Hay música alegre, triste, rítmica, pausada, que te puede entusiasmar, que puedes ignorar; hay música para relajarse, para activarse, para escuchar en casa, en el metro…
Hay música que pondrías en una fiesta, música que recomendarías a tus amigos, música perecedera, o música que sabes que te acompañará toda tu vida.
Los nocturnos de Chopin (sobre todo los cuatro primeros) entrarían dentro de esta última categoría. Es difícil expresar con palabras lo que Chopin dibujó de manera insuperable con notas: tristeza, alegría, vida, dolor, nostalgia. Todo, absolutamente todo, está en los nocturnos.
No son recomendables, son imprescindibles.