El Cuarto Concierto fue estrenado en Viena por el propio Beethoven como solista, en una sesión privada en el palacio de su protector y amigo el príncipe Lobkowitz, en marzo de 1807. El estreno público no tuvo lugar hasta el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien de Viena, de nuevo con Beethoven al piano. El estreno fue parte de un concierto maratoniano, que iba a constituir la última aparición pública de Beethoven como solista con orquesta, en el que además también se estrenaron sus Sinfonías Quinta y Sexta.
Beethoven dedicó el concierto al archiduque Rodolfo, su amigo, alumno y mecenas. Un comentario en el "Allgemeine Musikalische Zeitung" de mayo de 1809 decía que " (este concierto) es el más admirable, singular, artístico y complejo que Beethoven haya escrito". Tras el estreno la obra quedó olvidada hasta 1836, año en que fuera recuperada por Felix Mendelssohn-Bartholdy.
La orquestación de la obra pide flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerdas. Como es habitual en los conciertos clásicos, tiene tres movimientos:
I.Allegro moderato
II. Andante con moto
III. Rondo (Vivace)
El primer movimiento se inicia con un solo del piano, que toca acordes simples en la tónica principal antes de modular a la dominante. Sorprendemente, la orquesta entra entonces en Si mayor, lo que crea un cambio a un acorde de tercera que se revela en sí como un motivo del primer movimiento.
Franz Liszt afirmaba que el segundo movimiento es algo así como un diálogo entre Orfeo (el piano) y las Furias, representadas por las cuerdas al unísono. Su dulce final en Mi menor se suele enlazar sin pausa con los acordes de Do mayor que inician el tercer movimiento. Éste es un Rondo basado en un tema muy rítmico, diferente en su carácter de aquel que se escuchó en el primer movimiento, más calmado y en tono de diálogo.
En el vídeo, Artur Rubinstein interpreta su concierto favorito de Beethoven en 1967, con ochenta años de edad. Rubinstein lo toca como si en vez de un piano tuviera un arpa entre sus manos. Sin apenas percutir las teclas, parece deslizarse suavemente sobre un espejo. La cadenza que interpreta es la original de Beethoven en la edición de Busoni. El conocimiento de la partitura por parte de Rubinstein se traduce en una interpretación que parece fácil, fluida, y está muy cuidadosamente acompañada por Antal Dorati.