Freddy Kempf, piano
El año 1798 fué una fecha memorable en la historia de las sonatas beethovenianas, pues en el fueron compuestas o concluídas nada menos que siete de esas composiciones incluyendo las tres de violín y piano, Opus 12. Si, como es lo más probable, la magnífica séptima nació en los primeros meses del año mencionado, la creación de la célebre Patética siguió inmediatamente a esa tercera sonata de la opus 10. Pero la publicación de ambas fue separada por un año largo, pues la opus 13 no se anunció por el editor hasta 18 de diciembre de 1799, apareciendo entre las dos sonatas el Trío para piano, clarinete y violoncelo, Op. 11, y las tres indicadas sonatas de violín, Op. 12, dedicadas a Salieri, de quien el gran maestro recibía aún lecciones de estilo vocal.
Desde el momento en que se publicó la Patética adquirió fama, siendo la primera obra de Beethoven que se popularizó rápidamente, a lo que contribuyó, tal vez su título sugerente, único ideado por el autor, pues Claro de luna, la Aurora y la Appasionata, que siempre han sido tan populares como aquélla, fueron así tituladas por el capricho ajeno. Mucho se ha comentado el referido título Op. 13, recordándose que el adjetivo patético expresa pasión, desde luego, pero pasión atormentada, dolorosa profunda, capaz de conmover intensamente. La opinión más apropiada es la de Reinecke, con la que coinciden otras muchas. Dicho compositor v profesor alemán afirma que a ese calificativo de patética responde solamente el primer tiempo. Realmente, en el sereno y plácido adagio el “pathos” desaparece por completo, fuera de algún acento pasajero y en el rondó, si se recuerda algunos instantes, se halla muy atenuado y suavizado, casi hasta la amabilidad. Asimismo, es cierto que numerosas composiciones o fragmentos de ellas entre las escritas por el autor ofrecen un carácter todavía mucho más patético que el primer tiempo de esta sonata, aunque Beethoven no las especificara con tal título.
La primera edición de la octava sonata para piano apareció con el siguiente epígrafe y dedicatoria: “Grande Sonate pathétique, pour le Clavecin or Piano-forte, composée et dédiée a Son Altesse Mongseigneur le Prince Charles de Lichnowsky, par Louis Van Beethoven. Oeuvre 13. Joseph Eder am Graben”.
La sonata contiene tres movimientos:
1. Grave; allegro di molto e con brio
2. Adagio cantabile
3. Rondo: allegro
El primer movimiento arranca con una introducción (Grave), por primera vez en la producción de Beethoven. El Grave suscita sentimientos de dolor atenuados por momentos de luz. Ligado de manera orgánica a la introducción , aparece el Allegro molto e con brio, con un comienzo tormentoso, violentamente dramático y apasionado. Como ocurre con frecuencia en Beethoven, este primer tema es contrapuesto a otro tema más melódico y expresivo. El tema de la introducción aparece nuevamente antes de una sección de desarrollo, y nuevamente antes de la coda final. La tensión emocional del movimiento, concentrado, extenso y complejo, no se había dado nunca antes en la literatura pianística.
El famoso segundo movimiento, Adagio cantabile, es de una sosegada belleza y suavidad, aparentemente simple pero armónicamente densa. La idea principal se puede encontrar en otras obras de Beethoven como el cuarteto Op.18 nº2 y en el Septimino Op.20. El último movimiento, Rondó: Allegro , es rico en inventiva y delicadeza, aunque de carga emocional inferior a la de los dos intensos movimientos anteriores .
Los expertos destacan la unificación temática de la sonata a partir de una célula cíclica, que aparece en todas las secciones de la sonata: el núcleo temático del Grave se reproduce en el Allegro, y el segundo tema del Allegro es una amplificación del Grave. También es la base para el final de la melodía del Adagio cantabile y para el tema principal del Rondó. Se suelen destacar además las ambiciones sinfónicas y tímbricas de la sonata, muy rica en texturas.