Orquesta Filarmónica de Viena
Carlos Kleiber director
Johann Strauss II, nació el 25 de octubre de 1825 en un suburbio de Viena. Su padre decidió que debía hacer la carrera de comerciante y su hermano Josef, la de oficial del ejército imperial y que jamás serían músicos, siguiendo sus pasos. Les prohibió tocar música y se enfadó bastante al enterarse que su hijo Johann compuso unos valses, cosa que a su parecer estaba fuera de su talento artístico. Por otra parte el padre se alejó de la familia por un amor apasionado con la modista Emilie Trampusch, circunstancia que le permitiría a Anna Streim realizar sus ambiciosos planes de hacer de su hijo Johann un gran artista.
Johann Strauss II comenzó a aplicarse en música sacra, pero al tocar el órgano le salieron ligeras melodías con ritmo de baile. Por fin, un día decidió formarse como solista de violín para valses. A la edad de 19 años ya había fundado su primera orquesta, ensayando con ella a fondo y componiendo la música idónea para su estreno. Después, se anunciaba en carteles y diarios: “A Johann Strauss, el hijo, le complace anunciar que dirigirá por primera vez a su orquesta en el Dommayer (Una cafetería con sala de baile muy popular cerca del palacio imperial de Schönbrunn) el 15 de octubre de 1844 “.
Aunque en un principio hubo quienes le acusaron de aprovecharse del célebre nombre de su padre para hacerse rico, al llegar el gran día 15 de octubre, miles de personas se agolparon para obtener sitio en el Dommayer. Todo intento de iniciar el baile fue inútil, dados la gran concurrencia y entusiasmo del público al comprobar que Strauss, el hijo, tocaba sus valses con la misma elegancia y fervor que su padre. ¡Antes de la pausa tuvo que repetir el último vals diecinueve veces!
Por fin, pudo reestablecerse la paz entre padre e hijo, hasta que el último se hizo cargo del 2° regimiento de la milicia. Los sucesos del año 1848 los separó definitivamente. Johann Strauss I escribió la marcha de la guardia nacional, el hijo, en cambio, la marcha revolucionaria y además, la marcha de las barricadas. En 1860 su temperamento artístico y travesura juvenil se manifestarían en la „Demolierpolka“ y la „Explosionspolka“ (polca de las demoliciones y polca explosiva). Mientras el hijo tocaba canciones de libertad para la república, el padre veneró la Austria Imperial, confiando en sus ejércitos y en su capitán general Radetzky. De ahí nació la marcha de todas las marchas, la cual incitaba como ninguna a atacar y morir, la famosa “Marcha Radetzky“.
En 1849 Johann Strauss I murió de escarlatina en Viena tras una corta tournée en Inglaterra. Viena le despidió con un magnífico entierro. El joven Johann siguió sin vacilar el camino iniciado por su padre. Las encantadoras melodías de sus valses retrataban admirablemente el paisaje de las hermosas viñas en los alrededores de Viena y en general, el espíritu optimista de la Viena Imperial.
Henriette, la primera esposa de Johann Strauss II, le convenció de que se aventurara a componer para el teatro. Para él, que se sentía como el rey de la música y el baile, la temática teatral con sus ascensos, puntos culminantes, decensos y largos discursos era algo totalmente ajeno. La decisión de dar el salto al teatro fue para él el comienzo de un nuevo progreso artístico que le haría sobrepasar la pauta de su padre. Por otro lado, quería terminar con la prevalencencia del cinismo de Jacques Offenbach, lo cual logró en seguida, desplazándolo a un segundo plano con su arte vivo y animado, el cual contaba a su vez con la simpatía de los vieneses.
Entre las muchas obras de teatro que compuso, sólo una vez encontró lo que estaba buscando: „Die Fledermaus“ (El Murciélago) era el libreto, que por primera vez, desarrolló con toda su alma. Esta actividad le permitió vivir plenamente su alegría vital, su fecunda fantasía que aportó un gran calor, fuego y romanticismo humano. Esta obra fue fruto de 340 incansables noches de trabajo, provocando sus lágrimas de alegría y felicidad. En Viena „Die Fledermaus“ se representó tan sólo 16 veces, hasta que el crac de la Bolsa en 1873 convirtió en mendigos a millares de personas. En cambio, en Berlin „Die Fledermaus“ se representó cien veces en un verano, y cuando se puso otra vez en escena en Viena ya se podía dar por seguro que la obra sería un éxito mundial. En Paris el maestro Strauss, su compositor, fue galardonado con la cruz de Caballero de la Legión de Honor.
