sábado, 14 de julio de 2007










1. Molto moderato
2. Andante sostenuto
3. Scherzo. Allegro vivace con delicatezza
4. Allegro ma non troppo

A pesar de la corta vida de Franz Schubert, existe una inmensa evolución en su obra pianística, desde los pequeños Valses y Danzas hasta las últimas tres sonatas D 958, 959 y 960, que son la cumbre de su producción en ese género. También realizó verdaderos logros expresivos en algunas sonatas intermedias, como las sonatas D 537, opus. 143 y opus 42 (todas ellas “casualmente” compuestas en la menor, como la Sonata Arpeggione) y la Gran Sonata-Fantasía en Sol Mayor. Algunos de estos valses son de una simplicidad armónica extrema. ¿Cómo es posible escribir semejante música con tan pocos medios? La respuesta a este resultado, si se puede dar alguna que no sea su genialidad, consistiría en una capacidad enorme para crear melodías absolutamente conmovedoras y, al mismo tiempo, encontrar los colores armónicos que mejor expresaban esos sentimientos.

Aunque mucha de su música fue creada para ser interpretada “ en sociedad”( las famosas “Schubertiadas”), casi nunca expresa lo externo de ese ambiente social, porque Schubert nunca quiso salir de su pequeño círculo de familiares y amigos, y hubiera necesitado una mayor estabilidad personal y económica para experimentar la alegría del triunfo. Quizá por ello, su música habla más de lo eterno, como en el primer movimiento de esta sonata y en el Andante sostenuto que sigue, una de las melodías más bellas de la Historia de la Música. Sin embargo, en el Scherzo, como ocurre en la Sonata op.10 nº 3 de Beethoven, la alegría que surge después de la desolación del movimiento lento no es la alegría de una persona que ha encontrado su sitio en el mundo y en la sociedad que le rodea, sino la del individualista feliz de sentirse vivo y y en paz con la Naturaleza. En este vídeo tenemos la gran suerte de contar con un intérprete de excepción como es Alfred Brendel. Al observar la personalidad musical de Brendel hallamos tanto al infatigable explorador del repertorio pianístico, que domina en toda su amplitud, como al poseedor de las cualidades del Artista con mayúsculas: una mano maestra musical y pianística, un sonido de excepcional belleza, producto de una inteligencia, una sensibilidad y un oído enormemente receptivos, y un alma noble capaz de identificarse de forma plena con los sentimientos de la música que interpreta.
Publicado por jrtapia @ 8:00  | El piano
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