miércoles, 12 de septiembre de 2007
John Williams presenta un homenaje a las grandes bandas sonoras en la ceremonia de los Oscar


Banda Sonora Original (BSO), en inglés Original Soundtrack (OST), es toda la parte sonora y resultado de la edición de diferentes pistas de sonido, ya sea palabras, sonidos y música de una película o que la acompaña en paralelo.

Normalmente, y con algunas raras excepciones, el término alude solamente a la música de un film o a la comercialización de los temas musicales de una obra como videojuegos, programas de televisión o radio. Desde un punto de vista musical, se entiende como banda sonora original aquella música tanto vocal como instrumental compuesta expresamente para una película, cumpliendo como función la de potenciar aquellas emociones que las imágenes por sí solas no son capaces de expresar.

Compositores famosos de bandas sonoras son Ennio Morricone (El bueno, el feo y el malo, La misión) o John Williams (Tiburón, La guerra de las galaxias o Indiana Jones).

La banda sonora de una película en su sentido más físico puede ser de dos tipos: magnética u óptica. En el primer caso, una o varias bandas de grabación magnética discurren por los bordes de la tira de película. Al ser leídas estas líneas por un aparato en sincronía con la proyección, se generan los sonidos de una manera parecida a como lo haría un lector de cassettes (véase Cinta magnética). En el caso de las bandas sonoras ópticas, se trata de zonas de oscuridad y luz en uno o dos lados de la cinta del film. Las distintas intensidades de luz, se convierten luego en impulsos eléctricos creando así el sonido.

En la actualidad también se utilizan sistemas de sonido digital, basados en puntos sobre la película que se convierten por diversos métodos, algunos todavía experimentales, en sonido.

Los primeros intentos de incorporar la banda sonora a las películas se basaban en el funcionamiento a la par, con los problemas consiguientes, del proyector y un fonógrafo. En realidad, en muchas de las mejores salas de proyección ya existía el "acompañamiento musical", normalmente proporcionado por un piano o pianola. También se presentaban los films o se narraban por alguien del propio local cinematográfico o por alguno de los actores o realizadores, en las proyecciones más destacadas. Si alguna cinta perdía interés por parte del público, se le animaba en ocasiones con números músicales o actuaciones de toda índole, antes, durante o después de la proyección.

Otro avance significativo se dio con la creación del cronófono, en el cual se consiguió una mejor sincronía entre las canciones que producía el fonógrafo y las imágenes, aunque aún producía bastantes fallos en el sonido hablado. El sistema encarecía notablemente la producción fílmica y la Primera Guerra Mundial paró casi totalmente su utilización.

Tras la Guerra, las investigaciones de las compañías estadounidenses General Electric y Western Electric, crean sistemas para poner sonido en la propia película, destancando en un principio el sistema Vitaphone que hizo que la Warner Bros saliera del bache en el que caía con el cine mudo. Así se realizaron las primeras películas sonoras, con música pero sin habla. El propio "The jazz singer" (1927) ("El cantor de jazz") no era hablado, sino "cantado". Al año siguiente se presentó "Lights of New York" que sí era totalmente sonora.

De esta manera las grandes compañías de Hollywood se lanzarón a una producción desenfrenada de películas con canciones, films musicales e incluso sólo de baile. El público se volvía loco por la novedad. Era el music hall para todos, el teatro de variedades para el universo entero...

Pero además existía otra explicación: aunque desde muy pronto se crearon sistemas de doblaje, éstos eran caros y laboriosos y Hollywood no se podía permitir perder a los clientes extranjeros que aportaban una gran cantidad de ingresos. Así y para no perder al público que no entendía inglés, en un principio, y hasta que se perfeccionó y abarató el doblaje, las películas musicales serían las más rentables. Desde este momento hasta "Cantando bajo la lluvia", en la época cumbre de la Comedia musical estadounidense, todo fueron ganancias.

Por otra parte, la llegada del sonido significó todo un problema por el hecho de que el cine, prácticamente desde sus comienzos, había sido acompañado por música. Después la banda sonora se convertiría en uno de los aportes más interesantes a la estética del cine. Las primeras películas sonoras siempre disponían la música a modo de obertura o en canciones y alguna que otra música a partir de situaciones verosímiles (radios, orquestas, etc.). La gran pregunta era: ¿De dónde sale la música, como se van a creer una película donde la música no sale de ninguna parte? Por esto, si una escena romántica necesitaba música de violín, se realizaba la escena en un parque, para que al principio apareciera el violinista en una toma. Este hecho, para algunos caprichoso, permaneció inamovible hasta bien entrados los años 40, cuando Hitchcock, dirigiendo "Bote Salvavidas", decidió no utilizar música porque: "¿De dónde podría provenir ésta en medio del mar?" A lo que David Raksin, el compositor, le respondió: ¿De dónde vienen las cámaras?

La música en el cine comienza realmente con la obra de aquellos europeos exiliados que llegan a Estados Unidos buscando trabajo, y lo consiguen en el naciente cine sonoro. Korngold, Steiner, Waxman, Tiomkin son nombres recordados por toda la historia del cine. ¿Qué sería de Robin Hood sin las fanfarrias de Korngold, o de Scarlett O'Hara sin Steiner? De hecho, fue este último quien, siendo discípulo de Gustav Mahler en Viena, decidió transformar King Kong en una especie de ópera sin cantantes. Esta decisión, tomada en conjunto con el productor, transformó la historia del cine, pues desde allí las BSO fueron de extrema importancia. ¿Qué sería de Tiburón sin la música de Williams?

Los años cincuenta suponen el dominio absoluto de Alfred Newman, pero con un Bernard Herrmann que comenzaría su prestigio por estos años colaborando con otro genio, Orson Welles. Continuaron trabajando con éxito Miklos Rozsa y Dimitri Tiomkin, y surgieron otros importantes autores, algunos de ellos procedentes de la llamada música ligera y del jazz. Entre éstos cabe mencionar a Elmer Bernstein, Georges Delerue, Ernest Gold, Maurice Jarre, Henry Mancini, Alex North y Lalo Schifrin; mientras, otros compositores como John Barry, Jerry Goldsmith y John Williams esperaban una oportunidad, algunos de ellos haciendo música para la televisión, medio considerad por entonces como una amenaza para la industria del cine.

A mediados de la década de 1950, el gran público comenzó a tomar más en consideración la música de las películas, cambio de actitud que los estudios rentabilizaron animando a sus compositores a escribir temas vendibles, melodías y canciones que pudieran editarse en disco. Por ejemplo, la canción «Moon River», de Johnny Mercer y Henry Mancini para "Desayuno con Diamantes" (1961), de Blake Edwards, vendió más de un millón de copias. A todo ello contribuiría, por supuesto, la mejora técnica de los sistemas de grabación sonora, lo que se haría evidente en los grandes filmes épicos de los cincuenta y sesenta.

La década de los sesenta es la época de la renovación, con nuevas figuras ahora internacionalmente reconocidas, como Henry Mancini, John Barry, Ennio Morricone y Maurice Jarre. No obstante, las viejas figuras aún continuaron trabajando. Así, Alfred Newman siguió componiendo durante los 60, aunque a un ritmo más lento, y Bernard Herrmann compuso algunas de sus mejores obras. Por su parte, el ya conocido Elmer Bernstein renovaría también la música del western, acaparando una atención que, hasta el momento, tenía Tiomkin.