Johann Strauss II mantuvo durante toda su vida su originalidad y su espiritu juvenil, mostrando siempre frescura y agilidad. Sus creaciones se caracterizaban por su alegría y buen humor. Lo trágico nunca arraigó en su vida. Su miedo a la muerte tenía algo de singular. No acudió ni al entierro de su madre, ni al de su mujer Henriette, cuyo entierro tuvo que organizar su hermano. Al haberse quedado solo y sin asistencia, se casó demasiado deprisa y sin haberlo pensado bien, con una joven cantante rubia, Angelika Dittrich, que le dejó al cabo de poco tiempo. El rey de los valses se atrevió a acometer otras nupcias y compuso la opereta „Der Zigeunerbaron“ (el Barón Gitano).
Las manos de Strauss hacían música de todo lo que tocaba, era un hombre que se encontraba totalmente concorde con la naturaleza, sin más podía gozar tranquilamente de un paisaje. Al componer el Barón Gitano no puso solamente el texto en música sino todo el escenario. Al poeta solamente le restó colocar las palabras debajo de las melodías. En la historia de la música de las operatas el Barón Gitano sigue siendo algo único en su género, sumamente estético, que fue introducido en el teatro sin seguir el proceso normal de ajuste a la parte dramática. Es una obra maestra creada en 730 días de trabajo intenso y esmerado. Su inauguración en la víspera del 60° aniversario del nacimiento de Johann Strauss fue un éxito sin igual, causando ovaciones entusiastas. En Viena la tuvieron que representar ochenta y cuatro veces seguidas y su éxito se extendió con velocidad vertiginosa por todo el globo. Esta fenomenal acogida resultó en la creación de toda una serie de operetas inspiradas en el ambiente húngaro.
Strauss logró, en su expresión musical, amalgamar los contrastes sociales y políticos de dos pueblos, consiguiendo así que el rey de los valses y el último gran emperador de la monarquía austro-húngara conincidieran en sus objetivos. Para el 40° aniversario de la entronización del emperador Fracisco José, que entonces tenía 58 años, el maestro Strauss le rindió homenaje con una de las flores más hermosas de su música, el „Kaiserwalzer“ (vals del emperador). En este vals se pueden palpar la dignidad del emperador, la gran veneración de la que gozaba y la alegría reinante en una Viena entregada al baile de una festividad solemne. Strauss se ganó amigos y admiradores en todo el mundo. En el año 1884, es decir al celebrar los cuarenta años de su estreno en el Dommayer, Brahms, Bülow, Verdi, Billroth y Bismarck le felicitaron y le rindieron homenaje. En Berlin se celebró durante tres días la 300ª presentación de „Der Lustige Krieg“ (la Guerra divertida) y la 400ª de „Fledermaus“ (El Murciélago).
Diez años más tarde (en 1894) el maestro realizó la interpretación y acompañamiento musical del drama „Ritter Pázmán“. Su desafortunado amor, la ópera, le tentaba a Johann Strauss. En su vejez trabajó dos años contra si mismo, dejando atrás la música ligera, y dedicándose a obras más serias. Así él mismo se hacía la vida difícil.
El día tres de junio de 1899 murió de una pulmonía mientras estaba trabajando sobre las últimas cadencias de su ballet „Aschenbrödel“ (La Cenicienta). Su muerte supuso un dolor profundo en el corazón de Viena. ¿Como era posible que Strauss pudiera morir? Con él, todo un modo de vivir se desvanecía. Viena se sintió empobrecida y como expuesta al frío.
En realidad Strauss jamás desapareció. El alma de sus valses se mantuvo viva con el espiritu del romanticismo. Los efectos mágicos de su música, hoy como antes, encantan a hombres y mujeres de toda clase y procedencia, proporcionándoles inolvidables momentos de felicidad.