En su ópera 'Fausto' Charles Gounod se alejó del drama de Goethe, cuyo demonismo en ningún momento se expresa en la música. Pero Gounod es un gran melodista, mantiene una espléndida línea de canto y su técnica orquestal es brillante. Muchas partes de su ópera se hicieron inmediatamente muy populares y siguen siéndolo hoy día por su belleza y su fácil comprensión. Es la música indicada para una 'grand opéra', muy efectiva, con sonidos embriagadores.
La gestación de 'Fausto' tuvo inconvenientes, porque poco antes de su terminación se estrenó en París un melodrama sobre el mismo tema. Gounod no tuvo más remedio que interrumpir su trabajo. El director del teatro le propuso otro libreto, que Gounod no aceptó, reanudando la composición de su ópera poco después. Una vez finalizada la hizo representar en el Théatre Lyrique de París el 19 de marzo de 1859. El público la recibió con frialdad, la encontró «demasiado alemana». De hecho, el éxito mundial de la obra comenzó más allá del Rhin, donde se representó muy pronto en todos los escenarios alemanes con el título de 'Margarethe'. Diez años más tarde, Gounod revisó su ópera: reemplazó los diálogos originales por partes cantadas e introdujo en la partitura un impresionante coro de soldados. 'Fausto' se convirtió en un «clásico» de la ópera francesa en todo el mundo, en Estados Unidos desde 1863 y en España desde 1864.