Víctor M. Burell
EL PUNTO, 2-11-2007
El cierre temporal del Auditorio Nacional ayuda a no enloquecer en este otoño, pero no podemos dar la espalda a la música aún en este momento de teatro inevitable. Se puede uno escapar a sitios menos frecuentados para disfrutar de conciertos, nada menos que tres en la semana que se nos habrá ido cuando este número de “El Punto” vea la luz.
El Salón de Actos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la UPM, la Sala Sinfónica del Auditorio de San Lorenzo de El Escorial en sustitución del también en obras Teatro Carlos III, y finalmente el Teatro Albéniz en su programación del efervescente Festival de Otoño, han sido por este orden las sedes donde hemos podido escuchar música instrumental para no olvidarnos de la habitualmente columna vertebral de nuestra página.
Por orden de las sedes nominadas vamos a hablar de tres eventos musicales muy distantes en contenido y que en la mayoría de los casos han dado cancha amúsicos nuestros de categoría universal que han ido de lo clásico a lo contemporáneo y de lo camerístico a lo sinfónico con igual fortuna.
RECITAL DE OBOE Y PIANO
Es sin duda la “Escuela de Telecomunicación de la Universidad Politécnica” una de las instituciones más preocupada por la cultura, por lo que cualquier acto que redunde en este sentido no supone ya una sorpresa. El jueves 25 asistimos a un concierto de cámara en el que dos figuras españolas en este género dieron cancha a su experiencia con un programa dedicado al oboe y al corno inglés acompañados por piano.
Los solistas Ricardo Gassent y Sebastián Mariné configuraban el dúo que nos ofreciera la “Phantasiestücke para clarinete” de Schumann interpretada en el oboe, la “Sonata para corno inglés en do sostenido y fa mayor” de Hindemith, la “Sonata para oboe y piano”; Op. 166 de Saint-Saëns y una espléndida obra, para mí auténtica primicia, del que fuera mítico director Antal Dorati, “Dúo concertante para oboe y piano”.
Ricardo Gassent y Sebastián Mariné en la ETSIT-UPM
Estos son los “sucesos” que deberían colmar Escuelas y Facultades a falta del poco interés oficial por la sublimidad de la cámara. Artistas tenemos que no sólo están próximos a este género por amarlo, si no que además pueden dar su medida sin perderse en la masa de una orquesta, casi único medio de vida para el músico.
Mariné es un pianista dominador de todos los estilos, cosa de la que ya he dado medida a través de su extensa trayectoria. Gassent posee esa formación que el levante español ha otorgado a nuestros vientos acompañada del refinamiento europeo que le significa para construir este tandem trabajado, fluido y poseedor de un sonido acabado y preciosista. A pesar de mi predilección para la “Fantasía” de la versión del instrumento original para el que fuera escrita, la sesión de la Sala López Araújo de la Ciudad Universitaria fue un bocado de cardenal imposible de olvidar.
REIVINDICACIÓN DEL CONCIERTO DE PIANO Nº2 DE BEETHOVEN
Todos sabemos que este concierto es realmente el primero en el listado de cinco del genio que nos trasladó al romanticismo, pero aunque me continúe pareciendo el menos “genial” del quinteto, dicho así como Luis Fernando Pérez lo dijo deja perturbadas mis apreciaciones.
Esta temporada dos veces -no quiero repetir a sus hacedores por no parecer cruel- me ha parecido bastante anodino (al menos hasta llegar su efervescente “rondó” final) el mismo concierto que ahora me ha devuelto a la enorme herencia beethoveniana.
Luis Fernando Pérez agradeciendo la ovación del público
José Ramón Encinar condujo atentísimo esta creación con una orquesta cada vez mejorada, que sobre todo en los vientos volvió a dar su medida en un “Amor Brujo” ejemplar, yo diría que mimado en sus fraseos, con una trompa, un oboe y un piano difícilmente sustituibles para los resultados obtenidos.
Luis Fernando Pérez resucitó la obra con un fraseo que evitó la monotonía repetitiva, un sonido maravillosamente cristalino y una musicalidad que le coloca en la cúspide de la pianística española del momento.
Y CORRER PARA NADA
Corriendo llegué al sentenciado Albéniz (ya hablaré de este tema) para poder estar en el “Book of Longing” de Philip Glass en homenaje al gran Leonard Cohen. Creo que será mi último esfuerzo dada la decepción del producto; seis años confesados para producir este espectáculo anodino, plano absolutamente en su estructura escénica, con una música facil e igualitaria ante la fertilidad de los poemas de Cohen con una buena aunque aburrida interpretación de la docena de artistas utilizados. El público, puesto en pie, no creo que manifestara otra cosa que o temor a no valorar lo ya confirmado o satisfacción por haberse terminado la hora y cuarenta minutos de tedio. Este ha sido el espectáculo más caro del Festival, espero que pensemos mejor en el futuro.