domingo, 01 de julio de 2007


El preludio, como forma musical, posee gran antigüedad y diversidad de significados. Esta denominación se puede aplicar a las representaciones dramáticas, a las obras religiosas y a la música puramente instrumental; pero en todos los casos se trata de una pieza breve, a manera de introducción a una obra de mayor envergadura, (oratorio, ópera, suite, etc.). Cuando un organista empezaba su actuación en los servicios religiosos o un pianista realizaba un recital, solían interpretar al inicio una obra que se titulaba “Preludio”, aunque en realidad se trataba de una “fantasía”.

Muzio Clementi (1752-1832) compuso para el piano una serie de “Preludios” y “Ejercicios” que sin lugar a dudas pudieron influir en la elección del título con que Chopin encabezó los “Veinticuatro Preludios” op. 28, de manera que sirvieran tal vez, como obra preliminar a la colección del estudios del Op. 10 y del Op. 25.

Este “álbum de bocetos”, escrito durante su estancia en un Monasterio Cartujo en Mallorca, forma parte de la música de carácter más intimista de Chopin. George Sand afirmaba: «Son obras maestras. Muchos de ellos me traen a la memoria visiones de monjes difuntos y ecos de los cantos fúnebres que acosan la imaginación de Chopin; mientras hay otros caracterizados por su melancolía y suavidad». Según el mismo testimonio, Chopin componía en las horas cálidas y saludables, inspirado en el tranquilo entorno monacal.

Sin embargo, hay opiniones críticas que contradicen la afirmación de George Sand. Por ejemplo, Julien Fontana, amigo del compositor, afirmaba que muchos preludios habían quedado compuestos antes que Chopin y George Sand emprendieran su viaje en otoño de 1838, ya que estando en París (antes de partir hacia Mallorca) había recibido un anticipo de quinientos francos por parte del editor Pleyel, quien una vez finalizado y entregado el manuscrito pagaría, según lo acordado, mil quinientos francos restantes. Hay quienes afirman que con ese adelanto monetario, Chopin habría costeado el viaje a Mallorca, pero no deja de ser una hipótesis. Hay un detalle más, no menos importante: al parecer de algunos investigadores, los Preludios en “la menor Nº 2” y “en re menor Nº 24”, habrían sido compuestos en 1831 como “preludios revolucionarios”; si a ello sumamos que durante esa estadía en la isla mediterránea, el compositor polaco escribió también una Balada, un Scherzo, Polonesas y Mazurcas, es poco probable que en sólo quince días hubiese escrito integralmente los “Preludios”, conociendo la lentitud con que habitualmente componía y cuán crítico era Chopin de sí mismo. Es probable que los “Preludios” hubieran sido escritos en Francia y corregidos en la Cartuja. En todo caso lo cierto es que los manuscritos completos fueron entregados a Pleyel en 1839.

Estas miniaturas musicales son veinticuatro en total, y los dos mencionados como “revolucionarios” constituyen parte angular de la serie. La colección muestra toda la grandeza y las características de las composiciones chopinianas. Cada preludio fue escrito en una de las veinticuatro tonalidades mayores y menores, siendo en ese sentido un homenaje a Johann Sebastian Bach y su "Clave bien temperado". La ordenación de las veinticuatro piezas, fue fijada de forma que los números impares correspondan a la serie de quintas y los números pares, a los tonos paralelos.
Publicado por jrtapia @ 8:05  | Formas musicales
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