Se quel guerrier
Io fossi! se il mio sogno
S'avverasse!... Un esercito di prodi
Da me guidato... e la vittoria... e il plauso
Di Menfi tutta! E a te, mia dolce Aida,
Tornar di lauri cinto...
Dirti: per te ho pugnato, per to ho vinto!
Celeste Aida, forma divina.
Mistico serto di luce e fior,
Del mio pensiero tu sei regina,
Tu di mia vita sei lo splendor.
Il tuo bel cielo vorrei redarti,
Le dolci brezze del patrio suol;
Un regal serta sul crin posarti,
Ergerti un trono vicino al sol.
Celeste Aida, forma divina,
Mistico raggio di luce e fior, ect.
Pese a nacer en Modena y realizar todos sus estudios musicales en Italia, donde ganó un importante concurso en 1961, el debú operístico de Luciano Pavarotti se produjo en Dublín, encarnando al duque de Mantua de "Rigoletto", donde llamó la atención del director australiano Richard Bonynge y de su célebre mujer, la soprano Joan Sutherland, quienes le contrataron para una larga gira que supuso el despegue internacional del tenor. Conocido como el "rey del do agudo", Pavarotti poseía una voz amplia, técnicamente muy segura y sin duda la más bella aparecida en Italia en las últimas décadas. Su clamoroso debú norteamericano –en el Metropolitan en 1968- acabó de consagrarlo por la proeza de cantar nueve does agudos en un aria de "La fille du régiment", lo que le valió una portada del Time. Su actuación escénica era también muy buena, sobre todo en los papeles cómicos, en los que resultaba especialmente convincente. A medida que fue madurando, amplió su repertorio y a los grandes papeles para tenor lírico agregó otros más dramáticos como el Radamés de "Aida" o el príncipe Calaf de "Turandot". En primera línea de la fama en los últimos veinte años, las impresionantes ventas de su discografía le convirtieron en el tenor más popular de la segunda mitad del siglo XX.