Los setenta es una época de crisis, sólo es resuelta con la llegada de John Williams y sus revolucionarias orquestaciones. Y es que durante esta década se obvia bastante lo que es una banda sonora instrumental en favor de múltiples canciones que colapsan una música que muchos no creen necesaria, ya que venden más (todo es cuestión de dinero) los intérpretes populares (con canciones que nada tienen que ver con la película) que los compositores consagrados. De este modo, además, los estudios consiguen reducir gastos al ahorrarse los honorarios de un compositor que haga la música (en esa época era una partida muy cara dentro del presupuesto de una película). También se produce la aparición de numerosas obras de música clásica en las BSO de las películas de época, pues los compositores barrocos o clásicos no pueden demandar costosos derechos por el uso de sus obras para el cine.

En lo ochenta llega la revolución con el empleo masivo del sintetizador que, si bien ya había comenzado a utilizarse años atrás, en esta década tiene sus mejores ejemplos en autores como Vangelis, Maurice Jarre y Ryuchi Sakamoto. No obstante, la música de orquesta continuó en alza, con John Williams y Jerry Goldsmith a la cabeza de la misma, pero con la aparición de nuevas figuras como James Horner, Hans Zimmer, James Newton Howard y Alan Silvestri.

A principios de los años noventa se produce una recuperación de las canciones no compuestas exclusivamente para una película determinada, en una descarada carrera comercial que no sólo sirva de promoción para la cinta, sino también valga para que en la hucha de la productora entre el mayor número de dólares posible. El punto de partida lo pone Prince con la BSO de "Batman" (aunque algunas de las canciones sí estaban expresamente compuestas para la BSO). La música de Danny Elfman se hizo tan popular como las canciones del últimamente artista innombrable. La película que se benefició verdaderamente de esta política fue "Cuatro Bodas y un Funeral", una discreta producción cinematográfica de la que no se cesaba de hablar en la radio a causa de la magnífica recopilación de canciones que se podía encontrar en su metraje.

No obstante, la música original compuesta para una película no decae; al contrario, tras el anuncio del retiro de Williams (por suerte, al final se confirmó que continuaba trabajando), otros autores fueron apareciendo en este apasionante mundo del cine musical, que junto a los tradicionales, compusieron verdaderas maravillas. El resumen de los mismos se centra en dos compositores: Mark Mancina, como representante de los que utilizan sintetizadores, y David Arnold, cuyas partituras son de carácter sinfónico, siendo muy destacables el tema central de "Stargate" y la llegada de las naves extraterrestres en "Independence Day". Son autores que, sin duda, en los próximos años darán obras muy a tener en cuenta.

En los últimos años varios compositores de renombre han conseguido que el público valore en su justa medida a las bandas sonoras (como John Williams, James Newton Howard, James Horner o Ennio Morricone), por lo que las ventas de algunos discos de BSO (como Titanic o Star Wars) han alcanzado cifras millonarias.

No quisiera olvidarme de los compositores españoles. Al ya bien conocido José Nieto, se han añadido en los últimos tiempos nuevos nombres como los de Bernardo Bonezzi, Bingen Mendizábal o Alberto Iglesias, que hacen posible que pensemos en la verdadera creación de música para cine en el mercado español. Últimamente, autores como Roque Baños o Ángel Illarramendi están trabajando muchísimo y con obras de gran calidad. Sin embargo, los compositores de nuestro país tienen graves problemas y limitaciones a la hora de componer bandas sonoras. Así, los productores de un filme lo que hacen es tomar el sobrante de la realización de una película y dárselo a un compositor para que con ese dinero cree la banda sonora, incluida la grabación de la misma.

Hoy en día nadie puede concebir una película sin una banda sonora, sin una música que acompañe y se adapte a las imágenes que estamos viendo. Y aunque algunos directores de cine casi despreciaron este elemento cinematográfico ("No me gusta la música de las películas. Detesto ver a un hombre en el desierto muriéndose de sed con la orquesta de Filadelfia detrás de él", comentó John Ford), muchos otros no han dudado en utilizarlo (incluido el propio Ford) para dotar de una mayor calidad a sus producciones.
Publicado por jrtapia @ 8:00  | Música de cine
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