viernes, 28 de septiembre de 2007
Orquesta Filarmónica de Nueva York
Kurt Masur, director



Schumann es quizás la más fiel personificación de los ideales románticos. Su vida fue, esencialmente, una trágica lucha contra la depresión, el alcoholismo y la enfermedad. Al componer sus obras orquestales, debió resolver la fantasía y la libre inspiración imaginativa que imperaba en su singular producción pianística, elementos que se disolvían al componer para una masa sinfónica instrumental, medio poco familiar en el que era incapaz de dar rienda suelta a su incontrolable espontaneidad.

No obstante, Schumann combina en su música su propio romanticismo soñador, casi alucinatorio, con las estructuras clásicas. De esta latente contradicción, aceptar un modelo constructivo para orientar ideas de poéticas, se derivaban los premisas que resultaron una producción sinfónica verdaderamente original y, a la vez, respetuosa con la tradición.

En efecto, Schumann utilizó las formas clásicas, pero las ensanchó con diversas técnicas innovadoras, entre las cuales destaca su uso de la "interrelaciones" temáticas. Una preocupación constante en este compositor es la de conferir unidad al discurso de sus grandes composiciones orquestales, lo que se traduce en característicos detalles definitorios. Un ejemplo claro de ello es la reaparición de un mismo tema a lo largo de una obra en varios movimientos, adquiriendo la virtud de elemento unificador.

El año de 1846 vio la finalización de la segunda sinfonía, y en septiembre de 1850 el matrimonio Schumann se traslada a Düsseldorf, donde Robert fue nombrado director musical de su teatro principal. Su llegada fue seguida inmediatamente por una visita a Colonia con motivo de la ordenación del Cardenal Arzobispo en una ceremonia de profunda impresión. A su regreso, Schumann se puso a trabajar en el Concierto para violonchelo y, después, en la Sinfonía "Renana", la Sinfonía nº3 en Mi bemol mayor, opus 97, que completó en cinco semanas, comenzando en los albores del mes de noviembre la que es su última sinfonía (pues la cuarta, a pesar de portar tal orden, fue escrita después que la primera). La "Renana" representa el punto álgido del período "clásico" de Schumann que comenzó en su segunda sinfonía, y continuó con obras como la Pieza de concierto para cuatro trompas y el Concierto para violín, compuesto éste para Joseph Joachim. Con estos trabajos, Schumann declaró que prefería desarrollar ideas en su mente antes bien que en el teclado. El resultado es un estilo compositivo más intelectual y contrapuntístico que en sus obras anteriores, aunque, como bien sugiere el título, la sinfonía es una celebración de la gloriosa Renania, región alemana que inspiró a varias generaciones de compositores, Wagner entre ellos.

El estreno se efectuó en un concierto de abono en Düsseldorf el 6 de febrero de 1851, obteniendo un considerable éxito. La obra, que continúa la orquestación establecida en la segunda sinfonía, rompe el clásico esquema de cuatro movimientos en favor de un total de cinco (a merced de un movimiento extra, el cuarto, originalmente subtitulado como "Al estilo del acompañamiento de una ceremonia solemne", inspirado por su visita a la Catedral de Colonia).
Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Sinfonía
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