La Consagración de la Primavera es una de las obras que marcaron el camino de la estética musical del siglo XX.
Su estreno en París en 1913 suscitó el mayor escándalo de la historia en la ejecución de una obra musical. Desde el primer compás de la introducción, con una frase plañidera del fagot en un tono agudísimo y con el acompañamiento exasperante de una nota tenida del corno inglés, empezaron a oírse en el público expresiones de desaprobación. Las protestas aumentaron cuando se levantó el telón y apareció el decorado del pintor Nicolás Rörich. Más tarde la orquesta fue ahogada por un furibundo griterío de protestas. La condesa de Pourtalés, célebre en los medios teatrales más importantes de París, abandonó ostentosamente el teatro, diciendo que, a sus sesenta años, no estaba dispuesta a que nadie le tomara el pelo. Los compositores Camille Saint-Saëns y Theodor Dubois, sumos
pontífices de la música francesa, expresaron su repulsa en voz bien alta y clara. Mientras tanto, Ravel gritaba que era una obra genial, Debussy pedía silencio para que pudiera oírse
aquella música maravillosa, y Florent Schmidt llamaba cretino al embajador austriaco.
Indudablemente, la música de "La Consagración de la Primavera" constituía una tremenda sacudida para los oyentes. Stravinsky utiliza en su obra unos medios de expresión extraños y mucho más violentos de los acostumbrados en las salas de París. "La Consagración de la Primavera" es una explosión exuberante de fuerza primitiva; la melodía apenas existe y se mueve en tonalidades extrañas: escalas orientales, modalidades litúrgicas y acentuados cromatismos; las armonías son audaces y provocadoras; el carácter principal es rítmico, un ritmo bárbaro, fantástico y estimulante; el compás cambia continuamente. Todo esto en una orquesta gigantesca con 23 instrumentos de madera, 19 de metal, 5 timbales y mucha percusión.
La opinión del público y de la crítica cambió pronto. La obra se repuso un año más tarde en versión de concierto, y fue acogida con una clamorosa ovación. Desde entonces está considerada como una de las composiciones que marca una época nueva en la Historia de la Música.
La obra tiene su argumento y se divide en dos partes:
1.- La adoración de la Tierra.- Unos jóvenes rodean a una anciana, que conoce los secretos de la Naturaleza y les inicia en sus misterios. Del río llegan unas muchachas, que danzan en círculo. Aparece un cortejo, guiado por un sacerdote santo y
sabio, que bendice la tierra. Lentamente todos comienzan a moverse rítmicamente en una danza de adoración a la Tierra.
2.- El sacrificio.- Una de las doncellas es elegida como víctima del sacrificio a la Primavera. Se purifica la tierra a su alrededor y se evoca a los espíritus ancestrales. Los
jóvenes danzan y los viejos circundan lentamente el lugar destinado a la danza del sacrificio. La joven víctima es obligada a bailar una danza frenética y salvaje hasta que cae
desfallecida y muere.