Vissi d’arte, vissi d’amore,
non feci mai male ad anima viva!
Con man furtiva
quante miserie conobbi aiutai.
Sempre con fè sincera
la mia preghiera
ai santi tabernacoli salì.
Sempre con fè sincera
diedi fiori agl’altar.
Nell’ora del dolore
perchè, perchè, Signore,
perchè me ne rimuneri così?
Diedi gioielli della Madonna al manto,
e diedi il canto agli astri, al ciel,
che ne ridean più belli.
Nell’ora del dolor
perchè, perchè, Signor,
ah, perchè me ne rimuneri così?
Con una tesitura de soprano, María Callas afrontó una amplia gama de papeles, desde el "bel canto" al de soprano dramática. Su tipología vocal era muy peculiar y dificil de clasificar, tanto por su particular timbre de voz, que no era bello según los cánones de belleza de la época, como por sus agudos a veces chillones y graves asperos pero con una sorprendente capacidad de matizar. Todo ello ha llevado a algunos críticos a considerarla como "soprano sfogato", una clase de cantante-actriz dramática pero capaz de ejecutar agilidades, siendo heredera directa de Giuditta Pasta, la musa de Vincenzo Bellini. Permanece en el recuerdo como una de las mayores cantantes del siglo XX, por su capacidad de dotar de vida a los personajes que interpretaba de forma magistral siendo muy atractiva en escena, muy magnética.
Maria Callas es sin ninguna duda la más famosa cantante de la segunda mitad del siglo XX. Su reputación no obedece sólo a razones artísticas. Su vida privada y su relación con Aristóteles Onassis, hicieron que ocupara portadas de la prensa sensacionalista cuando su carrera estaba prácticamente terminada. En realidad, después de iniciar su relación con Onassis, su carrera entra en una etapa de declive. Más allá de anécdotas sin interés, se olvidaba todo lo que había aportado al género lírico en una época en la que el público empezaba a alejarse de los espectáculos convencionales y rutinarios. Los grandes éxitos de su carrera, que le garantizan uno de los lugares más importantes en la historia de la ópera, tuvieron lugar antes de su relación con Onassis. Su técnica, trascendente, le permitió abordar distintos estilos.
Sus grandes creaciones, sin duda, fueron los papeles principales de Norma, Traviata, Lucia, Tosca, Macbeth, La Gioconda, Trovatore y Sonnambula. No se abandonaba a un virtuosismo gratuito, sino que trataba de hacer la música más expresiva y restituir a las partituras su verdad musical y su verosimilitud dramática, utilizando para ello cualidades y defectos de un timbre de voz cuya pureza no era de primerísima calidad. Fue una de las primeras cantantes que demostró que en la Ópera se podía hacer una interpretación como en el teatro o en el cine, y utilizar el físico además de la voz. De los dos papeles que ha marcado para siempre, Norma y Tosca, hizo auténticas creaciones. Y todo ello gracias a una intuición artística infalible, que se apoyaba en un gran trabajo y sacrificio.