efusividad.

Esta es una coproducción del coliseo madrileño con el Théatre du Capitole de Toulouse, el Regio de Turín y la Opera de Tel Aviv, que estará en cartel hasta el 23 de diciembre, con la dirección musical de Emmanuel Villaume, un especialista en música francesa que ha revisado meticulosamente una partitura de la que hay numerosas versiones, pues Offenbach -considerado el maestro de la opereta- falleció sin concluirla.

'Los cuentos de Hoffmann', estrenada en París en 1881, está basada en varios relatos fantásticos de Hoffmann, uno de los máximos exponentes del romanticismo alemán.

La pieza no llegó a España hasta 1905, al Teatro Eldorado de Barcelona, donde se cantó en castellano, y esta noche se ha estrenado en el Teatro Real de Madrid, ciudad en la que sólo se había representado una única vez en el Teatro de la Zarzuela, en 1988.
Tres amores frustrados

La ópera, que se divide en cinco actos, aunque se representa en tres partes, narra los amores frustrados de Hoffmann: Olimpia, una autómata; la desdichada Antonia y la malvada Giulietta, que son, en el libreto, la misma mujer, pero interpretan tres cantantes diferentes.

Precisamente, fueron Desirée Rancatore -que ha dado vida con singular gracia a la muñeca Olimpia- e Inva Mula -como Antonia- quienes más aplausos cosecharon del público, también afectuoso con Giorgio Surian, en el papel de Lindorf/Coppélius.

Encabezando el reparto, ha cantado el tenor texano Marcus Haddock, quien ha interpretado casi todas las versiones existentes de esta ópera, y que estuvo acompañado de Ekaterina Gubanova en el papel de Musa, en el que debutó. Haddock se alternará en el papel de Hoffmann con el tenor venezolano Aquiles Machado.

Después de trabajar en el Real en varias producciones, como 'Manon' o 'Werther', el director de escena Nicolas Joel regresa al coliseo, flanqueado por la escenografía del prestigioso Ezio Frigerio y el vestuario de Franca Squarciapino, un tándem muy conocido por el público madrileño, tras sus creaciones en óperas como 'Tosca' o 'Don Giovanni'.

Para 'Los cuentos de Hoffmann' el escenógrafo italiano ha convertido el escenario del Real en una estructura metálica, al estilo arquitectónico de la Torre Eiffel, que acentúa la profundidad de la que goza el coliseo madrileño, y que sirve de fondo para las tres partes de la representación.

Este trabajo de Ezio Frigerio y Franca Squarciapino coincide en Madrid con una exposición en el Centro Cultural de la Villa, donde puede seguirse la huella de pareja por los teatros españoles y ahondar en su trayectoria artística.


CRÍTICA DEL DIARIO "LA RAZÓN"
Ni intención ni fantasía

Arturo REVERTER

Temporada del Teatro Real Offenbach: «Les contes de Hoffmann». Marcus Haddock, Wjaterina Gubanova, Giorgio Surian, Pierre Lefebvre, Desirée Rancatore, Inva Mula, Nadja Michael, entre otros. Director de escena: Nicolas Joel. Escenografía: Ezio Frigerio. Figirunes: Franca Squarciapino. Director musical: Ammanuel Villaume. Teatro Real, Madrid. 4-XII-2006. Obra irregular, larga, cuajada de elipsis, apasionada, intensa y, en algunos instantes, genial, «Los cuentos de Hoffmann» no es precisamente fácil. Su autor no la llegó a terminar y siempre ha habido dudas en cuanto a la versión definitiva. La habitual, editada por Choudains en 1907, ha sido ya superada posteriormente. La que ofrece el Real es más amplia y queda dividida no en un prólogo, tres actos y un epílogo, sino, simple y llanamente, en cinco actos, de duración variable. Chispa, variedad, colorido, fantasía para acentuar y planificar tímbrica y dinámicamente es lo que se requiere en lo musical para dar una imagen vigorosa, vívida y plástica de la partitura. Estas exigencias no han podido cumplirse en esta ocasión, fundamentalmente porque la dirección de Ammanuel Villaume no ha ido mucho más allá de lo funcional, de lo bien dispuesto pero sin contrastes. La orquesta ha sonado gris, plana y la narración ha resultado más bien anodina, pese a que algunos conjuntos –no justamente el de la célebre «barcarola»– han resultado encajados y en su sitio. Y el coro, entusiasta, no ha estado en todo instante ajustado. Si el foso no tiene aliento poético ni refinamiento, muy buenos han de ser los cantantes. No ha sido el caso. Aunque ha habido sus distingos. Por encima de todos ha brillado Inva Mula, una lírica que sabe regular y apianar, que trina como los ángeles y que ha otorgado a Antonia un calor y una emoción magníficos. Muy bueno el caricato Lefebvre, que cantó con mucha gracia y apreciable voz de ligero los «couplets» del criado Frantz. Digna la Olimpia de Rancatore, feliz en los sobreagudos, no del todo impecable en las agilidades. El protagonista, Haddock, quedó deslucido por un canto más bien impávido y por una emisión engolada, con la voz en el cuello. Nasal y lejos de dar ese tinte diabólico a sus cuatro personajes malignos, Surian, con exceso de vibrato Michaels en Giuletta y con redondo y bello centro el Nicklausse de Gubanova, perjudicada por unos graves inaudibles. Joel monta todo en torno a una gran rueda central –de la fortuna o del destino–, con una parte a modo de vitral, que gira en los momentos dramáticos más acusados, generalmente los de final de acto. Elementos propios de una estación antigua o de una fábrica de fábula están siempre presentes otorgando una aire un tanto siniestro a la escena. El mismo telón de fondo, de corte modernista, ante el que se despierta y se acuesta al final un borracho Hoffmann, que ha debido de soñar toda la ópera, está plagado de ruedas. Pero esto mismo, el nulo movimiento, la parsimonia del conjunto, los subrayados frígidos de la batuta dan al todo un aire exangüe, un estatismo poco atractivo. Aunque lo que se ve agrade al ojo y lo que se oye no perturbe gravemente.
Publicado por jrtapia @ 22:25
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Comentarios
Publicado por Andrew
jueves, 21 de diciembre de 2006 | 15:46
He visto muchas óperas y, sinceramente, como ésta muy pocas. No entiendo la crítica negativa, a mi me pareció absolutamente espectacular, emocionante y vibrante. De lo que sentí vergüenza fue de la estampida del público al final,desconozco la razón