La Séptima Sinfonía, en La mayor, escrita en 1812, fue dedicada al conde Fries. Beethoven regresa en ella al temperamento mostrado de las sinfonías tercera y quinta. En la nueva sinfonía muestra su gran talento para ir acumulando tensiones y procesos rítmicos, como puede comprobarse con sólo escuchar su primer movimiento. Son sus tiempos:
1 Poco sostenuto-Vivace
2 Allegretto
3 Presto
4 Allegro con brio
El ya sordo maestro se empecinó en dirigirla en su estreno, con tragicómicos resultados. Pero la crítica reconoció una nueva genialidad de Beethoven; hoy día muchos expertos la consideran como la mejor de sus sinfonías. Richard Wagner, otro ferviente beethoveniano, calificaría a la Séptima como la “apoteosis de la danza” por su implacable ritmo y notable lirismo, particularmente hondo en su célebre segundo movimiento. Es una obra de gran carga emotiva.