martes, 25 de septiembre de 2007
Dale Clevenger, Stefan Dohr, Ignacio García, Georg Schreckenberger (solistas)
Orquesta Filarmónica de Berlín
Daniel Barenboim, director



Entre las piezas orquestales de Schumann, un capítulo aparte es representado por el Konzertstück para cuatro trompas y orquesta opus 86: escrito en febrero de 1849, es posiblemente el punto más alto alcanzado por la imaginación del músico en el ámbito de la experimentación tímbrica y en el plano de la escritura sinfónica. El propio compositor la consideraba una de sus obras más logradas. La insólita plantilla, que requiere la presencia de cuatro virtuosos del instrumento de metal, hace de ella una pieza de infrecuente audición. Una verdadera lástima, si se tienen en cuenta su calidad y su originalidad. Precisamente de Francia, y gracias al impulso de Berlioz, los instrumentos de viento habían experimentado una serie de modificaciones para dotarlos de nuevos timbres o de recursos técnicos imposibles de conseguir con anterioridad. Los instrumentos de metal, por ejemplo, empezaban a utilizar mecanismos de pistones, lo que les permitía producir todos los sonidos cromáticos. Schumann estaba a favor de esta innovación, como queda claro en la opus 86, no en vano escrita -tal como especifica el compositor- para Ventilhörner, esto es, trompas de pistones.

El título de Konzertstück (Pieza de concierto) es engañoso y disimula las verdaderas ambiciones de la obra. Se trata en realidad de un verdadero concierto en tres partes, aunque Schumann establece unas relaciones temáticas muy estrechas entre un movimiento y otro, como ya había hecho en el Concierto para piano opus 54. La sonoridad de las trompas crea una ambientación tímbrica de clara ascendencia romántica. No obstante, el conjunto de cuatro solistas contrapuesto a la orquesta evoca también los modos barrocos del concerto grosso. Los timbres suntuosos y la escritura brillante de la pieza contrastan con la desnudez típica del estilo de Schumann en esta misma época. Es éste otro elemento que contribuye a hacer del Konzertstück algo único e irrepetible en el catálogo del compositor.

El primer movimiento (Lebhaft) sigue el modelo de la forma sonata. El segundo, como a veces ocurre en Schumann, es una Romanza. Su andadura lenta -pero no demasiado- genera un lirismo poco llamativo, aunque intenso y evocador, donde las cualidades vocales de las trompas son explotadas en toda su carga nostálgica. El movimiento conclusivo (Sehr lebhaft) cierra la obra en un clima de gran empuje y brillantez.
Publicado por jrtapia @ 8:00  | El Concierto
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