lunes, 30 de abril de 2007

Publicado por jrtapia @ 18:15




Kancheli: Una pequeña daneliada
Virtuosos de Moscú-V. Spivakov


El viernes, 4 de mayo de 2007, a las 22:30 h. tendrá lugar el siguiente concierto del CICLO UPM, con arreglo al

PROGRAMA:

VIRTUOSOS DE MOSCÚ
Director y solista: Vladimir Spivakov

A. Vivaldi: Concierto para violín y orquesta nº 2, en Mi menor, Op.11, RV 279
Solista: Vladimir Spivakov
G. Rossini: Sonata para cuerda nº 3, en Do menor
L. Boccherini: Sinfonía en Re menor, Op.12, nº 4, G.506 “La casa del diavolo”
A. Schnittke: Sonata para violín y orquesta de cuerda
Solista: Vladimir Spivakov
G. Kancheli: Una pequeña daneliada, para piano, violín y orquesta de cuerda
A. Piazzolla: Tres tangos, para acordeón y orquesta de cuerda
Solista: Nikita Vlasov, acordeón

PRECIOS:
8, 14, 20 y 28 EUR

VENTA DE LOCALIDADES
Diez días antes del concierto
• en el Rectorado de la UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID
(50% para la Comunidad Universitaria de la UPM, Complutense
y estudiantes residentes en Colegios Mayores)
C/ Ramiro de Maeztu, 7. Ciudad Universitaria. Vicerrectorado de Doctorado y Postgrado Servicio de Actividades Culturales y
Programas Especiales. Planta –1. Despacho B11.
Horarios:
Lunes y miércoles de 9:00 a 14:30 y de 15:30 a 18:30 horas
Martes, jueves y viernes sólo en horario de mañana.
• y en las taquillas de la Red de Teatros del Instituto
Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Auditorio
Nacional de Música, Teatro de la Zarzuela, Teatro María Guerrero
y Teatro Pavón) y por venta telefónica a través de ServiCaixa
902 33 22 11, de 8 a 24 h., y en los terminales ServiCaixa, las
24 horas.
Horario de taquillas del Auditorio Nacional de Música
(Príncipe de Vergara, 146, Madrid):
Lunes, de 16:00 a 18:00 horas
Martes a viernes, de 10:00 a 17:00 horas
Sábados, de 11:00 a 13:00 horas

NOTAS AL PROGRAMA:
Antonio VIVALDI (1678-1741):
Concierto para violín y cuerdas en Mi menor, op. 11, nº 2, RV 277

Hacia 1682 compondría el gran Arcangelo Corelli su colección de doce Concerti grossi, op. 6 que fue editada en 1714, después de la muerte del compositor. Con estas obras, Corelli sellaba, fijaba el modelo del concerto grosso que tendría una importancia capital en el desarrollo de la música instrumental del Barroco pleno. A este modelo de Corelli, el modelo "romano", acompañó pronto el modelo de concierto "veneciano" que encarnó la música del genial Antonio Vivaldi, quien también agrupó de doce en doce sus Concerti grossi, publicando sucesivamente las colecciones tituladas L'Estro armonico, op 3 (1712), La Stravaganza, op 4 (1713), Il cimento dell'Armonia e dell'Invenzione, op 8 (1725) y La Cetra, op 9 (1727), a las que seguirían inmediatamente las op 10 y op 11, de seis conciertos cada una.
El Concierto de violín en Mi menor, RV 277, conocido con el nombre de Il favorito, se editó como nº 2 de la colección de 6 Conciertos op 11 editada por Vivaldi en 1729. Seguramente es la perla del conjunto. Su disposición es pecfectamente equilibrada: los tres movimientos preceptivos -dos Allegros enmarcando un tiempo lento central, aquí Andante- presentan pareja duración. La escritura muestra no sólo la originalidad característica del gran Vivaldi, sino síntomas de progreso en cuanto a la modernización de la forma concerto en lo que se refiere a la relación entre el solista y el tutti. Cabe observar un atractivo eco del Otoño de Las cuatro estaciones en el Allegro final de este espléndido Concierto en Mi menor.



