Florence Quivar, contralto
Tölzer Knabenchor, Ernst Senff Chor
Orquesta Filarmónica de Berlín, Bernard Haitink, director
Texto
(Bim Bam!)
Tres ángeles cantaban una dulce canción
Donde las notas alegres tocaban el cielo.
Se regocijaban cantando
Que Pedro fuera liberado de sus pecados.
Y mientras el Señor Jesús se sentaba en
la mesa para tomar
La última cena con sus doce discípulos,
Dijo: "¿Qué haces tú ahí?
Cuando te miro, lloras.
No hace falta llorar así!"
"¿No hace falta, Dios de bondad?
Transgredí los Diez Mandamientos.
Me voy llorando amargamente
Ah! Ten piedad de mí!
"¿Has roto los Diez Mandamientos?
Entonces arrodíllate y reza a Dios;
Será amando al buen Dios toda tu vida
Como obtendrás la felicidad celestial
La felicidad celestial es una ciudad bienaventurada;
La felicidad celestial no tiene fin
La felicidad celestial le será dada a Pedro
Por Jesús y a nosotros para nuestra alegría
La Tercera Sinfonía de Gustav Mahler fue compuesta entre 1895 y 1896. Fue estrenada en 1902 y se encuadra dentro de las "sinfonías Wunderhorn" (hasta la Cuarta, todas las sinfonías de Mahler se basan en temas extraídos de sus "lieder" de la colección "Das knaben wunderhorn"). Es una composición programática con los siguientes movimientos:
1. El despertar de Pan. El verano hace su entrada
2. lo que me cuentan las flores del campo
3. Lo que me cuentan los animales del bosque
4. Lo que me cuenta el hombre (la noche)
5. Lo que me cuentan las campanas de la mañana (los ángeles)
6. Lo que me cuenta el amor
La Tercera Sinfonía se interpreta en concierto muy de vez en cuando. Ello se debe a que es la obra más larga de Mahler (dura usualmente entre 90 y 100 minutos). Y sin embargo es una de sus obras más bellas. De su conmovedor movimiento final dijo una vez Leonard Bernstein que era la música más dolorosamente hermosa escrita por Mahler.
Toda la obra gira alrededor de la Tierra y la Naturaleza, con textos de Nietzche y del propio Mahler. Como es habitual en el compositor alemán, la orquestación de la obra es extraordinaria, monumental.
Por el diario Natalie Bauer-Lechner, una amiga de Mahler, se sabe que la Tercera Sinfonía nace de un proyecto musical donde se intentaría narrar la épica de la Naturaleza, describiendo la vida inerte hasta llegar a la creación de plantas, hombres y animales, todo ello animado por la fuerza de la vida. Decía Mahler en carta a otra de sus amigas: “Mi sinfonía será algo que el mundo jamás ha escuchado. En ella, La Naturaleza misma toma voz, y dice secretos tan profundos que quizá se han escuchado únicamente entre sueños". Y añadía: “Un día, el mundo se dará cuenta". Y es que Mahler tuvo que esperar para ser finalmente reconocido como compositor.
En las sinfonías de Mahler se aprecian influencias de Ludwig van Beethoven y Johannes Brahms así como de Richard Wagner y Anton Bruckner. En sus sinfonías Mahler emplea la música coral y vocal de forma similar a Beethoven, en su Novena Sinfonía en re menor, opus 125 (textos de la Oda a la Alegría de Friedrich Schiller), logrando alcanzar la unidad musical y dramática que Wagner buscaba con sus dramas musicales.
Como Wagner o Bruckner, Mahler emplea en sus sinfonías amplios recursos orquestales. Su orquestación se anticipa al siglo XX en cuanto a la búsqueda del color en los diferentes instrumentos, la utilización de pequeñas combinaciones instrumentales y la inclusión, a veces, de instrumentos poco comunes en la orquesta, como la mandolina o el armonio. Para Mahler la orquestación era una herramienta que permitía obtener la mayor claridad posible en las diferentes líneas musicales. La obra de Mahler supone la cima de la evolución de la sinfonía romántica. "Para mí", solía decir, "componer una sinfonía equivale a un acto de creación del mundo". Sus sinfonías más breves (nº 1 y nº 4) tienen una duración próxima a una hora y la más larga (como se ha dicho, la nº 3, con seis movimientos) de más de hora y media: sólo el primer movimiento de la Tercera dura unos 35 minutos.
Con la misma libertad que permitió a Wagner y a Bruckner llevar casi al límite el sistema tradicional de tonalidades y armonías, Mahler siempre se mantuvo dentro de él, aunque alterando su premisa básica, por lo que la mayor parte de sus sinfonías presentan esquemas tonales progresivos que finalizan en una tonalidad diferente a la inicial. Mahler se sitúa en el límite mismo de los recursos de la tradición. Fue consciente de la desintegración de los valores armónicos y formales que vivió. Las sinfonías de Mahler constituyen un viaje psicológico, por lo general en forma de batalla titánica entre el optimismo y la desesperación expresados de forma irónica. Esta mezcla de alegría y desesperación, cuyo origen fueron sus recuerdos de la infancia, fue identificada por Sigmund Freud como la faceta central del carácter del compositor. Sin embargo, todas las sinfonías, excepto la Sexta o la Novena, finalizan en un ambiente de alegría o al menos de serena resignación. Su música transmite en último término una mezcla de vulnerabilidad humana y consumada musicalidad.
Muchas gracias, jr, mañana, 4 de mayo, voy al Auditori de Barcelona a escuchar la Tercera; se me ha ocurrido curiosear en google y aquí estoy, disfrutando de tu blog. Saludos cordiales,
Alejandro
Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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