Artículo de Víctor M. Burell en "El Punto de las Artes" (18 a 24 de mayo de 2007)
LOS GRANDES ACIERTOS DE "LA POLITÉCNICA"
Recuerdo, hace casi cuarenta años, aquella imagen nerviosamente fulgurante que, con una cierta petulancia, llenaba el escenario del anterior "Teatro Real" para ofrecernos con su violín la impagable perfección de su sonido, la formidable elegancia de su estilo.
Vladimir Spivakov, hoy director de los
Virtuosos de Moscú, ha añadido a su excepcionalidad de solista el carisma musical que le convierte en un conductor de primera, cuidadoso de los más mínimos detalles además de artífice evidente de todo aquello que pretende con el análisis de las partituras.
Nada de lo mejor ha cambiado, solamente se ha visto enriquecido por una calma madura que no por ello interrumpe su espíritu de juego siempre juvenil. El programa, que la Universidad Politécnica nos ha regalado la noche del 4 de mayo en el Auditorio Nacional, nos corrobora mi afirmación al extenderse por un panorama poliédrico divertidísimo en el que Spivakov jugó sus dos "roles" (solista y director) de manera siempre original.
La limpieza del barroco de Vivaldi y Boccherini (
Concierto para violín y orquesta de cuerda, en Mi menor, Op. 11, n°2, RV 277 y
Sinfonía en Re menor, Op. 12, n°4, G. 506, "La casa del diablo", respectivamente) comenzarían demostrando la perfección estilística del sorprenden-te conjunto, para terminar la primera parte con el acierto juvenil de Rossini (
Sonata a quattro, n°3, en Do mayor), en la que se ratificara el ingenio con el protagonismo de la cuerda más grave.
La
Sonata para violín y orquesta de Cámara de Schnittke,
Una pequeña daneliada, para piano, violín y orquesta de cuerda de Kancheli y
Tres tangos, para acordeón y orquesta de cuerda de Piazzolla, finalizaron el satisfactorio programa coronado por la magnificencia de estos tres contemporáneos, por lo que hay que citar al acordeonista Nikita Vlasov como otro monumento musical a pesar de su juventud.
Pocas veces he disfrutado tanto con la integridad de un concierto, en el que quedaba bien claro que la buena música en ningún caso tiene edad, por lo que escucharla "así hecha" es abandonar clichés sobre unicidades históricas.
Víctor M. Burell