Gioacchino ROSSINI (1792-1868):
Sonata a quattro nº 3, en Do mayor

El maestro de Pésaro, nacido al año siguiente de la muerte de Mozart, es referencia inicial del belcantismo romántico y un operista cuyas obras cubrieron, con éxitos que encumbraron al autor, los primeros lustros del siglo romántico. Nuestro músico comenzó a componer óperas en 1806, a los catorce años de edad, pero en 1803, a los once, Gioacchino Rossini ya había mostrado una rara capacidad para la práctica musical en cualquiera de sus facetas. Así, en el verano de 1804, el jovencísimo Rossini escribió seis Sonate a quattro, para dos violines, violonchelo y contrabajo, destinadas a ser regalo de cumpleaños para Agostino Triossi, un rico comerciante que ayudó por aquel tiempo a los Rossini y que vivía en Conventello, pueblecito próximo a Ravenna. Muchos años después, el maestro Rossini se referiría irónicamente a aquella experiencia con simpáticas palabras: ... “las partes del primer violín, segundo violín, violonchelo y contrabajo para seis horrendas sonatas compuestas por mí en la casa de campo de mi amigo y protector Agostino Triossi, en la más temprana edad, cuando ni siquiera había recibido una lección de bajo cifrado. Todas fueron compuestas y copiadas en tres días y ejecutadas del modo más aparatoso por Triossi, contrabajo; Morini (su primo), primer violín; el hermano de éste, violonchelo; y el segundo violín por mí mismo que, a decir verdad, fui el menos tremebundo”...
Aquí disfrutaremos de la tercera de ellas, en Do mayor que, como todas sus hermanas, propone tres movimientos con la alternancia rápido-lento-rápido. El tiempo final -que se indica Moderato en la partitura- es un sencillo ejemplo de tema con variaciones, una de las cuales, por cierto, está especialmente dedicada al festejado Triossi, pues exige al contrabajo más de lo habitual... ¡qué mal trago debió pasar el bueno de Agostino intentando dar las notas! De principio a fin, se trata de música literalmente encantadora, fresca y espontánea, tan sencilla como demostrativa de un talento musical innato realmente excepcional.



Luigi BOCCHERINI (1743-1805):
Sinfonía en Re menor, op 12, nº 4, G 506, "La casa del diablo"

Nacido en Lucca, virtuoso del violonchelo, concertista desde los 13 años, con señalados triunfos en Roma, Viena y París, Luigi Boccherini vino a España en 1768 y se quedó en la Corte para trabajar al servicio del infante don Luis, hermano de Carlos III, a cuya muerte tuvo que buscar el compositor acomodo y otros apoyos. Boccherini fue un artista de alta inspiración que, en alguna de sus obras más difundidas, acertó plenamente a plasmar el ambiente de los salones y de las calles de Madrid escribiendo música que sin duda constituye la mejor ilustración sonora para los cuadros costumbristas de su genial coetáneo: Goya. Por lo demás, coincidió en fechas con su admirado Haydn en cuanto a la fijación de las formas del género cuartetístico, mérito que no siempre se le reconoce y que, entre nosotros, subrayó por vez primera José Subirá.
Su Sinfonía en Re menor es la cuarta de las seis que compuso y agrupó para la edición en 1771, esto es, en el primer tramo de una estancia en España que, por entonces, seguramente él no suponía que iba a ser para siempre. La obra fue publicada en París, y el manuscrito, que estaba la casa madrileña de sus descendientes, desapareció en un incendio en la guerra civil. En unas anotaciones del propio Boccherini se vio que el maestro italo-madrileño denominaba al último movimiento de esta Sinfonía en Re menor "Chacona que representa al Infierno y que ha sido hecha a imitación de la del maestro Gluck en El convidado de piedra". En efecto, el Allegro con moto con el que termina nuestra obra es casi una transcripción, con leves variantes, del último número del ballet Don Juan de Gluck, música que pretende representar la tensa aparición en casa del libertino, a la hora de la cena, de la estatua del Comendador a quien Don Juan había dado muerte tiempo atrás, así como la aparición de furias y diablos que llegan desde el infierno para llevarse consigo al altivo burlador. El clima "teatral" de este movimiento es reforzado por Boccherini con la propuesta de una introducción lenta que liga con el susodicho Allegro. Lo dicho explica el sobrenombre de La casa del diablo dado a esta Sinfonía, si bien el título no fue idea del autor.
Los dos movimientos anteriores son un Allegro assai (en el que el compositor recrea materiales propios: de la Sonata op 5, nº 4) que igualmente viene precedido por una introducción lenta y el central Andantino con moto. Toda la obra respira calidad y elegancia, virtudes que nunca faltaron en el trabajo de Boccherini. Bajo la influencia de las referencias "teatrales" del último movimiento, no han faltado comentaristas que extienden las mismas a la obra toda y, así, ven como música de expresión "estatuesca" el Andante sostenuto inicial, o interpretan como una serenata bajo el balcón de alguna dama conquistable el delicioso Andantino. Que cada uno vea lo que quiera, pero, sin necesidad de ver nada, todos coincidiremos en que lo que se escucha es música de gran calidad y encanto.



Alfred SCHNITTKE (1934-1998):
Sonata para violín y orquesta de cámara

"Me siento a la vez alemán, ruso y judío", decía el compositor Alfred Schnittke. Y con razón: Schnittke nació en Engels, junto al Volga, en el corazón de Rusia, hijo de un judío ruso que había nacido en Frankfort y de una rusa con inmediatos antecedentes familiares alemanes. A los doce años se trasladó con su familia a Viena, donde permaneció varios años y donde se despertó su inclinación musical, cuenta Jürgen Köchel que a propósito de un acordeón que le regalaron. Pronto empezó a estudiar piano y a hacer ensayos incipientes de composición. En 1948 se trasladó a Moscú, se formó como director coral y se integró en el Conservatorio, donde trabajó desde 1953 con Golubev y Rakov, entre otros maestros, y terminó sus estudios al acabar la década. Entre 1962 y 1972, Schnittke fue profesor en el propio Conservatorio moscovita. La situación político-cultural de la Rusia en la que Schnittke vivió su período formativo más importante no era el mejor caldo de cultivo para un joven aspirante a compositor. Interesado, naturalmente, por los grandes clásicos rusos del siglo -Stravinski, Prokofief, Shostakovich-, la Escuela de Viena fue para él objeto de estudio y, sus consecuencias más radicales -Boulez, Nono, Stockhausen-, una aspiración de conocimiento y de inquietud creativa. En esa amalgama, Schnittke trabajó intensamente buscando el lenguaje propio y pujante que se le reconoce internacionalmente desde que, en 1989, se estableció en Hamburgo y su música empezó a proyectarse con fuerza por las salas de concierto occidentales mientras él impartía clases de composición. Desde muy joven, Schnittke se interesó especialmente por el violín y tuvo una estrecha relación con grandes solistas, como Mark Lubotsky y Gidon Kremer. Su temprana muerte acabó con una de las voces más interesantes que se oían en Europa cuando acababa el siglo XX.
En 1968, Schnittke dedicó a Lubotsky dos obras: su segunda Sonata para violín y piano y una versión para violín y orquesta de cuerda (más clave) de la Sonata nº 1 que había escrito cinco años atrás con destino al mismo violinista: esta recreación orquestal de la primera Sonata es la música que aquí vamos a escuchar. Presenta cuatro movimientos, dos lentos en los lugares impares y otros dos más rápidos. Hay en su curso reflejos de la admiración que el joven Schnittke sintió hacia Shostakovitch, y hay también muestras del dodecafonismo que por entonces manejaba el compositor como herramiento de trabajo, con caracteres más próximos a la línea de Berg que a la de Webern: véase el "tema-serie" que expone el violín en el movimiento inicial. El tercer tiempo -Largo- es un magnífico ejemplo de moderna passacaglia, movimiento en el que Schnittke despliega su dominio de la técnica variacional partiendo de un tema celular de cuatro notas, a la manera de Shostakovitch en su trascendental Cuarteto nº 8 (obra de 1960 y que, sin duda, conocía Schnittke al abordar la composición de su Sonata en 1963)..., pero, atención, si Shostakovitch utilizó su tema-firma (D-S-C-H), Schnittke rememora a tantos compositores de la historia que rindieron íntimo homenaje a Bach reproduciendo su apellido en notas musicales: en efecto, la célula manejada por Schnittke en el tercer tiempo -y que también está presente en el final- es la formada por las notas Do-Si-Re-Do sostenido, que no son sino la transposición, un tono más alto, de las notas Si bemol-La-Do-Si natural, o sea, del tema B-A-C-H.



