sábado, 05 de enero de 2008


Frederica Von Stade (Cenerentola), Claudio Desderi (Dandini), Francisco Araiza (Don Ramiro), Paolo Montarsolo (Don Magnifico), Margherita Guglielmi (Clorinda), Laura Zannini (Tisbe), Orchestra Teatro alla Scala.
Claudio Abbado, director, Jean Pierre-Ponnelle, director de escena.

El «dramma giocoso» La Cenerentola ossia La bontà in trionfo, en dos actos, con música de Gioachino Rossini y libreto de Jacopo Ferretti sobre el cuento "Céndrillon ou La petite pantoufle" de Charles Perrault y los libretos de Charles-Guillaume Etienne (para una ópera de Nicolas Isouard) y de Francesco Fiorini (para una ópera de Stefano Pavesi), fue estrenado en el Teatro Valle de Roma al inicio del Carnaval del año 1817. Recibido con reticencia, pronto se convirtió en un éxito importante y se representó por toda Italia (en La Scala se realizaron cuarenta y cuatro representaciones) y pasó a Europa y América (en Nueva York la cantó una jovencísima Malibran en 1825) y fue traducida a muchos idiomas.

La acción se sitúa en época indeterminada en los dominios del príncipe de Salerno.

ACTO I
En el decadente castillo de Don Magnifico, barón de Montefiascone, personaje ridículo, vanidoso y cruel, se observa el trato injusto que sufre Angelina, su hijastra, reducida a la condición de la más humilde criada –por eso todos la llaman Cenerentola– al lado de las dos hermanastras, Clorinda y Tisbe, pretenciosas y estúpidas como su padre. El príncipe Don Ramiro está obligado a casarse y busca una mujer digna de ser su esposa. De acuerdo con su preceptor y filósofo Alidoro, decide viajar él mismo, de incógnito, para encontrar a la esposa adecuada pero al mismo tiempo convoca también una gran fiesta en su palacio para conocer a las doncellas del país. Inicia las investigaciones Alidoro, disfrazado de mendigo, que se presenta en el castillo pidiendo limosna, y recibe los insultos de Clorinda y Tisbe y la bondad de la Cenerentola, que le ofrece pan y café. El coro de cortesanos anuncia la fiesta del palacio, circunstancia que provoca nerviosismo y delirio en las hermanas, que prohíben a la Cenerentola declararse su hermana. Aparece Don Magnifico, que ha soñado que era un asno volador padre de dos reinas, sueño que considera profético cuando se entera de la convocatoria en palacio y ordena que se vistan de inmediato para acudir allí. Don Ramiro, igual que Alidoro, se presenta disfrazado, en este caso de lacayo, y se enamora de inmediato de la bella, humilde y desgraciada muchacha. Llega Dandini vestido de príncipe y se burla con ironía del padre y hermanas, que intentan seducirlo. Todos se dirigen a la fiesta, excepto la Cenerentola, que suplica en vano al cruel padre que le permita ir, ante la indignación del príncipe y de Alidoro, quien le demuestra a través del censo que Angelina es hija suya y no murió como él afirma. El preceptor se queda con la Cenerentola y le facilita su presencia en el baile como la hada del cuento original.
En el palacio, Dandini, el falso príncipe, sigue burlándose de Don Magnifico y lo nombra somelier de sus bodegas. Clorinda y Tisbe se pelean con acritud para lograr la seducción de Dandini, que con disimulo explica a Don Ramiro la soberbia y vanidad que ha podido constatar en las dos muchachas. Llega de pronto una carroza con una bella dama velada que asegura no querer riquezas y que solamente se casará con el hombre que le ofrezca su corazón. Cuando levanta sus velos fascina a todos por su belleza y produce evidente incomodidad a Don Magnifico, por su semejanza con Angelina. Pero nadie puede creer que la pobre y humillada Cenerentola tenga relación alguna con la gran dama y la sorpresa es el sentimiento dominante de los presentes.

ACTO II

Don Magnifico intenta convencer a sus hijas de que la boda con el príncipe de una de ellas es totalmente necesaria para su supervivencia económica y canta las ventajas de ser suegro de un soberano. La Cenerentola rechaza las proposiciones de Dandini y le confiesa que a quien ama es al lacayo que ha conocido por la mañana. Don Ramiro, emocionado con lo que acaba de oír, le pide su mano, pero ella teme que no sea capaz de aceptar su miserable condición y le promete que será suya si consigue encontrarla de nuevo. Antes de desaparecer le da un brazalete del que ella tiene la otra mitad idéntica, equivalente al zapatito del cuento original. El príncipe aclara los equívocos y reclama su carroza para iniciar la búsqueda de la Cenerentola mientras Dandini es el encargado de explicar la cruel verdad a Don Magnifico, que reacciona con gran indignación. De nuevo en el castillo de Don Magnifico, donde mientras la Cenerentola –vestida de criada y cuidando la chimenea como al inicio– sueña con su enamorado, llegan el padre y las hijas llenos de rabia y despecho y regañan injustamente a la pobre muchacha. Tras un interludio orquestal que representa una gran tormenta, se presenta Dandini diciendo que la carroza del príncipe ha volcado enfrente del castillo y entra Don Ramiro, que es recibido con mucha deferencia. La Cenerentola sigue creyendo que el príncipe es el lacayo y ofrece la silla a Dandini, a quien considera príncipe. Don Ramiro reconoce a la bella dama del baile y la verdad se impone finalmente a todo el mundo. La sorpresa y el estupor de los presentes se expresa de forma cómica y brillante en el último sexteto, en el que la actitud agresiva y estúpida del padre y de Clorinda y Tisbe se enfrenta a la ira de Don Ramiro, la alegría vengativa de Dandini y la piedad de la Cenerentola.
En la sala del trono del palacio del príncipe, Don Ramiro nombra a Angelina esposa y princesa. La Cenerentola muestra definitivamente su bondad al reclamar al padre resentido que la reconozca como hija y suplica al príncipe el perdón para los suyos.
Publicado por jrtapia @ 18:00  | La Ópera
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