Giovanni Antonini
Uno de los grandes protagonistas de la próxima temporada del panorama musical español es el maestro Giovanni Antonini. Fundador de Il Giardino Armonico y con una gran experiencia al frente del conjunto, el director italiano ha conseguido desarrollar una carrera como batuta que le ha permitido obtener un gran éxito en el pasado Festival de Salzburgo. Además, su vínculo con España se ha estrechado bastante no sólo al convertir a su orquesta en conjunto residente del Auditorio de Valladolid, sino al ser una de las batutas invitadas de la Orquesta Nacional.
EL CULTURAL, 6/09/2007
Pese a su estrecho vínculo con el conjunto Il Giardino Armonico, Giovanni Antonini ha desarrollado una carrera como director de orquesta que le ha llevado al gotha de las orquestas, incluyendo a la Filarmónica de Berlín. La Gewandhaus de Leipzig o la Nacional de España figuran entre sus planes para el curso que empieza, aunque, por su trascendencia, destaca un proyecto a tres bandas de indudable importancia por ser la primera vez que se da en España con una formación extranjera: Il Giardino Armonico, fundado por Antonini, se vincula como conjunto residente al Auditorio de Valladolid y la firma discográfica Decca se encargará de dar testimonio fonográfico de ello.
Antonini, un tanto tímido ante la prensa, viene recargado de ilusión tras su participación en el Festival de Salzburgo. Las reacciones al concierto con la Orquesta del Mozarteum han sido entusiastas y las críticas muy positivas, teniendo en cuenta que su acercamiento a Mozart se aleja de la tradición.
“Fue un encuentro muy interesante pues la Orquesta del Mozarteum es un conjunto que conoce el repertorio clásico al dedillo y ya no digamos en obras como Sinfonía Linz o el Concierto para clarinete. Sin embargo, mostró una gran sensibilidad a la opción de acercarse a él con otra visión. Que conste que, como flautista que soy, soy consciente de lo difícil que es cambiar un estilo. Pero siempre mostró una actitud positiva, algo que no suele suceder. Además, Salzburgo ofrece un marco fantástico porque es la música hecha ciudad. Allí se habla y se vive las 24 horas rodeado de música”.
–¿Cómo ha conseguido luchar contra el peso de la tradición?
–En realidad, las orquestas son los directores en la medida que transmiten lo que éstos provocan en los músicos. Y no se puede negar que Salzburgo se ha contaminado también de la moda de invitar a directores procedentes del ámbito del Barroco.
–Y con ello, a un cambio en la concepción del sonido.
–De alguna forma, se ha dado la vuelta, ya que algunos directores especializados en el Barroco han hecho que se haya pasado de los excesos tardorrománticos de una densidad exagerada a un tipo de sonido que prescinde de ella, con el que se llega a una sequedad excesiva.
–Para los músicos, supone un gran reto porque, con los pocos ensayos con que trabajan las orquestas ahora, no es fácil darle la vuelta.
–Claro, parece que se simplifica en una pregunta que los músicos te hacen de entrada: ¿con vibrato o sin vibrato? Pero no hay una única respuesta. Yo digo: depende. El vibrato no puede convertirse en una obsesión para el intérprete. Quizá es que vivimos en un tipo de sociedad muy práctica y los músicos quieren un referente que les dé las instrucciones muy claras. Así, en Brahms se vibra; en Bach, no y en Beethoven, a medias. Eso es ridículo.
Sumergido en la polémica
Aunque el aficionado melómano lleva años sumergido en la polémica, el que no lo es tanto resulta un problema menor. Pero ha sido uno de los elementos más controvertidos de los últimos cincuenta años. Hacer vibrar a los instrumentos consigue una sonoridad más potente, más densa y, por qué no decirlo, más adecuada a los grandes auditorios modernos. Sin embargo, los sonidos extraídos por los instrumentos de época, con un vibrato menor, facilitan la claridad de las líneas e infiere una vitalidad mayor, sobre todo, en las obras compuestas antes de 1900.
Para Antonini, la excesiva vibración que comparten casi todas las orquestas modernas, “es fruto de una concepción de la música tardorromántica. Pero eso no quiere decir que el vibrato, como recurso expresivo, no se utilizara antes. Lo que pasa es que a finales del XIX, el concepto wagneriano se expande y se potencia el vibrato para dar una sonoridad mucho más densa que se identifica erróneamente con profundidad. Ahí están las sinfonías de Bruckner, Brahms, Mahler. La orquesta es concebida como un magma sonoro, algo que los auditorios modernos han potenciado”.
–Basta navegar por internet para constatar cómo obsesiona esa sombra a cualquier artista moderno.
–Pero el vibrato no debería ser el coco del intérprete actual. En los violinistas se entiende que el movimiento excesivo de la mano izquierda en la cuerda condiciona muchas cosas si no se varía. Y aunque el vibrato se usó siempre, no es un concepto permanente como pasa ahora.
Conjuntos muy densos
–Y con ello, las obras suenan de otra manera. Algo que los intérpretes provenientes del Barroco han limpiado.
–Una determinada manera de hacer sonar un instrumento siempre condiciona algo tan señalado como la velocidad de los tempi. Es obvio que un vibrato excesivo es incompatible con la agilidad. De ahí que las orquestas tardorrománticas sean conjuntos muy densos por naturaleza, afectando a cualquier obra de cualquier época. Es una visión que identifica pesantez y duración con profundidad. Una obra de cinco minutos del siglo XVIII puede ser tan profunda como una sinfonía de hora y media de Mahler.
–Y así surgen directores como Klemperer, Celibidache o Stokowski, que doblan en tempi a otros.
–O concepciones que no aceptan la ambivalencia de determinadas épocas. Valga el ejemplo de Don Giovanni de Mozart, que es un “dramma giocoso”, algo que puede resultar un contrasentido para el espectador actual pero que coincide con una manera de concebir el teatro en el XVIII muy aristocrática. Esta concepción era para Wilhelm Furtwangler incomprensible. Y así terminaba Don Giovanni con la muerte de éste, cercenando el final de Mozart porque lo consideraba frívolo. En realidad, no percibía la visión irónica que transmite su autor, mucho más interesante. Los herederos de Wagner mostraron una gran incomprensión por la interpretación de las obras dieciochescas o de principios del XIX, que han sido tan importante, que han determinado una manera de ver y sensibilizarnos ante el sonido de la que no hemos salido del todo.
–¿Acudimos aún a los conciertos con una actitud casi religiosa?
–La visión de la música ha variado mucho. Es con Wagner cuando la música se configura como algo sagrado. Porque en el XVIII las claves eran muy evidentes pero es en el Romanticismo cuando surge esa idea de la magia de la música y del poder demiúrgico de compositores e intérpretes.
–Pero es lógico que el público no sea consciente de ello... Exige una formación muy intensa.
–Tal vez no hay que desarrollar una formación pero sí una sensibilidad especial para comprender el sonido de la misma manera que pueda necesitarlo la poesía. Cuanto mejor preparado esté un oído más llegará a comprender el sonido.
–Y con una sociedad un tanto superficial.
–Desgraciadamente, la música se ha convertido en un mero divertimento o complemento de la imagen en la televisión. No todo el mundo está dispuesto a desarrollar su oído.
Luis G. IBERNI
Valladolid, punto de partida
El nuevo Auditorio de Valladolid se ha apuntado un buen tanto al acoger, como conjunto residente, a Il Giardino Armonico, uno de los conjuntos punteros en todo el mundo, que ha llegado a vender tantos discos como el pop. “El proyecto de Valladolid es muy interesante porque une tres elementos: una sala nueva, un conjunto y una discográfica. Los tres nos van a beneficiar”, apunta Antonini. Il Giardino llegó a vender miles de discos, aunque la crisis afectó a su firma. “Sufrimos mucho cuando Teldec cerró. Pero la apuesta de Decca es una oportunidad y facilitará la difusión internacional del Auditorio de Valladolid, donde se grabarán todos los discos”. Asimismo, el maestro, nacido en Milán, resalta el buen momento de la vida musical española frente al caso italiano. “Italia vive una crisis musical, política, cultural... Siempre ha sido un país fragmentario. Ahora carecemos de personalidades de peso. En cualquier caso, España va por delante y no sólo de Italia. Quizá sea porque transmite un espíritu positivo que lo inunda todo. Basta ver cuantas salas se han construido en los últimos años en Italia y cuantas en España”, conluye Antonini.