Giya KANCHELI (1935):
Una pequeña daneliada

Nacido en la URSS, concretamente en Tbilisi, capital de Georgia, Giya Alexandrovich Kancheli se formó y comenzó su carrera profesional en su ciudad natal, donde llamó la atención como compositor fértil e inspirado en el campo de la música incidental para ilustrar representaciones teatrales. Grandes obras dramáticas, desde los clásicos griegos hasta los autores del siglo XX, pasando por abundantes títulos de Shakespeare, recibieron música de Kancheli. A partir de 1991 se estableció en la Europa occidental, residiendo primeramente en Berlín y más tarde -desde 1995- en Amberes. El catálogo de Kancheli es amplio y vario, con notoria presencia de formas grandes, desde la sinfonía hasta la ópera, y ha merecido no solamente reconocimiento crítico, sino el apoyo de grandes directores y solistas de nuestros días: en la relación de intérpretes que han estrenado sus obras encontramos a Dennis Russell Davies, Mstislav Rostropovich, Kurt Masur, Yuri Temirkanov, Valery Gergiev, Yehudi Menuhin, Peter Serkin, Gidon Kremer, Yuri Bashmet, el Kronos Quartet...
Otra faceta de la plural dedicación musical del maestro Kancheli es la de compositor para el cine, campo en el que acaso lograra la mayor proyección como autor de la banda sonora de Kin-Dza-Dza, film de ciencia ficción y humorístico, todo un clásico de la cinematografía soviética, que se estrenó en 1986 y del que es director su compatriota y amigo el cineasta georgiano Georgy Danelia (o Daneliya). La obra que hoy vamos a conocer aquí -Una pequeña daneliada- fue escrita por Kancheli en homenaje a Danelia y, desde luego, aprovecha pasajes de la música cinematográfica previamente compuesta, lo que explica sus contornos amables, ligeros y hasta humorísticos. La página fue estrenada en Udine, el 3 de octubre de 2000, por Gidon Kremer y su Kremerata Baltica, quienes la pasearon inmediatamente, y con enorme éxito, por salas de concierto europeas y estadounidenses.


Astor PIAZZOLLA (1921-1992):
Tres tangos




La milonga y el tango simbolizan el núcleo de la música original del argentino Astor Piazzolla, nacido en Mar del Plata en 1921. Músico de sólida formación, discípulo de Alberto Ginastera en Buenos Aires y de Nadia Boulanger en París, Piazzolla, también consumado bandeonista, construyó su obra irrenunciablemente de cara a estas formas tradicionales de su tierra natal, elevándolas hasta las salas de concierto a través del bandoneón, la guitarra, el piano o tantas combinaciones camerísticas y hasta sinfónicas, sin excluir formas grandes como el oratorio o la opereta. Mientras que su valía musical está fuera de toda duda, se diría que su posición en la historia de la música fue inicialmente "inestable": demasiado culto para ser tenido por músico pop y demasiado popular para algunas salas de concierto... Pero el tiempo ha colocado en su sitio, desprovisto de etiquetas, a este gran músico empeñado en llevar a cabo una síntesis de dos mundos que se daban la espalda mientras él vivió: y, efectivamente, pocos artistas de la segunda mitad del siglo XX pueden representar tan bien como él la juntura de los mundos musicales "popular" y "culto": de hecho, Piazzolla colaboró a hacer difusa esa separación, haciendo prevalecer los criterios de calidad sobre los criterios "genéricos" o sociológicos.
La milonga del ángel, La muerte del ángel y Oblivion. La dos primeras piezas datan de 1962 en su primera redacción y forman parte de una "serie del ángel" que contiene al menos otras tres: Introducción al ángel, Tango del ángel y Resurrección del ángel. Y aún añadiría Piazzolla a su catálogo un Concierto del ángel. La milonga del ángel es música triste, extraordinariamente melancólica, llena de hondura sentimental. En cambio, La muerte del ángel es una página de corte más académico, en forma ternaria y simétrica, siendo la parte principal un admirable movimiento fugado. Ambas obras las tocó abundantemente el maestro Piazzolla con los grupos que formó, especialmente un quinteto y un noneto. Del mismo modo, Oblivion es un tango del que existen innumerables versiones instrumentales. Data de 1984 y fue escrita por Piazzolla con destino al cine: concretamente, forma parte de la banda sonora del film Enrico IV de Marco Bellocchio, con guión basado en el drama de Pirandello, que tuvo como intérpretes a Marcello Mastroiani y Claudia Cardinale. Las tres composiciones, delicadamente instrumentadas por el músico argentino para bandoneón (o acordeón) y cuerdas, casan muy bien y constituyen un tríptico de muy atractiva escucha.

José Luís García del Busto

Comentarios

sábado, 05 de mayo de 2007

Publicado por Invitado @ 20:14


Asistí ayer al concierto de los Virtuosos de Moscú en el Auditorio. Esta agrupación musical, dirigida por Spivakov, siempre me sorprende por su nitidez y lirismo interpretativo. Combina extraordinariamente la música clásica "de siempre" con la moderna.
Mis felicitaciones a los intérpretes, a la Universidad Politécnica de Madrid y a Intermón,... y al Auditorio Nacional.

M. Miras
Sonrisa

 

     

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