jueves, 20 de septiembre de 2007
Shlomo Mintz, solista
Orquesta de la Radio de Baden-Baden
Esa-Pekka Salonen, director



El pasado 8 de febrero se cumplió el primer centenario del estreno en Helsinki del Concierto para violín y orquesta de Sibelius. La interpretación fue dirigida por el propio compositor y actuó como solista Viktor Novacek, un violinista probablemente mediocre que contribuyó a que la presentación de la obra no fuese un éxito. Como, por otra parte, la partitura está, en muchos aspectos, apegada a la tradición romántica, la crítica, sin duda anhelando innovaciones más atrevidas, acusó al autor de «no haber dicho nada que ya no estuviese dicho», e, incluso, de ser una obra endeble y chaikovskiana.

Sibelius retocó la obra y la presentó en Berlín, en octubre del mismo año bajo la autorizada batuta de Richard Strauss, con Karel Halff como solista, y, poco después, en Viena con el violinista Franz von Vecsey. Desde entonces el Concierto de violín de Sibelius ha entrado en el repertorio habitual, junto a los de los grandes románticos como Beethoven, Mendelssohn, Brahms o Chaikovski.

Aunque el instrumento de su iniciación musical fue el piano, Sibelius mostró desde su infancia un gran interés por el violín. Había nacido en 1865 en la pequeña localidad finlandesa de Taveshaus, donde su padre ejercía como médico. El ambiente familiar era favorable a la música y, aunque el padre deseaba que estudiase Derecho, pronto descartó esta posibilidad. En su adolescencia le gustaba aprovechar los largos días del verano nórdico para vagar solo por los bosques, llevando siempre su violín, que aprendió a tocar por su cuenta, e improvisar melodías al aire libre. En estos paseos solitarios, según su propia confesión, fue cuando decidió dedicarse a la música.

Le ilusionaba a Sibelius llegar a ser un gran virtuoso del violín, pero no lo consiguió, porque comenzó demasiado tarde su aprendizaje en serio. No obstante, intervino alguna vez como solista y formó parte de un cuarteto de cuerdas. Por ello, cuando, en el verano de 1903, acometió la composición del Concierto no precisó, como Mendelssohn o Brahms, de los consejos de un violinista profesional, pues sus conocimientos de la técnica eran más que suficientes. Su entusiasmo por el instrumento se revela en el hecho de que siendo él un compositor primordialmente orquestal, conceda en esta obra al violín solista una relevancia muy superior a la que era habitual en los conciertos decimonónicos. Las introducciones orquestales son breves, para acentuar el protagonismo del violín, que desarrolla una rica línea melódica interrumpida en el primer movimiento por una extensa y compleja cadenza.

En el Concierto de violín de Sibelius, está presente, como en toda su obra, el aroma de su tierra finlandesa. Pero conviene precisar que su adscripción al nacionalismo musical post-romántico no supone la incorporación, más o menos estilizada, de melodías extraídas del folklore popular como sucede con otros autores, sino en un sentido paisajístico, que, con extraordinaria penetración traduce a sonidos lo que, en principio, sería puramente visual. Es el sentimiento que despierta en el ánimo la contemplación del paisaje y las tradiciones de su tierra, tan lejana y exótica para nosotros, lo que Sibelius consigue magistralmente traducir a los pentagramas. Toda su vida fue un homenaje a su tierra. Una vida muy larga, noventa y dos años. Precisamente hoy, 20 de septiembre de 2007, se cumplen los cincuenta años de su fallecimiento.
Publicado por jrtapia @ 8:00  | El Concierto
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Publicado por Invitado
lunes, 24 de septiembre de 2007 | 1:11
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