jueves, 12 de julio de 2007

Publicado por jrtapia @ 8:00


Renée Fleming, soprano
Filarmonía Alemana de Cámara de Bremen/Trevor Pinnock, director



Esta Misa K. 427, que Mozart dejara incompleta, deudora de Bach y sobre todo de Haendel, está prevista para coro, cuatro solistas vocales (entre ellos las dos sopranos, que llevan la voz cantante), dos trompetas, dos trompas, tres trombones, timbales, flauta, dos oboes, dos fagotes, cuerda y órgano. Surgida como agradecimiento por su matrimonio con Constanze, es de dimensiones considerables, más que otras misas de Mozart, por lo que es fácil pensar que la idea original era componer algo grande. Por razones no del todo conocidas, llegado a un punto Mozart abandonó la partitura y nunca más volvió a ella. La segunda parte del "Credo" y el "Agnus Dei" no se llegaron a componer. De la primera parte del "Credo" quedan fragmentos lo suficientemente completos para poder ser interpretados según las intenciones del compositor como, por ejemplo, la famosa aria para soprano coloratura "Et incarnatus est" (119 compases).

Después de esta obra de 1783, Mozart no compuso más música eclesiástica hasta el "Ave Verum Corpus" K.618 de 1791 aunque sus dos composiciones masónicas, "Die Mauerfreude" K.471 y "Maurerische Trauermusik" K.477 sean música devocional. Curiosamente las dos grandes obras corales de Mozart, la Misa en do menor y el Requiem final, quedaron incompletas dando pie a que los musicólogos se planteen todo tipo de reconstrucciones, revisiones y versiones.

En la Misa en do menor, confeccionada por aditamento entre muchos otros trabajos, hay ejemplos de notable sapiencia contrapuntística al lado de arias de coloratura. Particularmente impresionan los fragmentos corales, como el "Kyrie", el comienzo del "Gloria", la intensidad del "Gratias" y el severo cromatismo del "Qui tollis", coronados por el fervor, la plenitud y el virtuosismo vocal del “Cum sancto spiritu” con sus hazañas de doble contrapunto.

Del "Sanctus" son particularmente notables los Osanna finales.
Las sopranos solistas tienen tareas de gran responsabilidad en esta obra. En el vídeo Renée Fleming muestra su bellísima línea de canto, su mórbido timbre vocal y su hondura, venciendo exitosamente los escollos de tesitura del “Laudamus te” (con cuyas enormes exigencias debió debutar Constanza en Salzburgo), .

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