miércoles, 26 de septiembre de 2007
Leonid Kogan, violín


Niccolò Paganini (Génova, 1782-Niza, 1840), violinista, guitarrista y compositor italiano. Rodeado de una aureola mefistofélica por sus propios contemporáneos, asombrados ante su dominio del instrumento y su vida desordenada y aventurera, Paganini fue el violinista por antonomasia del Romanticismo. Niño prodigio, antes de cumplir los catorce años dominaba ya todos los secretos del violín, al extremo de que sus profesores reconocían no tener nada más que enseñarle. La gira que emprendió en 1828 por ciudades como Viena, Praga, Varsovia y Berlín lo consagró como el mejor violinista de su tiempo, capaz de extraer al instrumento sonidos y efectos inconcebibles. Su estilo brillante y, en ocasiones, efectista, desarrolló de manera considerable las posibilidades técnicas del violín, explorando variados recursos como las triples cuerdas, glissandi, pizzicati y arpegios, explotados en sus propias composiciones en las que destacan los Veinticuatro caprichos para violín solo Op. 1 (1818), seis conciertos para violín y orquesta, nueve Cuartetos para guitarra y cuerdas (1806-1816) y piezas como La danza de las brujas (1813) y Tarantella (1830).

Hubo un tiempo, allá por las postrimerías del siglo XVIII, en el que muchos violinistas tocaron la guitarra y compusieron música para ella. Sólo buscaban un mercado emergente, más accesible para ellos que el del piano que estaba desplazando al violín de la cúspide del Olimpo instrumental. Ese tiempo es el punto de inflexión en el que se localizan los cimientos de la guitarra moderna y aquellos violinistas dejaron huellas tan indelebles como la forma de escribir la música de guitarra que pasa de la tablatura a utilizar notación convencional en clave de Sol -la clave del violín- que es algo extraño para un instrumento de tesitura mucho más grave como la guitarra. El violín fue así el primer modelo de la guitarra moderna, reemplazado muy pronto por el modelo del piano a principios del siglo XIX. En ese punto justo de la historia es donde hay que centrar la figura de Paganini, virtuoso genial del violín, pero cultor reconocido y muy aficionado -como tantos otros- a la guitarra, cuyo uso de este instrumento se coloca a medio camino entre la guitarra-violín del XVIII y la guitarra-piano del XIX.

Dice la leyenda que Paganini debía parte de su virtuosismo al conocimiento que tenía de la guitarra, lo cual es algo exagerado: Paganini debía su virtuosismo únicamente a la fecunda y revolucionaria imaginación con la que tocaba el violín. Su conocimiento de la guitarra -como todo lo que habitaba en el reino de su imaginación- se aplicaba a su manejo del violín de una forma natural perfectamente audible en muchos de sus Caprihos op. 1. Cuando gran parte del lenguaje de la guitarra se modela sobre los recursos del violín y su técnica, Paganini aplica sus conocimientos guitarrísticos dentro de su programa de renovación de la música para violín, en una especie de fenómeno de retorno o de "ida y vuelta" muy peculiar. Así, la hermandad del violín y la guitarra dentro de la obra del virtuoso italiano es algo casi necesario.

Aunque, en vida, Paganini sólo publicó los Caprichos op. 1, las sonatas para violín y guitarra op. 2 y 3 (compuestas entre 1802 y 1809) y los cuartetos op. 4 y 5 para violín, viola, violonchelo y guitarra, se conserva importante gran cantidad de dúos para violín y guitarra manuscritos con una letra infernal en los que la guitarra se limita a realizar un acompañamiento muy convencional del violín. Este es el caso, por ejemplo, de los Sei duetti MS. 110 o los conjuntos de variaciones sobre la Carmagnola -una obra compuesta en la infancia del violinista- o la Barucabá, donde la guitarra sólo aporta un descarnado sostén a la febril imaginación violinística de Paganini, o también del Cantabile en Re mayor, que se suele interpretar sustituyendo la guitarra por el piano.
Publicado por jrtapia @ 18:00  | Instrumentos de cuerda
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Publicado por Invitado
jueves, 27 de septiembre de 2007 | 18:07
¡¡ Genial !!. Gracias