Richard Strauss (1864-1949)
Morgen! (¡Mañana!) Op.27/4
Texto de John Henry Mckay (1864-1933)
Und morgen wird die Sonne wieder scheinen,
Und auf dem Wege, den ich gehen werde,
Wird uns, die Glücklichen, sie wieder einen
Inmitten dieser sonnenatmenden Erde . . .
Und zu dem Strand, dem weiten, wogenblauen,
Werden wir still und langsam niedersteigen,
Stumm werden wir uns in die Augen schauen,
Und auf uns sinkt des Glückes stummes Schweigen. . .
Y mañana el sol volverá a brillar;
y por la senda que recorreré
nos unirá de nuevo, dichosos,
en medio de esta tierra transida de sol…
Y hacia la vasta playa de olas azules
descenderemos lenta y silenciosamente;
mudos nos miraremos a los ojos
y el silencio de la dicha se apoderará de nosotros.
La obra de Richard Strauss suele dividirse en tres períodos. Las composiciones del primero (1880-1887), poco interpretadas en la actualidad, presentan una considerable influencia de los maestros clásicos y románticos y son de una gran perfección. Entre ellas se cuentan la Sonata para violonchelo y piano (1883), Burleske para piano y orquesta (1885) y la fantasía sinfónica 'Aus Italien' (1887).
En su segundo período (1887-1904), en el que logra una gran maestría en el arte de la orquestación, Strauss crea numerosas obras que han quedado en el repertorio. Logra perfeccionar el poema sinfónico, forma romántica introducida por Liszt, y emplea la técnica del 'leitmotiv' (uso de temas recurrentes con asociaciones extramusicales específicas), desarrollada previamente por Richard Wagner. También introduce importantes innovaciones de tipo armónico y de instrumentación, ampliando así las posibilidades expresivas de la orquesta sinfónica moderna. Entre las obras de este período se encuentran Don Juan´´ (1888), 'Macbeth' (1890), 'Muerte y transfiguración' (1890), 'Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel' (1895), 'Así habló Zaratustra' (1896), 'Don Quijote' (1897) y 'Una vida de héroe' (1898).
Al último período (1904-1949) pertenecen sus óperas, consideradas entre las más importantes del siglo XX. A raíz del éxito de la primera, 'Salomé' (1905), Strauss se asoció con el poeta y libretista austriaco Hugo von Hofmannsthal, con el que produjo sus mejores óperas como 'Elektra' (1909), 'El caballero de la rosa' (1911), 'Ariadna en Naxos' (1912, revisada en 1916), 'La mujer sin sombra' (1919), 'Elena egipcíaca' (1928) y 'Arabella' (1933). Tras la muerte de Hofmannsthal, Strauss continuó escribiendo óperas colaborando con otros libretistas, aunque con menor éxito; entre ellas pueden citarse 'La mujer silenciosa' (1935), 'Daphne' (1938) y 'Capriccio' (1942). Strauss también compuso más de 100 canciones, algunas como Dedicatoria (1882-1883) y ¡Mañana! (1893-1894) de calidad excepcional. Otras de sus obras son el ballet 'La leyenda de José' (1914), la 'Sinfonía doméstica' (1904) y la 'Sinfonía alpina' (1915), además de sus 'Cuatro últimas canciones' (1948).