martes, 01 de mayo de 2007



Leonard Primrose, uno de los virtuosos de la viola de la primera mitad del siglo XX interpreta a al viola un arreglo del endiablado Capricho nº 24 de Paganini.

La viola tiene una reputación menor dentro de la cuerda pero se trata de un prejuicio arrastrado desde los orígenes de la orquesta moderna (s.XIX), cuando era asumida por violinistas en decadencia. Desde entonces ha ido ganado terreno hasta convertirse en el poeta de su grupo, asentado en la realidad de su magnífico cuerpo sonoro. La viola empasta a violines y violonchelos. Son cada vez más numerosos los virtuosos que han extendido sus límites expresivos y su futuro se anuncia espléndido.

Su poder expresivo es notable. De acento mas bien suave, recogido y algo melancólico, la viola se presta más a pasajes de poco movimiento que excesivamente rápidos. Entre las obras orquestales que tienen asignadas partes importantes figuran la Sinfonía Concertante de Mozart y el Poema Sinfónico de Richard Strauss «Don Quijote», ambas con carácter solístico, amén de otras muchas cuya relación resultaría excesivamente prolija.

Grandes compositores, clásicos. románticos y modernos, apreciando las cualidades sumamente emotivas de este instrumento han escrito importantes obras (conciertos, sonatas, suites, etc.), que justifican por sí solas la presencia del concertista de viola en los escenarios.

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