viernes, 23 de marzo de 2007
Llega al Teatro Real 'La pietra del paragone' del compositor de Pésaro

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Un momento de La pietra del paragone

El entusiasmo internacional por la obra de Rossini ha hecho que títulos poco frecuentes de su catálogo regresen a los escenarios. Tal es el caso de La pietra del paragone, una obra muy valorada del compositor de Pésaro, que ha permanecido olvidada durante años en los archivos y que, sin embargo, ha vuelto con fuerza. El Teatro Real estrena el próximo domingo el montaje de Pierluigi Pizzi para el Festival de Pésaro, con un reparto de grandes especialistas y con Alberto Zedda en el foso.

Contados serán los espectadores habituales del Teatro Real que hayan podido asisitir previamente a algún montaje de La pietra del paragone, la ópera de Rossini que se estrena el próximo domingo en su escenario. Pese a su calidad, ha tardado en encontrar un hueco entre El barbero de Sevilla, La Cenerentola o La italiana en Argel. Hasta Il turco in Italia se ubicaba con mejor fortuna entre las preferencias del respetable antes que La piedra de toque, como podría traducirse al español. En los sesenta el Festival de Glyndebourne tentó la suerte, sin fortuna, en una versión muy germanizada que chocó con el propio Vittorio Gui, responsable musical, que la llevó a cabo con innumerables cortes. En 1972 aparecía la primera grabación que contaba con un jovencísimo José Carreras (Vanguard) que, al menos, permitía intuir la calidad de la obra. Algunos teatros alemanes la presentaban traducida, en versión de Günther Rennart, convertida en una opereta degradada.

Sólo fue en 1986 cuando el Festival de Burdeos reencontraba afición, crítica y compositor. Frédéric Vitoux, uno de los mejores conocedores de Rossini, asistente a dichas representaciones, afirmaba que “los dichosos espectadores del Gran Teatro de Burdeos, atónitos ante tanta alegría juvenil, tantas invenciones melódicas, se preguntaban asombrados cómo es que semejante obra, melodramma giocoso virando a la opera buffa, había permanecido tanto tiempo olvidada”, señalaba el estudioso del autor de Pésaro. Y añadía que “una pequeña orquesta, unos cantantes llenos de entusiasmo, una direción musical vigorosa y risueña, una puesta en escena al estilo de la commedia dell’arte... todos decíamos que así debió de ser el ingenio rossiniano, su inteligencia, su impertinencia feliz”. Posteriormente el Festival Rossini de Pésaro, en 2002 y en la misma versión que se verá en el Real, reabría la puerta grande del repertorio a este título genial.

Obra maestra
Y eso que ya existían razones para sospechar de su auténtico valor. Stendhal en su archiconocida biografía dedicada a Rossini, ya había señalado en su momento que “La pietra del paragone es, a mi juicio, la obra maestra de Rossini en el género bufo”. Su estreno en el Teatro alla Scala de Milán marcó, según el propio Stendhal “una época de entusiasmo y de alegría; multitud de personas venían a Milán de Parma, de Piacenza, de Bérgamo, de Brescia y de todas las ciudades en veinte millas a la redonda. Rossini se convirtió en el primer personaje del país; todos intentaban verle a toda costa”. Razones múltiples boicotean a veces las mejores obras dentro de ese terreno tan resbaladizo que es el que conforma el repertorio. Pero lo cierto es que La pietra del paragone apenas tuvo un registro discográfico durante mucho tiempo y sólo ha sido en la última década cuando ha dado el definitivo vuelco, favorecida por este boom rossiniano que vivimos en la actualidad.

La obra pertenece a un bienio (1812-1813) en el desarrollo de su autor de increíble actividad. Sin ir más lejos, en apenas nueve meses, Rossini presentaría al respetable nada menos que cuatro títulos. Además de La pietra, verían la luz La scala di seta, L’ocasione fa il ladro e Il signor Bruschino. Resulta sorprendente para el melómano actual cómo se podía componer nada menos que cuatro óperas en tan poco tiempo, siendo todas tan distintas. Pero hay que pensar que la habilidad y el oficio adquirido tan precozmente por Rossini –fruto de una indudable genialidad, ya que por entonces sólo contaba con veinte años– le permitían reutilizar materiales previos o, incluso, trasladar recursos de una a otra, con increíble eficacia.

