domingo, 30 de septiembre de 2007

Publicado por jrtapia @ 18:00


Sumi Jo, soprano
Janácek Philharmonic Orchestra
Paolo Olmi, director


"Roméo et Juliette" es una ópera en un prólogo y cinco actos, con música de Charles Gounod y libreto de Jules Barbier y Michael Carré, basados en la famosa pieza homónima de Shakespeare. Fue estrenada en el Théâtre Lyrique de París, el 27 de abril de 1867.

Shakespeare fue un ideal de muchos compositores del Romanticismo, y Gounod, como muchos otros autores de ópera, encontró en el dramaturgo un tema de gran envergadura: el drama de Romeo y Julieta, escrito hacia 1595, y que constituye la cima del amor romántico, que no puede tener lugar por las luchas entre familias enemigas.

Gounod quiso darle un relieve especial y comienza la partitura con un coro interno que da una gran solemnidad a la obra, aunque luego cayó en lugares comunes decimonónicos como el bailar un vals en la fiesta de los Capuleto, etc. El libreto posee gran calidad, lo que ha propiciado que la ópera haya tenido representaciones periódicas desde su estreno hasta nuestros días.

La popularidad universal de "Fausto" probablemente haya eclipsado a la de "Romeo y Julieta", aunque también es cierto que en el terreno de la música en general ambas obras literarias han sido motivo de inspiración de numerosas grandes creaciones en casi todos los géneros. Sin embargo, el compositor la consideró la mejor de sus producciones para el teatro cantado, porque para él, en comparación con "Fausto", era la de mayor unidad y coherencia, además de haber logrado un encanto más misterioso e inspirado sin momentos débiles e intrascendentes desde el punto de vista sonoro, como ocurre en su "Fausto".

Hay en "Romeo y Julieta" unidad del discurso musical, momentos con marcado ímpetu juvenil, elegancia y lirismo melódico que no se perjudica aun en los pasajes de gran virtuosismo vocal, como ocurre con el famoso vals de Julieta en el primer acto (en el vídeo). También la música infunde una gravedad muy bien lograda, pero con un halo de inocencia, revelando la profunda comprensión del autor en relación con el culto del amor y de la muerte, que es precisamente el drama de Shakespeare.

La partitura de Gounod es, de todas sus obras, la que encierra mayor equilibrio y homogeneidad. Se ve claramente que el músico se ha consagrado a la creación de una pieza en la cual cada detalle, cada matiz, debe conferir al respectivo personaje esa fisonomía particular de la que todo operista debe preocuparse, si desea realmente componer y no sólo escribir partes. He aquí un trabajo poético y encantador, en el cual tanto saber como inspiración se revelan a la misma altura.

La obra se constituye en un gran dúo, más allá de las escenas de conjunto y la gran cantidad de personajes episódicos, que culmina con el gran dúo de amor del segundo acto en la escena del balcón, así como en la escena de la alcoba y el dúo final de la muerte, que son testimonios de un arte que, pese a los vaivenes del tiempo transcurrido y de la evolución de las modas, mantiene en toda su grandeza sus atractivos más destacados: inspiración melódica, refinamiento expresivo y teatralidad.

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