Piero Cappuccilli (Amonasro), Gianfranco Cecchele (Radamés), Ruza Baldani (Amneris), Peter Winberger (Ramfis), Kurt Rydl (Il Re)
M. A. Gómez Martínez, director
Ópera del Estado de Viena, 1979
La génesis de la célebre ópera "Aída" es compleja e interesante, debido a las diversas personalidades que intervinieron en la creación de esta obra maestra del género lírico. Un amigo francés de Verdi, Camille du Locle, le preguntó en una carta si le interesaba crear una composición escénica para un país lejano. El músico se negó a tal petición, pero fue tanta la insistencia de su conocido, que le hizo llegar a su casa en Italia un manuscrito de cuatro páginas con un argumento interesante y, a la vez, exótico.
Cuando Verdi leyó el texto se interesó en el tema y en la carta de respuesta, le preguntó a du Locle sobre el autor del argumento. Éste le contesto que la idea original fue de Auguste Mariette, un egiptólogo, muy cercado al virrey de Egipto, el Jedive Ismail Paschá, quien deseaba inaugurar el nuevo teatro lírico de El Cairo con una obra del famoso compositor italiano. Además de este acontecimiento, la ópera
serviría para conmemorar la apertura del Canal del Suez, la obra de ingeniería más ambiciosa del siglo XIX.
Por la demora de du Locle en la entrega de los textos de la ópera y la guerra francoprusiana, "Aída" no pudo cumplir estos dos cometidos (sin embargo, en la primera función del teatro de El Cairo se montó "Rigoletto", del mismo autor). El público internacional esperaba que la nueva composición se cantara en francés y por primera y única vez, Verdi se negó a esta prerrogativa de los productores francófonos y encargó al poeta Antonio Ghislanzoni la traducción de todo el libreto para adaptarlo a la lengua italiana.
Como sucedía con frecuencia, Verdi estuvo pendiente de cada detalle de la lírica de los versos y, aunque respetaba muchísimo a Ghislanzoni, no le gustaron las estrofas de la escena final, del momento de la muerte de Aiía y Radamés. Como se demoraba en llegar la corrección, el autor decidió escribirlos él mismo, conforme a las instrucciones que había enviado al libretista. Este es el único testimonio de que el compositor acometiera esta tarea y aunque los califique de malos, demuestra en ellos sensibilidad en este instante trágico, pero a la vez poético de la ópera.
La trama de "Aída" es sencilla: Aída es una esclava que se encuentra en el séquito de Amneris, la hija del faraón. Las dos aman a Radamés, el general de los ejércitos egipcios que lucha contra Amonasro, el rey etíope y padre de la protagonista, quien organiza una incursión bélica para liberar a su hija del cautiverio. En medio de grandes palacios, templos y monumentos típicos del Egipto de los libros de arqueología, los personajes poseen dimensión humana más que heroica.
En Aída se desarrollan las grandes pasiones románticas: en ella están presentes el amor, el odio, la venganza, la exaltación de la patria. Los protagonistas se mueven entre sentimientos encontrados, como el de la esclava que debe decidir entre el amor paternal o el amor de un hombre enemigo de su país. Por ello, la obra es compleja, ya que los intérpretes no sólo deben limitarse al canto, sino que también han de tener en cuenta la interpretación y, Verdi es muy incisivo en este último aspecto, ya que para él, contar sólo con una voz hermosa no era suficiente, también el intérprete debería tener la capacidad de desarrollar las emociones que requería el papel.
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