miércoles, 26 de diciembre de 2007

El 27 de octubre de 1782 nació en Génova una de las figuras más emblemáticas de la música clásica, se trataba de Nicolò Paganini. Su singular personalidad, su especial talento musical y la leyenda que giró en torno a su figura han sido el origen de, al menos, treinta estudios biográficos.

Paganini fue un niño prodigio que a los seis años ejecutaba piezas en el violín y a los nueve debutaba ante el público. Su padre le envió al maestro Alessandro Rolla para que le enseñara el arte musical, pero éste, tras escuchar un concierto del pequeño, no pudo por menos que decirle: “... no tengo nada que enseñarte”. Sus célebres giras le llevaron por toda Italia, además de las ciudades de Viena, París y Londres. Su obra como compositor consta de veinticuatro Caprichos para violín solo (con nuevas técnicas interpretativas del instrumento), seis conciertos y varias sonatas. Sobre Paganini se creaban innumerables leyendas que él mismo se negaba a desmentir, en parte porque le divertían y en parte porque le permitía llenar los teatros donde actuaba.

A Paganini le molestaba que siempre que lo invitaban a comer le advertían que no olvidara su violín, para amenizar la sobremesa. Hasta que se decidió a contestar: “Mi violín no come más fuera de casa”. Paganini con aquel Guarnerius podía reproducir la voz humana y vocalizar el nombre de las personas. De ahí que dijesen que su violín encerraba el alma de mujeres de hermosa voz. Ni en su lecho de muerte se separó de aquel instrumento, creado por Giuseppe Bartolomeo de la luthería Guarneri.

Era tan extraordinaria su habilidad con el violín que corría la leyenda que la había alcanzado por medios no naturales, se rumoreaba que en cierta ocasión había matado a un rival, siendo condenado por ello a presidio y que allí había vendido su alma al diablo a cambio de conseguir estas dotes tan portentosas.

Esta leyenda guarda un gran paralelismo con Mefistófeles, uno de los personajes de Fausto, creación del genial Goethe. Otra leyenda afirmaba que hallándose encarcelado, por haber matado a su amante, interpretó bellas composiciones en su celda con tan sólo una cuerda de su “Guarneri”, por habérsele roto las tres restantes, complejos fragmentos violinísticos.

A pesar de ser “feo, descuidado y trasudado”, como lo describe uno de los críticos de la época, su fuerte personalidad atrajo a numerosas damas, entre sus amantes figuran Paulina y Elisa, las hermanas del emperador Napoleón Bonaparte, y bailarinas como Antonia Bianchi, que fue madre de su hijo Aquiles.

Su dedicación musical llevó siempre pareja su vida pendenciera y alocada y una afición por el juego que rozaba la ludopatía, se cuenta que en varias ocasiones llegó a apostar su preciado violín.

Pocos músicos han causado tanto furor en su vida y han llevado a cabo un dominio de la técnica como lo hizo Paganini, a ello contribuyó enormemente su gran flexibilidad articular, el Dr. Bennati lo atendió durante años e informó de algunos detalles de gran interés:

“... su mano tiene una gran elasticidad, al igual que su hombro y su codo...”

observó que cuando tocaba su codo cruzaba por encima del otro codo; la flexibilidad de Paganini era tan grande que la uña del dedo pulgar llegaba a tocar el dorso de su mano, esta hiperlaxitud le permitía tocar tres octavas con poco esfuerzo. Se sabe que voluntariamente podía flexionar lateralmente la articulación de sus falanges distales; en varias ocasiones fue preguntado acerca de su mágico secreto, a lo cual el genial compositor siempre respondía que lo revelaría cuando se retirara, desgraciadamente se llevó tan codiciado secreto con él, sin duda sus prodigiosas dotes interpretativas se debieron a un trastorno del tejido conectivo como ahora veremos.

Sus contemporáneos lo describen como un ser cadavérico, de ojos negros, piel blanca como la cera, pelo largo y negro, nariz prominente y estatura media; la coloración de la piel adoptaría, algunos años después, un tinte gris plateado, debido al tratamiento mercurial que recibió para la sífilis. Dicho tratamiento también fue el responsable de la pérdida de las piezas dentarias y de las molestias estomacales que acompañaron al compositor a lo largo de sus últimos años.

El síndrome de Marfan es el trastorno más frecuente del tejido conectivo, caracterizado por una alteración del metabolismo del colágeno, entre sus manifestaciones musculoesqueléticas se encuentran la aracnodactilia, la desproporción esquelética y una elevada estatura. Como ya hemos citado, Paganini era de estatura mediana, en cuanto a la aracnodactilia, en el Museo del Conservatorio de París se guarda un molde de la mano de Paganini, el cual es de forma y dimensiones normales, su dedo índice mide 10.1 cm y su dedo pulgar, en extensión, 6.7 cm. Estos hechos hacen poco probable que el compositor sufriera una enfermedad de Marfan.

El síndrome de Ehlers-Danlos se caracteriza por existir laxitud e hipermovilidad articular, con mayor capacidad de estiramiento, características que poseía Paganini. Este síndrome comprende, al menos, 11 tipos diferentes, dado que Paganini vivió durante 58 años, es poco probable que presentase el tipo IV, caracterizado por acortamiento de la longevidad y por presentar menor extensibilidad. Probablemente el músico italiano sufrió un tipo III, caracterizado por ser benigno y porque la gran laxitud articular no se suele acompañar de excesivas deformidades esqueléticas.

De forma gradual fue perdiendo su voz y permaneció afónico durante los dos últimos años de su vida, entre los diagnósticos diferenciales se barajan la laringitis tuberculosa y la lesión del nervio recurrente secundaria a un aneurisma aórtico; en cualquier caso, falleció en Niza el 27 de mayo de 1840.

La fama de endemoniado persiguió a Paganini hasta la muerte, pues el obispo de Niza le negó sepultura eclesiástica, al haberse negado a recibir la Extremaunción los días previos a su fallecimiento por pensar que todavía no había llegado su hora. Su cuerpo fue embalsamado durante dos largos meses y posteriormente, por espacio de un año, fue depositado en el sótano de la casa de su hijo, finalmente fue enterrado en el lazareto de Villefranche, pero aquí no terminaría la peregrinación, ya que años después sería trasladado a otros cementerios, hasta alcanzar el de Parma, en donde reposa actualmente.

El excentricismo de Paganini y su “endiablada” habilidad propiciaron que muriera sin fundar ninguna escuela musical.

Paganini fue el violinista más famoso de la historia, principalmente por su magnetismo personal que alimentó todo tipo de mitos referidos a su asombrosa técnica y a la inaudita pureza de su sonido.

Fue un violinista que trascendió lo puramente musical y se vio convertido en el personaje semifabuloso cuyo arco era manejado por el diablo en persona. O al menos eso es lo que publicó la prensa vienesa tras su triunfal debut el 28 de marzo de 1828, fecha de inicio de la vertiginosa carrera europea interrumpida seis años después por una enfermedad incapacitante que le impidió estrenar Harold en Italia, el concierto para viola y orquesta que había encargado al joven Berlioz.

Si a la crítica vienesa le gustaba subir a escena al mismísimo Satanás, la parisina acudía a la superposición de calificativos característica del estilo literario de Mme. De Sévigné: "Es la cosa más asombrosa, la más sorprendente, la más milagrosa, la más triunfal, la más extravagante, la más inaudita, la más singular, la más extraordinaria, la más increíble, la más imprevisible... Regocijémonos de que este encantador sea nuestro contemporáneo, de que lo podamos aplaudir nosotros mismos, ¡si hubiera hecho sonar así su violín hace más o menos cien años, hubiera sido quemado por brujo!" (Le Journal des débats, 1831).

La lectura de la prensa europea de la época pone de manifiesto que el aspecto físico de Paganini resultaba tanto o más fascinante que su técnica 'sobrehumana', lo que explica en parte el mito del pacto con el diablo que, alimentado por un famoso cuento de E.T.A. Hoffmann, se tejió en torno al violinista: "extremadamente delgado, mirada penetrante, cabello negrísimo que contrastaba con la extremada palidez de su piel ... y dos profundas arrugas, semejantes a las ff de los violines, que surcan sus mejillas".

Evidentemente, a Paganini no le disgustaban esas supersticiones que tantos beneficios le reportaban y él mismo cuidaba de no defraudar las expectativas de sus públicos, convirtiéndose en un icono del artista demoníaco del primer romanticismo tal como Sarasate se convertiría en un icono del artista mórbido de la Belle Époque.

Al margen de su rol simbólico, los descubrimientos técnicos de Paganini lo erigen en una figura central en la historia del violín. Lo es en tal alto grado que las escuelas nacionales que no asumieron sus aportaciones declinaron tan rápidamente que pocos años después de la muerte de Paganini estaban prácticamente inermes. Tal fue el caso de la escuela alemana que, por influencia de Spohr, intentó seguir sus propias tradiciones y ni siquiera la inyección de vitalidad húngara que significó Joachim pudo devolverle el protagonismo europeo que había tenido entre ca. 1750-1830.

Además, Paganini tuvo una enorme influencia sobre la asunción del virtuosismo como elemento artístico en la música occidental. Como explica Renato Di Benedetto: "El virtuosismo de Paganini se consideraba trascendental: se lo consideraba capaz de lanzarse contra la materia sonora con un chorro tal de violencia fantástica que llegaba a trascender sus límites, o mejor aún, a romper los nexos formalizadores y llegar al corazón que -según la genuina concepción romántica- latía al unísono con el alma del mundo; es decir, como expresión de una potencia demiúrgica." (1982) Esta concepción, desarrollada por Liszt, se mantuvo vigente en la música culta hasta los años veinte, perdiendo prestigio en beneficio de la concepción mesiánica que otorga al compositor el protagonismo absoluto en el acto creativo que convierte al intérprete en un mero ejecutante de la obra de arte. A partir de la crisis cultural de los años sesenta, la música culta ha recuperado los valores del virtuosismo de los que se había apropiado. en los años de la Guerra Fría, el be bop, una de las corrientes principales del jazz de postguerra, y, en los años setenta, las corrientes del Heavy rock por influencia de Jimi Hendrix.
Publicado por jrtapia @ 8:00  | Instrumentos de cuerda
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios