lunes, 28 de mayo de 2007

Publicado por jrtapia @ 8:05


Orfeón Donostiarra/Coro de la Radio de Suecia/Orquesta Filarmónica de Berlín/Claudio Abbado


Hijo al fin de un país sometido, dividido y en lucha, Giuseppe Verdi abrigaba un agudo sentido trágico de la vida. "¿Acaso la muerte no es todo lo que hay en la vida?", respondió cuando le criticaron que en "Il trovatore" hubiese tantas muertes.

La vida -parece haber querido sugerir el compositor- es dura, la felicidad pasajera, y la única certeza es la aniquilación final. En su llamado a las acciones nobles y generosas nunca pretendió que éstas no acabasen en sufrimientos, pero las ofreció como la mejor respuesta que podía dar a la muerte.

No obstante el sentimiento religioso que aparece como una constante insoslayable en sus óperas, gracias a su arraigado humanismo, su actitud frente a la fe cristiana no deja de ser un misterio.

Verdi fue siempre extremadamente reservado con sus sentimientos religiosos; nunca pudo definirse como un católico ortodoxo ni un ateo confeso. A Alessandro Manzoni -el poeta del "Risorgimento" que había profetizado "no seremos libres si no somos uno"- lo veneraba como a un artista sublime y un santo laico.

Así es como a la muerte de su admirado Manzoni, ocurrida en mayo de 1873 a los 89 años, Verdi, que aún disfrutaba del triunfo de "Aída", se apresuró a manifestar: "Ahora todo terminó y con él muere una de nuestras glorias más grandes, puras y sagradas".

Verdi, demasiado apesadumbrado, no asistió a los funerales pero una semana después dejó su refugio de Sant'Agata para honrar su tumba en Milán. Las grandes figuras de los años de lucha han ido desapareciendo una tras otra: el conde Cavour, Rossini, Massini, Manzoni, el Papa Pío IX y Temistocle Solera. Su escepticismo se ha acrecentado y reconoce su creciente soledad.

Por intermedio de Giulio Ricordi, el alcalde de Milán le sugiere la composición de una "Messa da Requiem" para ser ejecutada en el primer aniversario de la muerte de Manzoni. Verdi se hará cargo de los gastos de la edición y la ciudad de lo que demande la primera interpretación.

Durante sus vacaciones estivales con su esposa Giuseppina en París comienza a trabajar en el nuevo proyecto. Alessandro Manzoni (1785-1873), es el autor de "I promesi sposi" (Los novios, 1827-40), la más famosa de las novelas peninsulares anteriores a "Il gattopardo". Aunque narra una historia de amores rurales en la Lombardía del siglo XVII, su notorio localismo ejerció sobre los patriotas italianos la misma atracción que las primeras óperas de Verdi. La influencia de Virgilio se advierte particularmente en la descripción de los escenarios naturales así como en su amable y humana actitud frente a la vida. Por la combinación de sus afanes religiosos, sus formas románticas y su estilo realista, Manzoni desafía toda comparación con los grandes novelistas extranjeros.

Verdi dirigió el estreno de su "Requiem" para Manzoni el 22 de mayo de 1874 en la iglesia de San Marco de Milán, para lo que contó con un coro de 120 voces, una orquesta de cien músicos y Teresa Stolz (la primera Aída), María Waldmann, Giuseppe Capponi y Armando Maini como solistas vocales. La obra obtuvo un rotundo éxito y hubo una segunda ejecución tres días después en el Teatro de La Scala. Franco Faccio tuvo a su cargo otras dos ejecuciones posteriores. El mismo año el compositor dirigió siete ejecuciones en París y otras ocho al año siguiente, en ocasión de ser honrado por el gobierno francés con el título de comandante de la Legión de Honor.

Definir el "Requiem" de Verdi como la mejor de sus óperas con el mejor de sus libretos no sólo implica colocarle una etiqueta apresurada, sino también menoscabar sus reales méritos como obra devocional de excepcionales características. Para algunos "es una prepotente profesión de fe católica"; para otros es un Requiem insólito: "agnóstico, dramático y popular".

Teatralidad y secularidad eran para la Iglesia preconciliar incompatibles con el estilo musical apropiado al servicio divino. Sin embargo, las misas de Palestrina no se conciben sin la influencia del madrigal secular, ni las Pasiones de Bach sin el aporte de la ópera italiana y las grandes misas de Haydn y Mozart sin su encuadre dramático, sus brillantes atavíos y sus brillantes allegri.

Hoy en día, el creciente consenso del que goza ha disipado virtualmente las dudas sobre el valor estético del Requiem de Verdi que -aunque bien característico del estilo de su autor- no es más una "ópera en ropaje eclesiástico" (según el director Hans von Büllow) que otras expresiones sacras de los grandes maestros.

El texto litúrgico de la Misa de Difuntos es de por sí drama puro y cada una de sus frases tiene una fuerte carga emocional. En el caso de la obra verdiana las palabras latinas se ajustan con total eficacia a la música, cuya honda expresividad compensa con creces ciertas posibles debilidades del tratamiento técnico. Ningún otro compositor, salvo Berlioz, ha trazado como Verdi un cuadro más vívido del "Dies Irae" ni uno más potente que el "Rex tremenda majestatis".

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viernes, 07 de septiembre de 2007

Publicado por Invitado @ 2:01


ME PARECE PERFECTO QUE HAYAN ELEGIDO ESTA OBRA PARA LOS FUNERALES DE PAVAROTTI

 

     

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