martes, 14 de agosto de 2007
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Jesús Reina y Valery Gergiev ayer en El Escorial


José Ramón Tapia
(AUDICIÓN Y APRECIACIÓN MUSICAL)


Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, 13 de agosto de 2007
Piotr Ilych Chaikovsky (1840-1893)
Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op. 35
Jesús Reina, solista

Igor Stravinsky (1882-1971)
La Consagración de la Primavera

Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo
Valery Gergiev, director


En el día de ayer ha tenido lugar la brillante clausura del Festival Lírico Internacional de El Escorial, desarrollado entre julio y agosto de 2007. La Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo dirigida por Valery Gergiev ofreció un programa en cuya primera parte se interpretó el “Concierto para violín” de Chaikovsky, con el joven talento malagueño Jesús Reina como solista.

Reina, a pesar de su juventud, cuenta ya con una espléndida tarjeta de visita: su grabación de la obra completa para violín y orquesta de Jesús de Monasterio, uno de los semiolvidados padres de la escuela violinística española, realizada en 2006, así como diversos recitales (Londres, Salzburgo, Madrid, Barcelona, Nueva York) y conciertos (OBC/Eiji Oue; Sinfónica de RTVE/Adrian Leaper).

Jesús Reina tiene en la actualidad veinte años. Ha estudiado desde la infancia con grandes maestros, como Yehudi Menuhin o José Luis García Asensio. Ahora mismo es discípulo de Pinchas Zukerman en la Manhattan School of Music de Nueva York, institución que le ha prestado un violín Stradivarius. Ayer, al interpretar con este instrumento la celebérrima obra de Chaikovsky, mostró un sonido con acusada personalidad y una técnica capaz de superar las temibles exigencias de esta partitura. La espontaneidad de Reina es desbordante, así como la frescura de su sonido, quizá como resultado de haber forjado el oído durante sus inicios en el folclore, pues tocaba verdiales con su abuelo en Málaga cuando sólo tenía cuatro años ¡en un violín tres cuartos!

Este inquieto artista mantiene puntos de vista muy claros en relación al momento actual de la música española. En su opinión, en nuestro país, “hace falta un cambio de mentalidad y de eso que dicen los americanos: aproach; creer en lo que se hace. ¿Por qué doy un concierto? Porque dedico seis horas diarias a trabajar con un instrumento. ¿Para qué dar vida a los grandes del pasado?... Creo haber encontrado la respuesta: por amor al arte, frente a la búsqueda, a toda costa, de la fama, como vemos en la televisión”.

Refiriéndose a su maestro actual, dice: “Él me ha ayudado a encontrar el sonido y la técnica para que todo lo que tengo dentro salga”. Admira a su maestro por encima de todo: “No hay comparación. El sonido de Zukerman es tan personal, tan puro como la naturaleza”. Precisamente, eso es lo que cree que falta en la actualidad: “Resulta muy difícil reconocer a través de un sonido quién está detrás, ya que sólo se busca la perfección, no fallar una nota. Oigo a cincuenta intérpretes y no se puede decir quién es mejor”. Lo mismo pasa con las orquestas. “Cada interpretación ahora es un compromiso. Algo de lo que dice el solista, el director y la orquesta. Es más democrático, pero yo prefiero el estilo de Toscanini: batutazo, pero con una personalidad única”. Desde luego que ayer pudo salir satisfecho en este sentido, pues la labor de acompañamiento de Gergiev al frente de la orquesta fue impecable. El público, que llenaba completamente la sala, aplaudió con mucho calor a solista, orquesta y director. Ante tal cantidad de ovaciones (Jesús Reina tuvo que salir a saludar varias veces) se echó en falta una propina.

En la segunda parte del concierto se interpretaba la música de “La Consagración de la Primavera”, de Igor Stravinsky. Este ballet fue estrenado en el Teatro de los Campos Elíseos (París) en 1913, con el famoso escándalo que protagonizara el público asistente. De él formaba parte Manuel de Falla quien, años después, publicaría en “La Tribuna” de Madrid cómo los músicos “de mala fe y los rutinarios” se desquitaron del éxito inmenso que había conseguido Stravinsky en París con su ballet “Petrushka”, estrenado por los Ballets Russes de Diaghilev en 1911: “Aquella rabia concentrada estalló desde las primeras páginas de la obra y fue ‘in crescendo’ hasta el final de la representación. El hecho se repitió tantas veces como se hizo el ballet; pero el teatro estaba siempre lleno y el número de defensores aumentaba de día en día. Entre éstos y los detractores se armaban verdaderas batallas campales […]. Pasó un año y ‘La Consagración de la Primavera’ hizo su reaparición en París, pero no como espectáculo sino en concierto. El triunfo fue grande, clamoroso; la injusticia, largamente reparada […]” (‘El gran músico es nuestro huésped. Igor Stravinsky’, "La Tribuna", 5-VI-1916). Desde aquella fecha hasta hoy, el éxito ha acompañado siempre las interpretaciones de “La Consagración” y esta obra se ha convertido en una de las referencias musicales absolutas del pasado siglo.

Al frente de la orquesta, sin podio y también sin batuta, Gergiev trazó ayer una versión de la magna obra de Stravinsky auténticamente para recordar: memorable. Su trabajo estuvo caracterizado por un dominio completo de todos los recursos orquestales, logrando extraer, hasta exponerlos claramente en primer plano, todos los aspectos tímbricos y, especialmente, rítmicos, de la genial y rompedora obra. Gergiev transformó el primitivismo de sus temas populares rusos en algo absolutamente increíble.

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Gergiev agradece la ovación del público al finalizar "La Consagración de la Primavera"

Tras ser largamente ovacionados, orquesta y director ofrecieron dos propinas, una de Anatoli Liadov (1855-1911), quien también fuera alumno de Rimsky-Korsakov, como el propio Stravinsky, otra de “El Cascanueces”, de Chaikovsky (el “Trépak o Danza Rusa).

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Entrega de la placa conmemorativa al Maestro Gergiev

Finalmente, Enrique Cornejo (miembro de la Sociedad organizadora del Festival) subió al escenario junto a Arturo Fernández (perteneciente, asimismo, a la citada Sociedad) y Santiago Fisas (Consejero de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid), y tomó la palabra para hacer un pequeño balance de este Festival 2007, en el que agradeció cariñosamente al público el apoyo demostrado a lo largo de su desarrollo. Concluidas sus palabras, se hizo entrega a Valery Gergiev de una placa conmemorativa de la ocasión.

José Ramón TAPIA
(14-VIII-2007)

Publicado por jrtapia @ 19:38  | Se dice, se comenta
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