lunes, 15 de octubre de 2007

Publicado por jrtapia @ 8:00


Orquesta Filarmónica de la Scala
Myung-Whun Chung, director




A partir de su Quinta Sinfonía, Mahler cambia el rumbo y renuncia no sólo a emplear la voz humana, sino también a la inclusión de programas destinados a facilitar la comprensión de sus obras.

La Sexta es la única entre todas las sinfonías de Mahler que termina de forma inequívocamente trágica. Mahler es, por supuesto, un compositor con claras connotaciones "trágicas", pero el hecho es que la mayor parte de sus sinfonías terminan de forma triunfante (nº 1, 2, 3, 5, 7, y 8), mientras que otras terminan con un clima de alegría (nº 4), tranquila resignación (nº 9) o calma radiante (nº 10). La conclusión trágica, incluso nihilista de la Sexta está considerada como particularmente inesperada, ya que la obra fue compuesta entre 1903 y 1904, en una etapa especialmente feliz de la vida de Mahler: se había casado con Alma Schindler en 1902 y durante el transcurso de la composición nació Anna, su segunda hija.

Quizá debido a su complejidad o a su caracter especialmente severo, rupturista y pesimista, la Sexta no figura entre las sinfonías más populares de Mahler para el público en general. Sin embargo, es reconocida por los músicos como una de sus mejores obras y es una sinfonía que requiere gran estudio y concentración por parte de los directores y de las orquestas. Alban Berg y Anton Webern la elogiaron tras la primera audición. Para Berg era "la única Sexta, a pesar de la Pastoral", mientras que Webern se encargó de dirigirla en más de una ocasión.

Se dispone de poca información sobre el proceso de gestación de esta sinfonía. La Sexta describe una confrontación con la Muerte, a la vez personal y universal. Calificada en su origen de "Trágica" por el propio Mahler, cabe pensar que se trata de una representación pesimista de la lucha desesperada del hombre con la Muerte.

Los tres potentes golpes de martillo que se hacen oír en el "Finale" representan para el compositor una terrible señal premonitoria de los acontecimientos trágicos que iban a venir. En efecto, a partir del año siguiente al estreno de la obra (1906), el destino golpea terriblemente a Mahler en tres ocasiones: la muerte de su hija María a la edad de cuatro años, su dimisión forzada de la Ópera de Viena y el diagnóstico de una enfermedad cardiaca incurable.

En el mes de julio de 1904 en Maiernigg (Carintia) Mahler se decide a acabar la Sinfonía. Con el fin de encontrar la inspiración, realiza una excursión de dos días a Tobalch y a Misurina, en los Dolomitas. El 11 de julio, escribe a Alma una tarjeta postal para pedirle que le informe sobre los proyectos del segundo y tercer movimientos, que había olvidado. Estos dos movimientos así como el primero ya habían sido compuestos en 1903 y ya no quedaba por escribir más que el "Finale".

Según Alma, tan pronto como la sinfonía estuvo terminada, Mahler corrió a buscarla para estar juntos. Mahler afirmaba que esta obra había nacido de lo más profundo de su alma, la más personal de todas aquellas que brotaron directamente de su corazón.

En cuanto a la orquestación, además del quinteto de cuerdas, la plantilla orquestal está integrada por cuatro flautas y flautín, cuatro oboes, un corno inglés, cuatro clarinetes, clarinete bajo, cuatro fagotes, un contrafagot, ocho trompas, seis trompetas, tres trombones, trombón bajo y tuba, dos timbales y percusión (glockenspiel, vibráfono, campana, cencerros, gong, martillo, xilófono, pandereta, látigo, triángulo, dos arpas y celesta.

Hasta ese momento nunca se habían utilizado en una sinfonía la celesta -que Mahler descubre en 1903- ni el xilófono -que no volverá a utilizar en el futuro-. Los cencerros simbolizan la soledad del hombre en la naturaleza; el martillo, el destino; el xilófono, la risa del diablo; las graves campanas, un credo religioso.

La sinfonía consta de cuatro movimientos:

I. Allegro energico, ma non troppo. Heftig, aber markig
II. Scherzo. Wuchtig
III. Andante moderato
IV. Finale. Allegro moderato — Allegro energico

Con relación a las sinfonías anteriores, la Sexta parece tratarse de una vuelta a la forma clásica en cuatro movimientos. No obstante, al escuchar la obra, impresionan las dimensiones del "Finale" que dura más de media hora. Además, Mahler dudaba sobre el orden de los movimientos intermedios, pensando situar el "Andante" antes del "Scherzo", hasta que finalmente decidió restablecer el orden inicial de los movimientos.

Allegro, energico ma non troppo

La sinfonía comienza por un "Allegro, energico ma no troppo", tenido en cuenta “Heftig, aber markig” (“Vehemente, pero lleno de saber”), en 4/4. Es una marcha oscura y amenazadora, subrayada por la caja, un instrumento de percusión característico de la música militar.

Scherzo

El segundo movimiento es un "Scherzo", “Wuchtig” (“Que pesa”), en 3/8. Mahler reanuda el combate con un espíritu de obstinada y desafiante determinación: tresillos furtivos interpretados por las maderas y las interjecciones ásperas ejecutadas por los metales describen una escena llena de confusión y horror.

A manera de contraste, un trío inocente alterna dos veces con el "Scherzo". Según lo referido por Alma, se trata de una descripción de los “días desordenados de dos pequeños niños que corren en zigzag por la arena. Señal inquietante, las voces infantiles se vuelven cada vez más trágicas y se desmayan en un gemido”.

Andante Moderato

El tercer movimiento es un "Andante moderato", en 4/4, en Mi bemol como tonalidad principal. Evocación de un ambiente campestre que describe un refugio mucho tiempo buscado, pero sólo temporal, frente a la agitación turbulenta de los movimientos anteriores. Es un rondó y en el primer episodio reaparecen los cencerros de vacas que mencionan la calma bienaventurada de la naturaleza, en la cual el compositor dibuja gran parte de su energía creativa.

Finale

Con su inmenso "Finale" que dura más de media hora por sí solo, se trata de una de las sinfonías más difíciles de interpretar de las que escribiera Mahler. En 2/2, está indicado “Sostenuto; Allegro moderato; Schwer;” (“Pesado”) “Marcato; Allegro energico”. En este movimiento se vuelve al combate encarnizado.

Comienza por una oscura introducción, una especie de caos del fin del mundo. El "Allegro" es una marcha forzada, de nuevo emprendida con voluntad de hierro. Toda esperanza de un final victorioso se ve fracasada por unos terribles golpes de martillo y la obra termina en un ambiente de ruina y desesperación.

En la autobiografía de Alma, hay un pasaje en el que se refiere a la Sexta Sinfonía: En el último movimiento, él mismo describe su propia caída, o como dijo más tarde, la de su héroe: "El héroe que recibe tres jugadas del destino, incluido el tercero que lo hace caer como un árbol." Eran las propias palabras de Mahler. Ninguna obra ha sido tan bien transcrita de su corazón a la música como ésta.

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