martes, 11 de diciembre de 2007

Publicado por jrtapia @ 8:00


Orquesta Kirov y Orquesta Sinfónica de la NHK
Valery Gergiev, director





Dimitri Shostakovich, nacido el 25 de septiembre de 1906 en San Petersburgo, se convirtió en uno de los tres grandes compositores rusos de su generación y llegó a ser uno de los maestros más importantes e indiscutibles en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Su inspiración, que no cesó nunca, le permitió crear un gran número de obras. Era capaz de utilizar motivos populares de manera sencilla y penetrante, pero también de acumular disonancias y tratar la rigurosa polifonía o el jazz.

Su técnica orquestal es brillante, su capacidad de elaborar los crescendi y llevarlos a efectivos puntos culminantes (una herencia de Chaikovski) es notable. Sus sinfonías y conciertos son desiguales en cuanto a calidad, pero pertenecen en parte a la mejor música del siglo pasado.

Shostakóvich vivió durante mucho tiempo en su ciudad natal, que después de la Revolución de Octubre pasó a llamarse Leningrado; allí vivió la Segunda Guerra Mundial, el cerco de los alemanes y la heroica resistencia de los rusos. Allí nació su Séptima Sinfonía («Leningrado»), que mereció notable atención en Occidente aún durante la guerra, pues pudo salir de la ciudad, no sin riesgos, y así Arturo Toscanini la dirigió poco tiempo después en Nueva York.

Después de 1958, el compositor vivió en Moscú, donde murió el 9 de agosto de 1975. Había obtenido todos los premios relevantes de la Unión Soviética, pero también fue distinguido con frecuencia por otros países.

Dimitri Shostakovich compuso dieciséis sinfonías, aunque su nombre quedó indisolublemente ligado a la séptima, titulada "Leningrado", escrita durante el sitio de 900 días a la ciudad por las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial.

El compositor, quien ya había tenido problemas con el estalinismo por su conducta artística "díscola" y alejada del "realismo socialista" que se exigía a los creadores, pidió ser transferido al frente de batalla, pero su solicitud fue denegada, alistándose como bombero de la defensa civil, protegiendo el Conservatorio de la ciudad. Varias veces le fue ofrecida la posibilidad de dejar Leningrado, pero siempre se negó. Cumplía con sus obligaciones, y cuando estaba liberado momentáneamente de ellas componía, aún en el refugio antiaéreo mientras caían las bombas.

Una vez terminado el tercero de los cuatro movimientos, el compositor escribía:
..."Con un sentimiento de admiración y de orgullo observé los hechos heroicos del pueblo de Leningrado...Todavía tengo que escribir el final de la sinfonía...Podría describirlo con una sola palabra -Victoria-...Nunca he dedicado ninguna de mis obras, pero esta sinfonía...pretendo dedicarla a Leningrado. Cada una de sus notas, todo lo que he puesto en ella, está ligado a mi ciudad natal y a estos históricos días de su defensa..."

Finalmente, Shostakovich abandonó la ciudad con su familia; primero fue a Moscú y de allí se trasladó a Kuibyshev, lejos del frente, donde extrañando la dura batalla por la existencia librada en Leningrado, como así también los recuerdos del compañerismo durante el sitio, culminó la sinfonía.

Durante la guerra la obra se estrenó en Moscú, y luego fue interpretada en muchos países. En Londres fue escuchada por 60.000 personas. En Nueva York, donde la partitura había llegado microfilmada en un avión que voló a través de los campos de batalla de Europa, fue estrenada por Arturo Toscanini. Pero sin duda la representación más conmovedora fue efectuada en Leningrado, donde sólo quedaban quince músicos de la Filarmónica de la ciudad. Se corrió la voz para que se presentaran todos los ejecutantes de los otros grupos sinfónicos locales, pero aún así no eran suficientes, por lo que se autorizó a desmovilizar del frente en forma temporal a los intérpretes que faltaban.

En palabras del compositor, los cuatro movimientos representan, respectivamente: la vida feliz y pacífica de un pueblo que tenía confianza en su futuro, los episodios felices del pasado reciente, el amor a la vida, la maravilla de la naturaleza y una vida feliz en el futuro, después de que el enemigo haya sido aplastado.

Las opiniones sobre esta vasta obra musical de alrededor de setenta y cinco minutos de duración varían: hay quienes consideran algunos de sus pasajes musicales como una acabada y lúgubre expresión del drama de la guerra, en tanto otros la encuentran trivial. Béla Bartók, a la sazón exiliado en Nueva York desde su Hungría natal ocupada, los encontraba algo absurdos.

Comentarios

 

     

Ver perfil público del propietario del blog

Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid Para visionar los vídeos de este blog se necesita MACROMEDIA FLASH PLAYER (Se puede descargar en ENLACES)

     

     

Participantes

     


     

Buscador

     

     

Articulos Anteriores

     


     

     

     

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless