La flauta es uno de los instrumentos más antiguos. Llegó a Europa en el siglo XII, procedente de Oriente. Durante la Edad Media se asoció principalmente con la música militar, pero a mediados del siglo XVII ocupaba un puesto importante en las orquestas de ópera o de la corte.
Los dos tipos de flauta más comunes son la flauta dulce (o flauta de pico) y la travesera, esta última más empleada en la orquesta a partir del Barroco, época en la que comienza su desarrollo constructivo en la corte de Luis XIV de Francia merced a Hotteterre.
Las primeras flautas carecían de llaves. Algunas notas tenían una pobre calidad de sonido, mientras que otras eran imprecisas. En Múnich, a principios de la década de 1830, Theobald Böhm incorpora al instrumento un sistema de llaves mejorado, con lo que logra su desarrollo técnico definitivo. Hoy día las flautas Böhm, hechas de madera o de metal, forman parte de todas las orquestas del mundo.
Originalmente el instrumento era de madera fina, pero la flauta travesera actual es un tubo metálico cilíndrico con tres partes ensamblables, que lleva una embocadura y una serie de orificios cerrados por llaves que se accionan con los dedos. El aire expelido por el ejecutante se lanza contra la boquilla del instrumento. Allí choca contra un borde o bisel, lo que produce el sonido. Las llaves abren o cierran los orificios del cuerpo del instrumento, con lo cual se cambia la longitud efectiva de la columna de aire que vibra dentro de su tubo y se define su tono. En los instrumentos primitivos los orificios se tapaban directamente con la yema de los dedos.