lunes, 21 de mayo de 2007
De Shakespeare a Mozart

Imagen


Kenneth Branagh explica las claves de su versión de La Flauta Mágica

Aclamado gracias a sus adaptaciones al cine de Shakesperare, Kenneth Branagh vuelve a reinterpretar la tradición con una personal versión de la ópera de Mozart La flauta mágica. El director ha trasladado la acción a la I Guerra Mundial además de optar por una estética oscura para enmarcar la historia, de la que mantiene sus elementos esenciales. “Lo más excitante era dejar volar la imaginación”, ha explicado el británico a El Cultural. Además, el compositor y crítico Tomás Marco nos da las claves del famoso singspiegel.

La ópera más popular que escribió Mozart, la deliciosa, disparatada y plagada de metáforas La flauta mágica vuelve a convertirse en una obra destinada a todas las clases sociales y generaciones de la mano de Kenneth Branagh, ese hombre que durante los 90 se convirtió en la portada de todas las revistas del mundo (y a un tris estuvo de volverse un remedo cultureta de Beckham) para desaparecer del foco en el momento exacto y centrarse en su virtud más incuestionable: el talento.Un talento que brilla como en las mejores ocasiones en su personal, arriesgada y visualmente arrebatadora adaptación de la ópera de Mozart, un proyecto que supone una novedad en la trayectoria del actor y cineasta ya que nunca se había atrevido con el género lírico por excelencia. Un reto en el que no ha estado solo, ya que además de contar con dos estrellas de la ópera del calibre de Lyubov Petrova y René Pape como protagonistas, se ha rodeado de un equipo técnico de primera fila, además de contar con un presupuesto de 27 millones de dólares.

Un trabajo de encargo

La filmografía de Branagh permite descubrir que su salto a la ópera es del todo lógico. El adaptador cinematográfico de Shakespeare más entusiasta de los últimos 20 años lleva lustros demostrando su amor por la tradición de la alta cultura y jugando con los cambios de tiempo (la acción de La flauta mágica transcurre en la I Guerra Mundial). Lo hizo trasladando Hamlet al siglo XIX o haciendo lo propio con Trabajos de amor perdido (también de Shakespeare), a los años 30. En este último filme, además, dio sus primeros pasos en el musical introduciendo números coreográficos sobre canciones de Cole Porter o Irving Berlin.

La Flauta Mágica va más allá ya que está cantada en un 90%. Según Branagh:
– Lo más excitante para mí era que el libreto original daba pie a dejar volar la imaginación. La ópera es un viaje hacia los lugares más oscuros y los más brillantes, una invitación olvidarse de las convenciones. Además, las interpretaciones de los actores son fundamentales. Los personajes están muy bien escritos y la trama requiere que las emociones y los sentimientos sean consecuentes.

“Todo ello obligaba a que hubiera una firme dirección actoral, un campo en el que estoy muy bregado gracias a Shakespeare”, explica Branagh, cuya obsesión por el dramaturgo va en serio, lo citó cinco veces durante la entrevista. En cualquier caso, la iniciativa de relanzar La flauta mágica como una obra fílmica fue del productor sir Peter Moores, un caballero británico que lleva décadas destinando enormes sumas de dinero a la promoción de las artes. Obsesionado con la idea de acercar las manifestaciones culturales más exquisitas a un público amplio, Moores (a través de su fundación) ha hecho traducir decenas de óperas al inglés para después comercializarlas fonográficamente.

–Cuando Mozart estrenó la ópera en 1791 también se saltó las normas tradicionales porque la escribió en alemán, cuando lo “correcto” era que se hiciera en italiano. Fue una decisión del músico y el libretista Emanuel Schikaneder y lo hicieron porque querían llegar a toda la sociedad de la época. La suya fue una apuesta radical, como la nuestra ahora. El inglés es hoy el idioma universal del cine y es una pena que una lengua pueda ser una barrera. Es lo que hubiera sucedido de haber mantenido el alemán.

El realizador ha contado con un colaborador de excepción para enmarcar la trama en la I Guerra Mundial y adaptar los estribillos al inglés. Se trata del ínclito Stephen Fry, que ya colaboró con Branagh al dar vida al protagonista de Los amigos de Peter.

Fry, uno de los actores, dramaturgos y hombres de la cultura más famosos de Gran Bretaña, ha redondeado su visión: “La I Guerra Mundial nos sirvió como referente estético e histórico pero lo que nos interesaba era la esencia de aquel tiempo, no tanto encajonar La flauta mágica dentro de un período muy concreto”. La visión de un paisaje desolado y brumoso fue la imagen que condujo a Branagh hacia la I Guerra Mundial: “Primero me vino a la cabeza ese paraje inhóspito en el que podía suceder cualquier cosa. Desde el primer momento tuve la idea de que la película podía ser el sueño, o más bien la pesadilla, del protagonista Tamino”.

Una aproximación realista

Branagh, seguramente debido a su formación teatral y no operística, quiso potenciar la parte dramática de la historia. “Estuve mucho tiempo ensayando con los actores, debía quedar muy clara la trama y las motivaciones de los personajes para que todo pareciera realista, dentro del surrealismo general del conjunto. Efectivamente, tenemos imágenes de hombres volando o las fantasías delirantes de Papageno, me apetecía explotar esa parte mágica. Pero el tono de la película es más crudo y menos fantasioso. Muchos han optado por potenciar la vertiente de cuento de hadas pero yo estaba más interesado en contar una historia humana, que del mismo modo que en un momento dado puede virar hacia la fantasía pura y dura, también puede hacerlo hacia el drama familiar, como es la relación entre la Reina de la Noche (la mala de la función) y su hija Pamina”.

Si Branagh quiso permitirse muchas licencias a la hora de situar la historia, su voluntad también fue permanecer muy fiel a lo que el llama “la esencia” de lo que quiso decir Mozart.

–La flauta es una metáfora poderosísima sobre el poder de la música, por una parte, y los anhelos del hombre de ver siempre cumplidos sus deseos. Su melodía es capaz de modificar el estado de ánimo de quien la escucha en función de los deseos de quien la toca.

Pero Branagh no se detiene aquí: “Lo que más me interesaba era la historia de amor de Tamino y Pamina, o más bien su evolución personal. Ellos realizan un viaje a través de la oscuridad para alcanzar la luz que es una metáfora sobre la propia experiencia de cada uno de nosotros al abandonar la infancia, superar la adolescencia y alcanzar la madurez. El filme avanza estéticamente de forma que quede más claro ese mensaje. Cada vez es menos oscuro, y la música va ganando en gravedad, peso y escala, hasta alcanzar esa maravillosa resolución musical en la que el conflicto termina y ganan los buenos sentimientos. Tal y como lo imaginó el propio Mozart”.

Cantantes y actores
El conflicto bélico sirve como contexto y metáfora a Branagh para presentar un universo basado en una lucha constante entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad. Un mundo de sombras en el que los protagonistas deberán encontrar su propio camino hacia la sabiduría y que el cineasta ha querido enmarcar en un contexto más amplio, la lucha de poder entendida como esencia de las relaciones humanas: “Las cosas han cambiado mucho desde la época de Mozart, pero las personas siguen siendo las mismas”, opina Branagh. “Una vez más, Shakespeare ha sido mi gran fuente de inspiración para presentar ese aspecto. La guerra, un tema que el dramaturgo trató en innumerables ocasiones, es un contexto apasionante desde el punto de vista artístico porque saca lo mejor y lo peor de cada persona. Allí vemos el heroísmo y la miseria, el conflicto en estado puro. Mi intención, como la de muchos otros artistas, también ha sido demostrar el espanto de la muerte en la contienda. La profunda tragedia que siempre significa la muerte de una persona. Es un mensaje que, por desgracia, sigue siendo necesario expresar”.

Uno de los retos a los que Branagh tuvo que enfrentarse sin duda fue contar para el reparto con cantantes de ópera, todos ellos novatos haciendo películas.

–Aunque la experiencia, con unas pocas excepciones, era limitada, el entusiasmo y la franqueza para con una nueva manera de trabajar no conocieron límites. El proceso del reparto fue vasto y agotador para los artistas. Cuando llegó el momento de los ensayos, vertimos mucho tiempo hablando del libreto, asegurándonos que habíamos explorado la psicología de los personajes, y sus relaciones, al detalle, incluso antes de empezar a cantar. Trabajamos duro para crear una atmósfera de sinceridad. Muchos no habían trabajado antes en una película; yo no había trabajado antes en ópera alguna. Todos éramos extraños en terreno extraño. Eso te hace vulnerable y te despierta el ansia por escuchar y aprender. Todos tuvimos mucho de ambas cosas”.

Los aficionados a la ópera encontrarán nombres conocidos. La soprano Petrova interpreta a la Reina de la Noche, y el eminente René Pape (considerado el mejo r bajo del mundo) a Sarastro, a ambos les han caído los personajes considerados más difíciles. En los papeles de la pareja enamorada, Tamino y Pamina, encontramos a dos nombres pujantes; Joseph Kaiser y Amy Carson.

SARDÁ FROUCHTMANN, Juan (Revista "El Cultural")
Publicado por jrtapia @ 8:00  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios