El joven violinista malagueño Jesús Reina
Festival Lírico
Chaikovski: «Concierto para violín». Stravinski: «La consagración de la primavera». Int.: Jesús Reina, violín. Orquesta del Teatro Marinskii. Dir.: Valey Gergiev. Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. 13-VIII
Un cierto toque de genialidad ha barnizado la clausura del Festival de San Lorenzo de El Escorial. Jesús Reina apenas sobrepasa los veinte años y ya maneja el violín con una serenidad que ofende. Posee un sonido amplio, redondo, cálido, con un pellizco que humaniza la monótona perfección de tantos prodigios cuya inmaculada belleza decora las portadas de revistas y discos del mundo entero. Mejor aún, Reina dice la música con extraña facilidad. No tiene prisa, no hace un gesto accesorio, convierte el virtuosismo en una inflexión del discurso, nunca en un fin, y canta, a veces añadiendo ligeros gemidos del arco, otras incorporando sutiles «portamentos» que funden las notas con una intención muy personal. Interpretó el concierto de Chaikovski y la serenidad de fondo que imprimió en el arranque de la obra y en el tiempo lento alcanzó verdadera intensidad. No fue una interpretación dedicada a la galería. Se aplaudió y aún se maduró. Por eso recibió una espontánea ovación del público tras el descanso, en el justo momento en el que se disponía a sentarse como un espectador más. Hasta el político de turno saltó de su butaca para saludarle a la vista de todos.
Reina quería escuchar a Gergiev y a la orquesta del Marinskii que previamente le habían acompañado con una minuciosidad extraordinaria. No es fácil servir a alguien y al tiempo escudriñar la música de esa manera. Pero Gergiev entró en el escenario dispuesto a demostrar el porqué de su prestigio. Nada mejor que «La consagración de la primavera». Más aún, desbrozarla con tal precisión, abierto a una dinámica de amplio espectro, al empaste y a la densidad sonora. La vibración de los metales, el acento incisivo pero redondo de las cuerdas obligó a recordar que, lejos de propuestas más especulativas, la composición de Stravinski es parte de una tradición que aún pervive en el espeso color de la Orquesta del Marinskii y la voluntad narrativa de la versión. Todo un fenómeno. Y aquí al lado, en El Escorial.
ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE