Elgar fue uno de los compositores que hicieron posible el renacimiento musical inglés a finales del siglo XIX, junto con Sullivan, Parry, Stanford y Mackenzie. Su padre tenía una tienda de música y era organista en la catedral y violinista en orquestas locales. Enseño a tocar ambos instrumentos a su hijo. El año 1899 fue el de su consagración como compositor, gracias al éxito de sus "Variaciones Enigma" y el oratorio "El sueño de Gerontius". Entró en el nuevo siglo con el encargo de una partitura para la coronación de Eduardo VII. Es un emblema del patriotismo y la corona británicos. Durante la Primera Guerra Mundial, compuso música militar que lo convertiría primero en caballero y luego en barón. Su música remedó el estilo de Brahms con toques wagnerianos. En la historia de la música su papel tiene más que ver con una época (la Inglaterra de Eduardo VII), que con su aporte creativo. En el Reino Unido aún hoy se lo considera el padre del sinfonismo nacional.
Elgar compuso el Concierto para violonchelo, Op. 85 (su última obra maestra orquestal) en 1919, justo después de la catástrofe supuesta por la I Guerra Mundial, que destruiría para siempre el mundo que él había conocido. La pieza estuvo terminada en agosto de 1919 en la cabaña Brinkwells que Elgar poseía cerca de Fittelworth, en el condado de Sussex. Alguien preguntó en una ocasión a Elgar sobre el significado interno de este Concierto para violonchelo, a lo que el compositor contestó: “Es la actitud de un hombre ante la vida.” Esta partitura fue estrenada el 27 de octubre de 1919 en el Queen’s Hall de Londres, bajo la dirección del compositor, con Felix Salmond como solista y la Orquesta Sinfónica de Londres.
El Concierto de Elgar ha encontrado intérpretes a su altura, que lo han convertido en pieza indiscutible del repertorio para violoncelo y una de las obras más populares de su autor.