Tom Rakewell - Jerry Hadley
Anne Trulove - Dawn Upshaw
Trulove - Jonathan Best
Nick Shadow - Monte Pederson
Orquesta Filarmónica de Viena
Sylvain Cambreling, director
Peter Mussbach, director de escena
Jörg Immendorff, vestuario y decorados
En 1947 Stravinsky deseaba componer una ópera con libreto en inglés, su lengua adoptiva. Por recomendación de Aldous Huxley, se puso en contacto con el poeta Wystan Hugh Auden. El compositor quería que su ópera se basara en una serie de grabados, "La carrera del libertino", que el artista inglés William Hogarth había realizado en la década de 1730.
La fructífera colaboración que iniciaron Auden y Stravinsky, en la que Auden integró también a su pareja de toda la vida, Chester Kallman, fanático de la ópera, se convirtió, en sólo cuatro meses, en una nueva versión del mito de "Fausto" ambientada en la Inglaterra del siglo XVIII: la historia de Tom Rakewell, un joven tentado por el sombrío Shadow quien, para procurar robarle el alma, lo aleja, a través de una serie de artimañas, de la pureza de su prometida Anne y lo interna en un mundo oscuro y decadente en el que abundan la lujuria y la codicia.
En esta obra, el poeta deja constancia inequívoca de su estilo en la creación de personajes memorables como Baba la Turca o Mother Goose, y en la fuerte impronta de moral cristiana coincidente con la recuperación del sentimiento religioso de Auden que flota entre líneas. Sin embargo, la marca más importante que Auden imprimió a "La carrera del libertino" es aquella que justifica con creces la recomendación inicial de Huxley: su extraordinaria pericia verbal, su dominio de la rima en todas las variantes, y su certera habilidad combinatoria que hacen del libreto un texto exquisito de calidad única.
Si bien la música escénica encuentra en Stravinsky a uno de los más grandes compositores del siglo XX, con soberbias creaciones de partituras para el ballet, como “La Consagración de la Primavera”, “Petrushka” y “El Pájaro de Fuego”, el campo de la ópera no fue cubierto con igual intensidad dados ciertos reparos que el artista guardaba para con el desarrollo que había alcanzado este género.
Muchos aspectos de la ópera no eran del completo agrado de Stravinsky, rechazando de plano el llamado “Drama musical” de Richard Wagner, que le resultaba antipático y contradictorio.
Así, la composición de óperas ofrecía a Stravinsky ciertos problemas estéticos que no existían para él en el caso del ballet.
Por tal razón, tras pasar por algunas expresiones que se acercan con diferentes grados de aproximación a la ópera, como “El Ruiseñor”, “Edipo Rey” o “Perséfona”, el género no vino a ser realmente cubierto por Stravinsky sino en la etapa más madura de su proceso creativo, con “Mavra” y “The Rake’s Progress” (La carrera del libertino).
Es esta, la última ópera de Igor Stravinsky y concretamente su única ópera madura y extensa. En ella el compositor llevó hasta el extremo las ideas neoclásicas que sostuvo en una etapa de su vida.
“La carrera del libertino” fue estrenada en el Teatro la Fenice de Venecia, el 11 de septiembre de 1951, dirigida por el propio Stravinsky en una producción que se enmarcó dentro del 14° Festival de Música Contemporánea de esa ciudad italiana.
Para la ocasión se contó con el coro y la orquesta del Teatro alla Scala de Milán.