Si asumimos que la historia de la música se escribe del centro a la periferia es fácil comprender por qué Dinamarca apenas aparece en los capítulos de los textos generales de música. Una de las principales razones que justifican esta ausencia es su vinculación con la tradición musical alemana. Baste citar a
Dietrich Buxtehude, Johann Abraham Peter Schulz o a Friedrich Kuhlau como tres de los nombres más influyentes en la escena musical danesa, todos ellos de origen germano. Será sólo a principios del siglo XX cuando surjan las primeras muestras de una escena propia —J.P.E. Hartman, H. C. Lumbye, N. W. Gade... — y tendremos que esperar al siglo XX para que Dinamarca, favorecida por el aislamiento cultural y por el poso de una conciencia nórdica, consiga colocarse en la historia internacional de la música con el nombre de Carl Nielsen.
Violinista, pedagogo y profesor en el conservatorio de Copenhague, además de compositor, Carl August Nielsen (1865-1931) destaca por sus seis sinfonías en las que redescubre las sonoridades tonales creando un estilo
que se mueve hacia una tonalidad expandida, un camino que emprende a partir del estudio de la polifonía renacentista.
Nielsen nació en Sortelung, un pueblo cercano a Odense. Aunque su familia era relativamente pobre, Carl consiguió estudiar violín y piano. Aprendió también a tocar diversos instrumentos de viento gracias a su trabajo en una banda militar de Odense.
Estudió violín y teoría de la música en el Conservatorio Real Danés de Copenhague pero nunca tomó clases de composición. A pesar de ello, empezó a componer. Su primera sinfonía se estrenó el 14 de marzo de 1894 con una acogida discreta por parte de público y crítica. Sin embargo, la misma obra obtuvo un gran éxito cuando se interpretó en Berlín en 1896. A partir de esa fecha, su fama empezó a crecer.
Siguió tocando el violín en el Teatro Real de Copenhague hasta 1905, año en el que encontró editor para su composiciones. A partir de 1916 dió clases en el Conservatorio de Copenhague.
Además de sus Sinfonías, otras piezas populares de Nielsen son la música adicional que compuso para el drama del poeta Adam Oehlenschläger "Aladdin", las óperas "Saúl y David" y "Mascarada", los conciertos para flauta y para clarinete, así como su quinteto de viento. Es autor también de numerosas canciones populares danesas.
Sus sinfonías son seis:
- Sinfonía nº 1 en Sol menor: es la primera composición de Nielsen y muestra algunos rasgos personales de sus obras posteriores.
- Sinfonía nº 2 "Los cuatro Temperamentos": un cuadro que vio en una taberna inspiró a Nielsen esta composición sobre los cuatro temperamentos (colérico, melancólico, flemático y sanguíneo). Consta de cuatro movimientos, cada uno dedicado a un temperamento.
- Sinfonía nº 3 "Expansiva": el segundo movimiento contiene solos para soprano y tenor que pueden ser interpretados alternativamente por el clarinete y el trombón.
- Sinfonía nº 4 "Inextinguible": es quizá la más conocida de las Sinfonías de Nielsen. Es la más dramática de todas.
- Sinfonía nº 5: es la única que no tiene subtítulo. En ella utiliza la percusión de un modo dramático.
- Sinfonía nº 6 "Semplice": no es tan dramática como las cinco anteriores y en algunos puntos suena extraña. En el segundo movimiento emplea sólo nueve instrumentos de la orquesta: flautín, dos clarinetes, dos contrabajos, trombón y percusión.
La "Inextinguible"
En su Sinfonía nº 4 Nielsen recorre con franqueza la tenue línea que separa la vida del arte. Así, cuando escribe en el prólogo que acompaña a su obra que «La música es la vida y, como ella, es inextinguible» no sólo está acuñando un sobrenombre para su composición —Det Uudslukkelige [La inextinguible]—, si no que, de forma clara y concisa, presenta su manifiesto existencial.
Compuesta entre 1914 y 1916 esta obra desprende una expresividad dramática que concuerda con el clima personal y general del momento en que fue escrita. A nivel personal Nielsen pasa por un período de crisis sentimental y profesional —abandona la orquesta del Teatro Real para dedicarse básicamente a la docencia y a la composición—. El otro acontecimiento que dejará huella en esta sinfonía, al menos en las implicaciones anímicas, es el cruento espectáculo de la I Guerra Mundial a la que Nielsen no permanecerá indiferente a pesar de la postura neutral de Dinamarca.
La "Inextinguible" presenta como uno de sus rasgos más llamativos la escritura para la percusión, dividida en dos secciones enfrentadas de timbales. Su protagonismo resalta con especial fuerza en el cuarto movimiento y en la introducción de curiosos efectos tímbricos que se consiguen
al modificar la afinación de los timbales en tiempo real. De igual modo insiste en la unidad de la obra evitando las cesuras entre movimientos, convirtiendo el segundo en una especie de intermezzo —tranquilo y nostálgico—
y repitiendo el tema inicial en el Finale —lo que confiere a la partitura un carácter cíclico que parece aspirar a la eternidad—, un tema que se impone de forma obsesiva, inextinguible, y que lucha por perpetuarse en una constante metamorfosis.