domingo, 02 de septiembre de 2007
Robert Lloyd, bajo
Orquesta del Festival de Schwetzingen
Claus Viller, director




La ópera de Gioacchino Rossini (Pésaro 1792 - París 1868) se tituló inicialmente "Almaviva, ossia l'Inutile Precauzione" (Almaviva o la Inútil Precaución) para evitar la coincidencia con la ópera "Il Barbiere di Siviglia" (San Petersburgo 1782) del compositor italiano Giovanni Paisiello (1741 - 1815), compuesta previamente sobre el mismo libreto, de Cesare Sterbini Romano, el cual, a su vez, está basado en la obra teatral "Le Barbier de Séville" (1775) del comediógrafo francés Pierre Augustin Caron de Beaumarchais (1732 - 1799). El barbero de Sevilla es una ópera bufa en dos actos, de 105 y 60 minutos de duración respectivamente.

Se estrenó el 20 de febrero de 1816, en el teatro Torre Argentina de Roma, bajo la dirección del propio compositor y el papel de Almaviva fue cantado por el famoso tenor sevillano Manuel García. La noche del estreno fue un rotundo fracaso, en parte debido a continuos abucheos de los partidarios de Paisiello. La segunda representación, ya sin la presencia del autor, fue un triunfo.

La obertura original no gustó al público y Rossini la tuvo que sustituir por la que ya había utilizado en sus óperas "Aureliano en Palmira" (1813) y "Elisabetta, Regina d'Inghilterra" (1815) y que es la que triunfalmente ha llegado hasta nuestros días.

Uno de los fragmentos más conocidos de 'El barbero de Sevilla' es el aria de bajo de 'La calumni'. En ella Don Basilio, maestro de música, cómplice de Bartolo en su afán de casarse con Rosina (bajo), le refiere a éste cómo va a conseguir a Rosina para él mediante la difamación del desconocido amado de la bella.

BASILIO
¿No? Escuchadme y callad.
La calumnia es un vientecillo,
es un aura muy gentil,
que insensible, sutil,
con ligereza, suavemente,
empieza,
empieza a murmurar.
Poco a poco, a ras de suelo,
en voz baja, sibilando
va corriendo, va zumbando,
va corriendo, va zumbando;
y en el oído de la gente
se introduce
se introduce hábilmente
y a las cabezas y cerebros,
y a las cabezas y cerebros
aturde, aturde e hincha.
Una vez fuera de la boca
el alboroto va creciendo,
gana fuerza poco a poco
y vuela de un lugar a otro;
parece el trueno, la tempestad
que en medio de los bosques
va silbando
y atronando y nos hiela de horror.
Al fin se desborda y estalla,
se propaga y se redobla
y produce una explosión,
como un disparo de cañón,
como un disparo de cañón.
Un terremoto, un temporal,
que hace temblar el aire.
Y el infeliz calumniado,
envilecido, aplastado,
bajo el azote público podrá
considerarse afortunado si muere.
Y el infeliz calumniado,
envilecido, aplastado,
bajo el azote público podrá
considerarse afortunado si muere.
¿Qué os parece?
Publicado por jrtapia @ 16:00  | Voces masculinas
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