El libreto pertenece a Luigi Romanelli, uno de los escritores “residentes” en la Scala en aquellos años. Según Richard Osborne “fue un vehículo espléndido para Rossini porque le aportó espacio para exhibir ante uno de los públicos más inteligente de Italia sus cualidades como músico ingenioso, como hombre sensible, como proveedor de música ea los ambientes activos y fuertemente críticos de la sociedad elegante, el teatro y la prensa”. El argumento tiene indudable garra, y tiene indudables similitudes con una comedia de enredo. Cuenta la historia del conde Asdrúbal, que está rodeado por tres mujeres que quieren casarse con él, aunque sólo una de ellas le ama de verdad, Clarice. Cansado de las presiones de un joven poeta, de un periodista venal y de un literato ridículo, el conde monta una estratagema: afirma que se ha arruinado. Todos le abandonarán, excepto Clarice y el poeta Giocondo. La enamorada, sin embargo, descubrirá la astucia del conde y, enfadada, intentará burlarse de él. Al final será Giocondo quien, consiga reconcialiar a los dos amantes.

Reparto de estrellas
Para llevarlo a cabo es imprescindible un reparto de estrellas, de grandes especialistas que el Real ha reunido. El protagonista es el bajo Marco Vinco y su enamorada Clarice, la soprano Marie-Ange Todorovich, mientras que el poeta es nada menos que el veterano Raúl Giménez, figura de extraordinaria solidez, todos bien acompañados por Patrizia Biccirè, Pietro Spagnoli y Laura Brioli.

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El barítono Pietro Spagnoli


Así se podrá constatar cómo Rossini, tal y como señala Alberto Zedda, es un rompedor. El director que estará al frente de la versión del Real, afirma que “debajo de la imagen clásica se esconde todo un revolucionario. Su música es brillante pero sólo en apariencia. Se puede comparar con los cuadros de Miró. Siempre habrá quien diga aquello de que su hijo de cuatro años hace algo similar, pero alguien culto lo verá a través de otras claves. Eso mismo pasa con Rossini, con la diferencia de que su música es buena hasta para los pobres de espíritu”, comenta.

Luis G. IBERNI



Un Ariodante de lujo, en concierto

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La programación del Teatro Real de este mes no se ciñe exclusivamente a la ópera de Rossini, sino que también incluye el próximo jueves una única función, en este caso en versión de concierto, de una de las grandes óperas de otro monstruo de la lírica, George Friedrich Haendel. Se trata de Ariodante, primera creación realizada por el sajón para el Covent Garden londinense, que tras su recuperación discográfica, se ha ido imponiendo con fuerza en los escenarios mundiales. Llega a Madrid con un reparto espectacular que procede en bloque de las representaciones que han tenido lugar en el Théâtre des Champs-Elysées de París a cargo de este mismo equipo, en este caso bajo la responsabilidad escénica de Lukas Hemleb. Basta repasar el listado de nombres para reconocer algunas de las figuras más importantes en el campo de la lírica. Especialmente las dos voces graves femeninas, Angelika Kirschlager y Vivica Genaux, que asumirán dos roles de gran exigencia, los del protagonista, Ariodante, originalmente pensado para el castrato Giovanni Carestini, conocido como Cusanino y una de las voces más importantes de todos los tiempos, y Polinesso, que pese a ser un papel masculino, desde el principio fue interpretado por una contralto, para la que la artista canadiense podrá lucir su espléndida coloratura. El resto del reparto incluye figuras de alto nivel como son la estupenda Sandrine Piau, el bajo Ildebrando d’Arcangelo o la española Sabina Puértolas. Todos ellos estarán bajo la dirección de un especialista tan reconocido como Christophe Rousset, que ya ha cosechado considerables éxitos en los fosos españoles, caso de la Alcina del mismo Haendel en la ABAO o La capricciosa corretta de Martín y Soler en el Teatro de la Zarzuela.
Publicado por jrtapia @ 11:02  | Se dice, se comenta
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