Imponente actuación del tenor peruano en el 'Otello' del festival rossiniano de Pesaro
J. Á. VELA DEL CAMPO - Pesaro
EL PAÍS - 16-08-2007
Rossini se ha desdoblado. Su espíritu, la esencia de su pensamiento, la mantiene Alberto Zedda, director artístico del Festival de Pesaro, pero, sobre todo, un conocedor profundo y sensible de todos los secretos del compositor. Por otra parte, el canto rossiniano está representado a la perfección por el tenor peruano Juan Diego Flórez, que está dando estos días en Pesaro una lección magistral de belcantismo con el personaje de Rodrigo en la ópera Otello.
No sé si será fruto de la fuerza arrolladora que desprende el tenor, pero estoy empezando a pensar que nunca se ha cantado Rossini anteriormente con tal grado de perfección y belleza. En fin, si exagero, perdóneme en esta ocasión, pero es lo que siento. Otello no es una ópera fácil de cantar. Exige, de entrada, tres tenores de primera. La dificultad de encontrarlos explica que se haya programado, en todo el mundo, solamente unas treinta veces desde 1954 hasta ahora. Se cayó del reparto inicial Giuseppe Filianoti, y se cayó, en sentido literal, en plenos ensayos, Chris Merritt, hinchándosele desmesuradamente un pie y teniendo que ser sustituido en la mayor parte de las funciones. El tercer tenor, Juan Diego Flórez, resistió sin ningún tipo de vacilación. Formó anteayer la terna con un estupendo Gregory Kunde y con el cada vez más inspirado José Manuel Zapata, que ya está preparando para febrero su debú en el Metropolitan de Nueva York, con Rossini, por supuesto. Y a ellos se unió la Desdémona de Olga Peretyatko, que viene de la cantera de la Academia Rossiniana y desarrolla su personaje con gusto y personalidad. Con todos ellos, la tarde se convirtió en una fiesta del canto.
Renato Palumbo dirigió con finura y sentido del orden a una orquesta del Comunal de Bolonia que sonó empastada y ágil. El éxito fue grande, en especial para Juan Diego Flórez. Su aria del segundo acto, Che ascolto, che dici, levantó una de esas reacciones de locura colectiva de las que cada día se ven menos.
Juan Diego Flórez aclamado en el Rossini Opera Festival
CRÓNICAVIVA, diario de Perú (17-VIII-2007)
El cantante peruano Juan Diego Flórez se confirmó como el mejor tenor rossiniano de la actualidad al imponerse sobre dos representantes de la vieja escuela norteamericana, Gregory Kunde y Chris Merritt, y obtener tres minutos de aplausos tras su difícil aria del II acto de "Otello" y una ovación al finalizar esa ópera en la inauguración, anoche, del 28o. Rossini Opera Festival.
Los asiduos frecuentadores del ROF, compuesto en un 70 por ciento por amantes de la lírica llegados de todos los rincones de Europa y América, siente por Flórez una verdadera pasión que se confirma cada vez que el cantante vuelve al festival que lo consagró estrella mundial del Rossini Renaissance.
Esta vez Flórez no tenía rivales en escena, pues tanto Kunde como Otelo y Merritt como Jago se hallan en la curva menguante de sus carreras que los vieron como astros absolutos del firmamento rossiniano de los años 80, en Pesaro, y por doquier se resucitasen las hasta entonces olvidadas óperas de Rossini.
Tanto Kunde como Merritt fueron aplaudidos en otras memorables ediciones del "Otello" del ROF (entre ellas la inigualable puesta de Pier Luigi Pizzi de 1988) pero en papeles diferentes dado que la ópera tiene tres roles importantes para tenor (Otelo, Iago, Rodrigo) y uno menor (El Dogo de Venecia), una de las razones por las cuales esta ópera había salido del repertorio ya a fines del siglo XIX.
La ideada por Giancarlo del Monaco, regisseur hijo de un famoso tenor del siglo pasado, Mario del Monaco, insigne intérprete de Otelo pero en la versión verdiana, no convenció al público que lo abucheó sonoramente.
El decorado único de Carlo Centolavigna era un simple telón de fondo azul, que representaba la unión de cielo y mar y delante del cual se paseaban puertas por donde los personajes que no estaban en escena espiaban o escuchaban a escondidas a los que se hallaban en el proscenio.
La idea del director artístico del ROF, Alberto Zedda, de comparar representantes de la vieja escuela de tenores rossinianos norteamericanos, cuyo gran defecto era el de forzar los agudos hasta alcanzar el nivel de graznidos, con la nueva liderada por Flórez, donde los agudos tienen la suavidad y la tersura del terciopelo se transformó en la clave de la velada.