lunes, 16 de julio de 2007

Publicado por jrtapia @ 8:00


Artur Rubinstein, piano


La música de Johannes Brahms fue un fenómeno único en su época, ya que no siguió las tendencias de sus coetáneos, impuestas por Liszt y Wagner. Admirador de los grandes maestros de la antigüedad (poseía una gran biblioteca de manuscritos), fue uno de los últimos representantes de la era clásico-romántica alemana. Era intransigente en cuestiones estéticas, y por ello rechazó el uso indiscriminado de nuevos efectos armónicos y cromatismos, reservándolos sólo para subrayar matices internos de sus obras. A diferencia de sus contemporáneos, sus miradas se dirigían al pasado, sin detenerse en Bach, sino remontándose incluso a los polifonistas del Renacimiento y a los orígenes medievales del Lied alemán. Paradójicamente, este factor es quizás la base de su importancia como compositor. Arnold Schoenberg lo vió de esta manera, y reclamó para Brahms el título de “vanguardista”, a pesar de las controversias entre los defensores de la “música del futuro” (Wagner y Liszt ) y los defensores de las grandes formas sinfónicas heredadas del Clasicismo.

Asimismo, Brahms fue un colorista destacado. Por ello, a pesar del esplendor de sus sinfonías y conciertos, sus tres géneros preferidos fueron de caracter intimista: el piano, la música de cámara y el Lied. Nunca abordó el “poema sinfónico” (predilecto de sus contemporáneos), ni la ópera.

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