La soprano Beverly Sills ha fallecido el pasado lunes, 2 de julio, en Nueva York, víctima de un cáncer de pulmón.
Beverly Sills (Belle Miriam Silverman) nació el 25 de mayo de 1929 en Brooklyn, Nueva York. Inició su carrera profesional a los cuatro años, actuando principalmente en programas de radio como pequeña cantante prodigio. Estudió canto con Estelle Liebling (1880-1970), alumna a su vez de Matilde Marchesi, quien fue una de las principales continuadoras de la tradición de Manuel García en EEUU. En su adolescencia Beverly Sills fue también una destacada intérprete de operetas de Gilbert y Sullivan.
Su debut operístico tuvo lugar en la Civic Opera de Filadelfia en 1947 como 'Frasquita' en Carmen de Bizet y en los meses siguientes formó parte de una compañía de ópera itinerante. Se presentó por primera vez en San Francisco en 1953 ('Helena de Troya' en el Mefistofele de Boito) y en la New York City Opera en 1955, con Die Fledermaus de Johann Strauss II, aunque su primer éxito le llegó como 'Cleopatra' en el Giulio Cesare de Haendel.
Casada en 1956 con el periodista Peter Greenough, en los años siguientes el matrimonio tuvo dos hijos con problemas congénitos de salud, lo que hizo que Beverly Sills redujera sus actuaciones durante varios años para dedicarse a ellos, y durante toda su vida dedicara numerosos esfuerzos a asociaciones que ayudaban a niños con problemas de nacimiento y a la investigación sobre este tema.
Su debut europeo tuvo lugar en Viena en 1967 y en los años siguientes desarrolló una carrera internacional que le llevó a los principales teatros europeos, aunque siempre conservó su actividad principal en EEUU, especialmente en Nueva York, por lo que es considerada la "Reina americana de la ópera".
Se retiró como cantante en 1980, aunque siguió desarrollando una importante labor como gerente: entre 1979 y 1989 dirigió la New York City Opera, en 1994 se convirtió en chairman del Lincoln Center de Nueva York, y entre 2002 y 2005 del MET.
Adiós a Beverly Sills
Enrique Sacau
Las dos primeras imágenes que me vinieron a la cabeza cuando me enteré de la muerte de la soprano Beverly Sills fueron muy distintas entre sí. Primero pensé en ella cantando Roberto Devereux de Donizetti. En concreto, recordé a Sills cantando la stretta “Va, la morte sul capo ti pende”, en que condena a muerte al tenor, del que está trágicamente enamorada. Como Isabel I, Sills hacía gala de las virtudes artísticas que la han convertido en una leyenda operística. Por un lado, una capacidad para la coloratura y los agudos más que notable. Y por otro, una voz con un cuerpo, un color broncíneo y unos graves que a menudo no se asocia a las sopranos ligeras. Junto a esta combinación de ligereza y potencia, que la hicieron casi única y le permitieron cantar papeles de peso, estaba su entrega como actriz. Su rostro, sus manos y su andar impetuoso se unían a la voz para convertirla en una diva de ópera de los pies a la cabeza.
La segunda imagen que recordé al enterarme de su muerte fue la de Sills en el programa de los Teleñecos (The Muppet Show). Allí estaba la soprano más famosa de los Estados Unidos vestida de tarta de bodas siendo recibida por la rana Gustavo y compitiendo en agudos ni más ni menos que con la cerdita Peggy en un duelo wagneriano de época. El sentido del humor de que Sills hace gala en esta ocasión es prueba de su capacidad para reírse no sólo en las óperas cómicas que interpretó, sino haciendo burla de sí misma, o más bien, de su condición de diva operística, como demostró en incontables ocasiones en programas televisivos o espectáculos teatrales que son bien conocidos por el público estadounidense.
No puedo despedirme de ella con más cariño que con estos dos vídeos de Roberto Devereux y The Muppet Show que son para mí la mejor expresión de su talento.