Lorin Maazel
Verdi, en la aldea global
GONZALO ALONSO
LA RAZÓN, 17-12-2007
«Don Carlo»
De Verdi. Intérpretes: O. Anastassov, Y. Lee, V. Anastassov, E. Halfverson, S. Shvets, A. Marambo, Annia Smirnova, etc. Dirección escénica: Graham Vick. Dirección musical: L.Maazel. Coro de la Generalitat valenciana y Orquesta de la Comunidad Valenciana. Palau de les Arts. Valencia, 15-XII-2007.
Preludio: H.S. Y G.A. sueñan con una coproducción de «Don Carlo» a cargo de Gian Carlo del Monaco para inauguar los teatros de Valencia y El Escorial.
Acto I y único: la acción transcurre cinco años después. La historia de los teatros citados es conocida de todos. Mientras el Escorial duerme como los lagartos en invierno, Helga Schmidt consigue introducir el título en su segunda temporada, pero no con una producción propia sino alquilada a la Ópera de París. Los sueños, sueños son. No hay buenas producciones en el mercado y ésta es una de ellas aun con sus imperfecciones. Lo es la de por sí complicada escena del Auto de Fe, con un Felipe II que, en sus ricos atavíos, más bien parece Turandot o Boris Godunov. Lo son los tocados de las damas de la corte en el cuadro del velo.
Las féminas arrasan
A su favor juega, sin embargo, la elegancia de unos decorados simples en los que se utiliza con frecuencia la proyección y una iluminación de muy acertada inspiración en la pintura flamenca. Dentro de ellos no hay una especial filosofía dramática por parte de Graham Vick, pero bien es verdad que parte de los principales intérpretes no habrán podido ensayar lo suficiente al haberse incorporado en el último momento para sustituir a los enfermos.
Ganan por puntos las féminas. Cuando los repartos no son redondos siempre triunfa la Éboli si posee buena voz. Así ha sucedido con Annia Smirnova, quien se llevó merecidamente los mayores aplausos en función tras un «O don fatale» muy interiorizado en su inicio. Voz grande, algo basta, pero eficaz. La de Angela Maranbo también reúne volumen y se encuadra en la rara avis de las «spinto». Se reservó durante toda la noche para soltarse en «Tu che la vanitá». Orlin Anastassov apenas cosechó aplausos tras su gran aria y Felipe II quedó un tanto desdibujado, al igual que su hermano, sustitución a Carlos Álvarez. Su dúo pasó con más pena que gloria y ni el «Guardie, disarmato ei sia» de Felipe ni el «A me il ferro» de Posa al final del Auto de Fe tuvieron la autoridad requerida. Yonghoon Lee compuso un Carlo forzado en el volumen y sin capacidad para apianar. Será deformación personal, pero yo, hoy por hoy, no puedo imaginar un infante coreano, por más que sea actor.
Autoridad hubo en el foso, donde Lorin Maazel nunca se durmió, sino más bien lo contrario, creando detalles impactantes como los acordes de metal y percusión tras la frase de Posa «la paz de los sepulcros». Él y la orquesta recordaban por momentos a Karajan y la Filarmónica de Berlín en Salzburgo.
Maldición y conjuro
ÓPERA
«Don Carlo»
Verdi: «Don Carlo». Intérpretes: Orlin Anastassov, Yonghoon Lee, Ventseslav Anastassov, Eric
Halfvarson, Ángela Marambo, Anna Smirnova, Coro de la Generalitat Valenciana, Orquesta
de la Comunitat Valenciana. Director de escena: Graham Vick. Director musical: Lorin Maazel.
Lugar: Palau de les Arts, Valencia. Fecha: 15-XII
ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE
ABC, 17-12-2007
Entre inundaciones, desplomes y otras cojeras arquitectónicas, el Palau de les Arts ha dibujado su leyenda negra. Podrá sonar exagerado. Quizá. Pero también se dice que fue oscura la España de Felipe II y para quien lo dude ahí está el «Don Carlo» de Verdi que la recrea con tal detalle que, incluso, es capaz de mimetizar su tragedia. Lo ha comprobado el propio teatro valenciano. Por si no tuviera suficiente, programa la obra y uno tras otro se suceden los abandonos. Primero fue el protagonista, Marcello Giordani, luego, cercano el estreno, Nadia Krasteva y Carlos Álvarez, quienes dejaron a la Princesa de Éboli y a Rodrigo en manos de Anna Smirnova y Ventseslav Anastassov. Así las cosas, tiene mérito que ella resolviera su parte con potencia y metal aportando al encuentro final con Isabel de Valois, Ángela Marambio, una tensión considerable que culminó con grandeza en el aria «O don fatale». También es cierto que esta última se creció en su escena final, «Tu, che la vanità», antes de que todo concluyese con considerable densidad dramática.
Convendrá señalar que cualquier logro de este «Don Carlo» le debe mucho al trabajo de Lorin Maazel en una tarde de destellos geniales que obligó a repartir la mirada entre el escenario y el foso. Abajo: equilibrio, retórica, precisión, contraste, sabiduría; arriba: ganas, disposición, dignidad. Es lógico que, luego, Ventseslav Anastassov se defendiera con una actuación correcta. Algo menos que Orlin Anastassov ofreciera un Felipe II de poco empaque. Lo tuvo y con rotundidad Eric Halfvarson, el Gran inquisidor, y demostró agallas el coreano Yonghoon Lee quien, desde el principio, no escatimó fuerzas, cantando un Don Carlo poderoso, racial, de intención concentrada, algo destimbrado en el susurro, pero punzante y noble en la exclamación. Oscuro cabría decir para coincidir con lo mejor de una producción ideada por Graham Vick para la Ópera Nacional de París. Detalles aparte, escenario profundo, simbólico, sobrio y enorme. Capaz de conjurar la leyenda.