sábado, 27 de octubre de 2007

Publicado por jrtapia @ 8:00



Orquesta Filarmónica de Los Ángeles
Esa-Pekka Salonen, director

El vídeo recoge la interpretación de dos fragmentos de música de cine, el primero de ellos procedente de la banda sonora de "Vértigo", film de Alfred Hitchcock (1958); el segundo, de "La casa en la sombra", de Nicholas Ray (1950). En ambos casos la música es obra del compositor Bernard Herrmann, nacido el 29 de junio de 1911 en la ciudad de Nueva York (EEUU) con el nombre de Max, que finalmente su padre cambiaría por el de Bernard.

Hijo de inmigrantes judíos rusos, Herrmann se orientó hacia la música debido a la afición y la voluntad de su padre, Abraham, que llevaba asiduamente a sus hijos a la ópera y a todo tipo de conciertos. El hermano pequeño de Herrmann, Louis, decidió continuar la profesión paterna -óptico-, mientras que Bernard se decantaría por el estudio y la práctica de la música, probablemente influido por un regalo que le hizo su padre cuando aún era muy joven: un violín.

Durante sus estudios en la Escuela Pública de Nueva York, Herrmann cultivó la lectura, descubriendo a los trece años la obra de la que más tarde siempre afirmaría que fue la que le empujó a decidir su futuro profesional: el "Tratado de orquestación" de Hector Berlioz. En su estancia en la DeWitt Clinton High School, en la que ingresaría en 1927 a fin de comenzar sus estudios musicales, fue compañero de Jerome Moross. En esa época Herrmann entabló relación con muchos compositores americanos contemporáneos, como Copland o Gershwin, de los que intentó aprender todo lo que pudo acerca de su profesión.

En 1929 sobrevino la Gran Depresión. Por entonces Herrmann estudiaba composición y dirección de orquesta en la Universidad de Nueva York, asistiendo como oyente a diversas clases en la prestigiosa Juilliard School. En 1930 se unió al Young Composers Group, con Aaron Copland a la cabeza, y en 1933 ya había dirigido en numerosas ocasiones a la New Chamber Orchestra, interpretando tanto composiciones propias como ajenas.

Gracias a su talento y a la experiencia adquirida en esos años, Johnny Green, director musical de la CBS Radio, lo contrató en 1934 como su asistente. Allí, Herrmann, al frente de la Orquesta Sinfónica de la CBS, dirigía la música que él mismo seleccionaba para los distintos programas, ganándose el respeto de sus colaboradores a la vez que programaba piezas originales, nunca antes escuchadas en la radio. Así, en 1937 fue elegido para componer y dirigir la música del serial radiofónico Columbia Workshop. A éste le siguió The Mercury Theatre on the Air, serie dramática, también de la CBS Radio, que casualmente dirigía un jovencísimo Orson Welles. Su siguiente colaboración en la radio fue la adaptación que Welles preparó del clásico literario de H.G.Wells "La Guerra de los Mundos", que causó gran conmoción en todo el país (se emitió la víspera de Halloween y mucha gente creyó a pies juntillas lo que se les estaba contando, creándose una involuntaria y risible situación de pánico en muchas ciudades), lo que les daría gran fama y prestigio a ambos.

Su colaboración en "La Guerra de los Mundos" supuso que Welles lo contratara para poner música a la que sería la primera película para ambos: "Ciudadano Kane" (1941), film que marcó un antes y un después en la historia del cine y que goza de una de las mejores composiciones de Herrmann. La satisfacción lograda por ambos con este trabajo fue tal que, para su siguiente film, "El Cuarto Mandamiento" (The Magnificent Ambersons), Welles no dudó ni un instante en volver a llamar a Herrmann para que se hiciera cargo de la banda sonora. Sin embargo, el compositor vió su enorme ego herido cuando comprobó cómo el estudio había mutilado su trabajo en la edición definitiva de la película, por lo que ésta fue la última colaboración entre Herrmann y Welles, dos genios de marcado carácter que estaban condenados a no entenderse.

Entre esas dos obras, Herrmann compuso la banda sonora de otro film, "All That Money Can Buy (The Devil and Daniel Webster)", que le reportó su primer y único (increíblemente) Oscar, compitiendo consigo mismo y su "Ciudadano Kane", lo que le garantizó un futuro prometedor en la industria cinematográfica. Sin embargo, Herrmann volvió a la Orquesta Sinfónica de la CBS, donde permaneció trabajando hasta que ésta se disolvió en 1951, estrenando multitud de piezas orquestales como "Aubade" (1933), "Sinfonietta for Strings" (1935), "Moby Dick" (1938), "Symphony" (1941) y "The Fantastics" (1942). Aún así, Herrman continuó trabajando durante esos años para el cine gracias a los contratos que Alfred Newman, director musical del estudio 20th Century Fox, le iba ofreciendo. Herrman fue contratado por Newman para realizar la música de "Jane Eyre" (1943), "Concierto Macabro" (1945), "Ana y el Rey de Siam" (1946), "El Fantasma y la Señora Muir" (1947) y "Ultimátum a la Tierra" (1951). Más adelante Herrmann colaboraría con el propio Newman en "Sinuhé, el Egipcio", aunque esta colaboración se debió a problemas de agenda del primero y no a un plan conjunto previsto y predeterminado entre ambos compositores.

