Simone Alaimo, bajo
La Cenerentola es un dramma giocoso en dos actos con música de Gioachino Rossini. El libreto fue escrito por Jacobo Ferretti, sobre el cuento Cendrillon de Charles Perrault y los libretos de Charles-Guillaume Etienne (para una obra de Nicolas Isouard) y Francesco Fiorini (para una ópera de Stefano Pavesi). Fue estrenada el 25 de enero de 1817 en el Teatro Valle de Roma. (Estreno en España en el Teatre de la Santa Creu de Barcelona, el 18 de abril de 1818).
La Cenerentola, ossia La bontà in trionfo, es producto de un encargo realizado a Rossini por el Teatro Valle de Roma. La censura pontificia prohibió la obra prevista por inmoral y la precipitada solución al problema fue optar por musicar la famosísima fábula de Perrault, La Cenicienta, que todos los niños han conocido durante generaciones. Rossini y Ferretti eliminaron, sin embargo, los aspectos mágicos y fabulosos, bien por falta de sensibilidad del público romano hacia lo maravilloso, bien porque dichos aspectos no inspiraban al compositor.
La intriga tiene otras diferencias respecto a Perrault y los hermanos Grimm: la madrastra se convierte en padrastro, el grotesco Don Magnifico; el papel de hada, de hecho lo ocupa Alidoro, el preceptor del príncipe Don Ramiro quien, disfrazado, detecta la bondad de Angelina, la Cenerentola humillada por las poco agraciadas hermanastras Clorinda y Tisbe; el príncipe ha cambiado sus vestimentas con las de su escudero Dandini para poder juzgar la verdadera personalidad de la joven con quien tiene que casarse; Angelina se enamora de él de inmediato; Don Magnifico y sus hijas quedan en el mayor de los ridículos ante Dandini y el príncipe; el final feliz, incluido el perdón a las hermanas, es consecuencia evidente de la inteligencia y bondad de Angelina.
Los aspectos más innovadores de La Cenerentola y el éxito que muy pronto cosechó nacen del violento contraste entre la personalidad de la protagonista, de una ternura exquisita, unida al suave sentimentalismo de la intriga, y los personajes del mundo buffo rossiniano, mucho más convencional, con sus efectos cómicos, que la rodean. En efecto, desde la melancólica canción inicial de Angelina, «Una volta c’era un re», oímos la maravillosa voz de una figura suspendida entre sueño y realidad, casi una heroína de opera seria, dotada además de una escritura extremadamente virtuosística. En contraste evidente, los recursos musicales llenos de comicidad —y también de dificultades vocales— confieren a los papeles del criado Dandini o de Don Magnifico una diversión asegurada.
En el vídeo, durante el Acto I -escena en el palacio del Príncipe Ramiro-, Dandini, el falso príncipe, sigue burlándose de Don Magnifico y lo nombra somelier de sus bodegas.