Martha Argerich, piano
Orquesta Filarmónica de Berlín/Claudio Abbado
Hijo de músico, Richard Strauss se formó en Munich y se perfeccionó junto a Hans von Bülow. A los 16 años terminó su primera sinfonía y pronto comenzó a destacar como director de orquesta, lo que le llevaría a largas giras internacionales. En 1885 fue nombrado director de la Orquesta de Meiningen. En 1908 comenzó su colaboración con Hugo von Hofmannsthal en la creación de varias óperas. Su obra, clasificable como posromántica, comenzó dentro de una tradición académica seguidora de Brahms, para verse influida pronto por Richard Wagner y Franz Liszt y alcanzar la atonalidad, para regresar posteriormente a ella. Escribió abundante música de cámara, casi toda de sus años juveniles, música para orquesta, para coros y cerca de doscientas canciones de gran belleza, entre las que destacan los Cuatro últimos lieder (con orquesta, 1948). Sin embargo, la parte fundamental de sus obras se refiere a la orquesta y a la escena.
La obra de Strauss puede dividirse en tres periodos. Las composiciones del primer periodo (1880-1887), raramente interpretadas actualmente, muestran una gran influencia de los maestros clásicos y románticos y son de una gran perfección. Entre ellas pueden citarse la Sonata para violonchelo y piano (1883), Burleske para piano y orquesta (1885) y la fantasía sinfónica Aus Italien (1887).
En su segundo periodo (1887-1904), en el que consiguió una gran maestría en el arte de la orquestación, Strauss creó una serie de obras que figuran en el repertorio habitual. Perfeccionó el poema sinfónico y utilizó el sistema del leitmotiv (uso de temas recurrentes con asociaciones extramusicales específicas) que había sido desarrollado principalmente por el compositor alemán Richard Wagner. También introdujo innovaciones de tipo armónico y de instrumentación, ampliando así las posibilidades expresivas de la orquesta sinfónica moderna. Entre las obras de este periodo se encuentran Don Juan (1888), Macbeth (1890), Muerte y transfiguración (1890), Till Eulenspiegel (1895), Así habló Zaratustra (1896), Don Quijote (1897) y Vida de héroe (1898).
Al tercer periodo (1904-1949) pertenecen sus óperas, consideradas entre las más importantes del siglo XX. A raíz del éxito de la primera, Salomé (1905), Strauss se asoció con el poeta y libretista austriaco Hugo von Hofmannsthal, con el que produjo sus mejores óperas como Elektra (1909), El caballero de la rosa (1911), Ariadna de Naxos (1912, revisada en 1916), La mujer sin sombra (1919), Elena egipcia (1928) y Arabella (1933). A la muerte de Hofmannsthal, Strauss siguió escribiendo óperas con otros libretistas, aunque con menor éxito; entre ellas pueden citarse La mujer silenciosa (1935), Daphne (1938) y Capriccio (1942). Strauss también compuso más de 100 canciones, algunas como Dedicatoria (1882-1883) y Mañana (1893-1894) de calidad excepcional. Otras de sus obras son el ballet Josephslegende (Leyenda de José, 1914), las obras sinfónicas Sinfonía doméstica (1904) y Sinfonía de los Alpes (1915) y Cuatro últimas canciones (1948).
Strauss compuso su "Burleske" en 1885-86. La primera ejecución pública de la misma tuvo lugar en Eisenach, el 21 de junio de 1890, con el pianista Eugen D'Albert.
La "Burleske" se encuentra entre las primeras composiciones para orquesta, que marca el final de su período de aprendizaje. Siendo aún un adolescente, Strauss había escrito sus primeras piezas orquestales para "la pandilla salvaje", una orquesta de aficionados que su padre había creado en Munich. En 1883, llamó la atención del pianista y director de orquesta Hans Von Bülow, cuya orquesta de Meiningen era quizá el mejor conjunto de Europa en ese momento. Bülow promovió el aprendizaje de Strauss, así como la interpretación de sus obras. Finalmente, le nombraría su director asistente. Fue durante aquella época cuando el joven compositor completó un ambicioso Scherzo en Re menor para piano y orquesta.
En la primavera de 1886, Strauss llevó a cabo un ensayo para interpretar la pieza con la orquesta de Meiningen, pero el experimento sería una completa decepción. El Scherzo cayó en el olvido, y no sería recuperado hasta que Strauss mostrara la partitura al pianista Eugen D'Albert, un discípulo de Liszt, cuatro años más tarde.
D'Albert se interesó inmediatamente por la obra y se ofreció a estrenarla. Aunque Strauss era un poco ambivalente acerca de la obra (nunca, por ejemplo, le asignó un número de catálogo), realizó algunas revisiones en 1886. Finalmente, D'Albert estrenó la obra, ahora con "Burleske para piano y orquesta" como título, en junio de 1890. Si bien nunca ha sido considerada entre las obras más populares del repertorio romántico para piano, hoy día la Burleske se toca con bastante frecuencia: es un brillante escaparate para el lucimiento del pianista y se trata de una obra plena de exuberancia juvenil de todo un Richard Strauss.
Aunque Strauss evitase denominar su obra como un "concierto de piano" -Burleske se traduce como "burla" o "farsa"- toda la pieza está estructurada como un muy extendido primer movimiento de concierto. Gran parte de su material temático queda establecida en los compases de apertura, no por el piano o la orquesta, sino por los timbales en solitario. El piano entra abruptamente con una estridente versión del tema. Éste evoluciona hasta una conclusión más bien tranquila. Después el piano introduce una segunda idea temática en ritmo de vals. El desarrollo de ambos temas es efectuado por orquesta y solista. Finalmente hay una recapitulación literal de la sección inicial, rota por dos cadenzas, y la obra termina con una coda sorprendentemente moderada.