jueves, 14 de junio de 2007

Grabación del recital que tuvo lugar en París (19 de diciembre de 1958), bajo la dirección de Georges Sebastian.


La acción de esta hermosa ópera tiene lugar en las Galias, durante la época de la ocupación romana, alrededor del año 50 A.C.

Hasta el roble sagrado llega en procesión el pueblo galo, seguido de los druidas, a cuyo frente viene su jefe, Oroveso, padre de Norma. Todos piden a los dioses que les conceda la victoria sobre los romanos y su retirada del país. Entran ahora Pollione y Flavio, oficiales romanos. Pollione, que ha mantenido relaciones ilícitas con Norma, gran sacerdotisa druida, y con la que ha tenido dos hijos, dice que ahora ama a una joven virgen del templo, Adalgisa. En una aria,"Meco all'altar di Venere" ("Conmigo al altar de Venus") presiente la venganza de Norma, mientras que, en la distancia, se oyen los cantos rituales de los druidas.

Se retiran los romanos y vuelven los druidas, que dan la bienvenida a Norma, la cual anuncia proféticamente la caída de Roma. Después, corta una rama del muérdago sagrado y dirige su plegaria a la Luna: "Casta diva", acompañada por Oroveso y el pueblo. En un aparte, expresa el amor que sigue sintiendo por Pollione. Después, la escena queda vacía.

"Norma", octava de las once óperas que escribiera Vincenzo Bellini, se estrenó el 26 de diciembre de 1831 en Milán. El triunfo de Norma fue imparable: en pocos años todos los teatros del mundo conocían la obra, incluso Nueva York (1841) y Buenos Aires (1849). El autor del libreto fue Felice Romani, colaborador habitual no sólo de Bellini, sino también de Donizetti y otros autores de la época conocida como del "bel canto", denominación que suele aplicarse a las obras vocales -en particular las arias- de las óperas italianas de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que tienen como característica principal su lirismo y dulzura, donde la melodía fluye suavemente, en contraposición a las arias de bravura que dominarán en períodos posteriores, hallando en el genio de Verdi su más alto exponente. En el "bel canto" se utiliza la fuerza expresiva de la voz, generalmente en tesituras muy agudas, para rivalizar con las sonoridades, en continuo desarrollo, que ofrece la orquesta. Además este tipo de canto, que podría denominarse protorromantico, participa del gusto neoclásico del período anterior, el clasicismo, lo cual exige un fraseo amplio, de gran impronta en los recitativos, capaz de trasmitir la atmósfera de la tragedia lírica.

"Norma" se encuentra, pues, en la confluencia de la tradición de la antigua ópera seria italiana y la evolución de la reforma de Gluck. Bellini compuso la obra bajo el influjo de Cherubini y Spontini, y, sobre todo de Rossini. Esta ópera cuenta, desde el punto de vista musical, con una cuidada instrumentación, además de una gran riqueza melódica. No es de extrañar, ya que con ello el compositor pretendía acallar las críticas crecientes sobre la excesivamente simple instrumentación musical de sus obras anteriores.

En los primeros cincuenta años del siglo XX "Norma" fue una ópera representada con escasa frecuencia y, si ocasionalmente llegaba a subir a escena, los documentos sonoros de la época ponen de manifiesto que lo hacía muy contaminada por el estilo de canto italiano predominante desde finales del siglo XIX: el verismo. En general, a finales del siglo romántico se fue perdiendo paulatinamente la tradición belcantista. Los cantantes de aquella época no estaban preparados, ni técnica ni estilísticamente, para menesteres belcantistas. Con excepción de Rosa Ponselle, de la cual por desgracia no se dispone más que de grabaciones fragmentarias, las grandes divas como Gina Cigna, Maria Caniglia o Zinka Milanov practicaban una aproximación o excesivamente verista, o demasiado romántica a esta ópera. En el siglo XX sólo tres sopranos han sabido y podido asumir el personaje de Norma tanto vocal, estilística como interpretativamente hablando: Maria Callas, Joan Sutherland y Montserrat Caballé, cada una de ellas con su estilo personal, pero todas fieles a la esencia de esta música: el belcantismo.

"Norma" debe ser cantada por grandes voces para lograr todo su efecto. Si bien las sopranos que abordan este rol siempre han sido calificadas de "prima donna assolutta" por la dificultad y el esfuerzo que supone darle vida, hasta la llegada de María Callas "Norma" no encontró su vehículo expresivo ideal. Amén de las capacidades vocales y técnicas de todos conocidas, la Callas dominaba a la perfección el recitativo clásico, e incluso sabía trasmitir a través del mismo ese aire trágico, de grandeza distanciada, de la gran sacerdotisa. La cantante greco-americana sabía moverse con extraordinaria propiedad y también con maravillosa fantasía sobre los tres planos expresivos que se pueden encontrar en esta ópera: recitativos, cantabiles y pasajes de fuerza, disponiendo para cada uno de ellos una voz distinta y siempre apropiada. La Callas ilumina u oscurece éste o aquél pasaje, logrando imprimir una gran variedad de acentos -trágico, doliente, melancólico, iracundo, abstraído, amoroso- que van cambiando de una escena a otra, diríase de una frase a la siguiente.

Publicado por jrtapia @ 8:09  | La Ópera
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