Sería en 1955 cuando comenzara por fin uno de los binomios director-compositor más aclamados y fructíferos de la historia del cine: Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann. Hitchcock ya había intentado trabajar anteriormente con Herrmann en los 40, concretamente en su cinta "Recuerda", a la que finalmente puso musica Miklós Rózsa. Su primera colaboración sería "Pero... ¿Quién mató a Harry?" y a partir de ahí, Herrman compuso una serie de obras inolvidables, entre las que destacan el trinomio formado por "Vértigo", "Con la Muerte en los Talones" y "Psicosis", consideradas por muchos las tres mejores películas de Hitchcock y, así mismo, tres de las mejores partituras de Herrmann. Otros trabajos en los que estos dos personajes colaboraron estrechamente fueron "El hombre que sabía demasiado", segunda versión filmada por Hitchcock de la misma historia, "Marnie, la ladrona" y "Los pájaros", que aunque no tiene banda sonora cuenta con el nombre de Bernard Herrmann entre sus títulos de crédito como Director de Sonido y Efectos Sonoros. Se dice que fue la discrepancia de opiniones entre los dos, ambos poseedores de un fuerte carácter, con respecto a esta película lo que agrietó su relación profesional, lo que tuvo como resultado su separación definitiva en 1966, cuando la partitura de Herrmann para "Cortina Rasgada" fue rechazada por Hitchcock y el estudio, que buscaban algo más "moderno" y acorde con los tiempos (finalmente fue John Addison quien realizó el trabajo).

Imagen
Alfred Hitchcock junto a Bernard Hermann



Pero Herrmann no se llevaba mal con todo el mundo. Alguien con quién pareció encajar y disfrutar trabajando fue el creador de efectos especiales Ray Harryhausen, con quien colaboró entre otras películas en "Simbad y la princesa", "La isla misteriosa" y "Jasón y los argonautas", creando espectaculares y evocadores trabajos que se ajustaban a la perfección a las imágenes. Aunque menos conocidas, Herrmann también realizó diversas obras para televisión, como las series "En los límites de la realidad" (The Twilight Zone) y "Alfred Hitchcock Presenta".

Herrmann ya se había ganado una nefasta reputación en Hollywood y el rechazo de su música para "Cortina Rasgada" fue la gota que colmó el vaso. De esta manera, Herrmann decidió trasladarse a Inglaterra, donde trabajaría con nuevos y prometedores directores que estaban comenzando su carrera por aquella época, como Brian De Palma ("Hermanas", "Fascinación") y Martin Scorsese ("Taxi Driver"). Precisamente, sólo un día después de finalizar las sesiones de grabación de la banda sonora de "Taxi Driver", Bernard Herrmann falleció mientras dormía.

Algunas anécdotas curiosas sobre Herrmann (nótese que todas tienen que ver con su peculiar carácter) son:

- Cuando era pequeño, sus familiares lo llamaban Max, que era el nombre que en un principio iba a ser el suyo. Esto lo mortificaba sobremanera, ya que siempre afirmó odiar ese nombre.

- Existe otro compositor llamado Bernard Herrmann de nacionalidad británica. Este hecho molestaba bastante al Herrmann norteamericano, ya que durante el perido de su vida en el que vivió en Inglaterra recibía por error numerosas cartas de fans del "otro Bernard Herrmann".

- Son muchos los que afirman bromeando que un ensayo de James McNeill Whistler, autor favorito de Herrmann en su juventud, fue sumamente inspirador para el compositor y tuvo gran impacto en cuanto a formar (o deformar) su carácter. El título de este ensayo no es otro que "El gentil arte de hacer enemigos".

- A Herrmann nunca le gustó ser considerado un compositor de cine, profesión que despreciaba y consideraba inferior o de clase baja. Él siempre se definió como un compositor que, ocasionalmente, hacía trabajos para el cine. Paradójicamente, en la actualidad es mucho más conocido por sus trabajos para este medio que por el resto de sus obras.

- Según la mayoría de sus amigos, Benny (como le llamaban) no era consciente de lo desagradable y poco amigable que podía llegar a ser. Sin embargo, todos coincidían en describir su carácter como excéntrico, irritable e intolerante, aunque muchos pensaban que, de no haber sido así, no habría podido transmitir tanto con su música.

Bernard Herrmann fue un mago de la música. Su peculiar carácter marcó profundamente su carrera y le llevó a ganarse una mala reputación en los círculos donde se movía. Sin embargo, gracias a su enorme talento, fue capaz de mantenerse a flote durante toda su vida profesional, logrando un nivel altísimo en la mayoría de sus trabajos. El lirismo con que están impregnadas sus obras es todo un punto de referencia para los autores actuales. Su dureza y las formas contundentes que empleaba a la hora de transmitir tensión son envidiables. En la música de cine, por mucho que a él mismo le pese, Herrmann es todo un referente de la llamada "época dorada" y las dos décadas posteriores, estando considerado hoy por hoy como el mejor y más grande compositor de bandas sonoras de la historia. Herrmann emocionaba y sigue emocionando cada vez que suena alguno de sus temas y eso es algo que jamás nadie podrá negar. Quizá la frase que mejor se adapte a este gran compositor sea el siguiente juego de palabras, empleado en muchas ocasiones para definirlo: Bernard Herrmann era un "genio"... con mucho "genio".

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